Viernes , Junio 5, 2009

La Música Canaria. Géneros Tradicionales Canarios II

Los Romances: Constituyen un ejemplo de poesía narrativa. Basados en temas novelescos, narran historias muy diversas: de amor, de valentía, de desamor, jocosos… Su origen se remonta al S. XIV, perviviendo sin interrupción hasta hoy día. Llegan a Canarias durante la conquista, a lo largo del siglo XV, adquiriendo características particulares como la existencia de estribillos, siendo especialmente usada esta variante en Fuerteventura, El Hierro, La Palma y La Gomera. Sin duda, es en esta última isla donde el romancero se ha mantenido más vivo. Bajo la forma de Baile del Tambor, se siguen interpretando una importante cantidad de romances de notoria antigüedad y gran valor literario e histórico. Como ejemplo, sirva la siguiente estrofa del conocido Romance “Lux Aeterna” o “La Pobre Adela”: <<Madre, qué linda noche, cuántas estrellas; ábreme la ventana que quiero verlas. (…)>>.

Arrorró: Es la canción de cuna de Canarias por excelencia. Existen casi tantas versiones del Arrorró como madres, aunque la mayor parte son variantes de una melodía que, según investigaciones, tiene sus orígenes en la localidad de Medinaceli, provincia de Soria. 

Isa: La Isa es un canto y baile de carácter festivo, en ritmo ternario, que se suele interpretar en romería y celebraciones patronales por su carácter colectivo y alegre. Puede considerarse como una derivación de la Jota peninsular. Sobre el origen de la palabra nadie ha ofrecido versiones suficientemente probadas como para verificar la raíz de la misma, si bien algunos autores relacionan el nombre de Isa con su vocablo astur-leonés que significa “salta”. Lo que está claro es que numerosas isas canarias conservan en sus introducciones melódicas muchos de los desarrollos propios de jotas peninsulares y muchas de las coplas y estribillos tienen su exacto referente en versiones de diversas localidades españolas. Existen multitud de variantes en todas las islas. Se cree que junto con las Folías y las Malagueñas, este género llegó a Canarias durante el siglo XVIII.

Malagueñas: Derivadas del fandango andaluz, las Malagueñas llegaron a Canarias a mediados del siglo XVIII, junto con Isas, Seguidillas y Folías, siendo un canto que abunda en alusiones al amor por al madre y donde se expresa el apego a la tierra. En Lanzarote y Fuerteventura se ha conservado un claro matiz afandangado que evidencia su origen, si bien los estilos van derivando poco a poco hacia formas más suavizadas. En Lanzarote, en los Bailes del Candil, las malagueñas se bailaban agarradas, cogiendo el hombre a la mujer con un pañuelo en la mano, en un gesto de delicadeza hacia ella. La forma estrófica más habitual para la Malagueña es la quintilla, aunque también se da el uso de la cuarteta.

Sorondongo: Relacionado con el Flaire de El Hierro, el Sorondongo es un género del que existen versiones en Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote. En los cancioneros españoles podemos encontrar infinidad de danzas infantiles muy similares a nuestros Sorondongos, repartidas por toda la geografía peninsular como es el caso del Zorongo Gitano que recogió y grabó Federico García Lorca.

Viernes , Mayo 29, 2009

La Música Canaria. Géneros Tradicionales Canarios I

A continuación hacemos un breve repaso por algunos de los aires tradicionales más conocidos en las islas:

Tajaraste: Es uno de los pocos legados aborígenes que nos queda en Canarias. Según algunos autores, el Tajaraste era una especie de pandero grande que ya empleaban los guanches en sus danzas. Actualmente, este género musical es utilizado sobre todo para acompañar danzas procesionales y rituales de Tenerife, como los bailes de cintas o los diferentes “Balies del Niño” o para otros fines como puede ser el caso de La Matanza de Acentejo. Asimismo, en la isla de La Palma y dentro de las festividades propias de Navidad, el Tajaraste está presente en diversas formas, siempre con el mismo sentido votivo al Niño Dios.

El Sirinoque: La palabra “Sirir-nek” significa “tu danza” y según atestiguan los autores que sobre él han escrito, es otro género de origen preeuropeo. El Sirinoque es una danza de similar estructura a la conocida como El Canario, tanto en la posición de los danzantes en filas enfrentadas, como en la estructura musical. Es un tema tradicional de la isla de La Palma que consta de varias partes, destacando el desarrollo de un “canto de relaciones” en medio, en el que un hombre y una mujer intercambian estrofas picarescas en cuartetas octosílabas.

El Canto de la Meda: En el canto de la Meda, cuyo ritmo y tonada nos hacen recordar ciertas reminiscencias folclóricas bereberes, intervienen dos cantadores (generalmente dos hombres) y el coro (resto de los asistentes) que canta los responderes, cada vez que uno de los intérpretes ha finalizado alguna de las improvisadas estrofas. La interpretación de la Meda requiere voz clara, mucho oído, ya que se interpreta a ritmo exclusivo de tambor, y capacidad versificadora. Los buenos intérpretes de la Meda han gozado de notable fama en la isla de El Hierro.

Ranchos de Ánimas - Ranchos de Pascua: Herencia de antiguos ritos de culto a los muertos y de las Cofradías de Ánimas, los Ranchos de Canarias fueron traídos por los primeros monjes franciscanos que llegaron a las Islas poco después de iniciado el proceso de colonización, tras la conquista de Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria, que es donde único se conservan. En Gran Canaria y Fuerteventura perviven bajo el nombre de Ranchos de Ánimas y siguen manteniendo romances y melodías que hacen alusíón a pasajes bíblicos y a las ánimas de difuntos. En Lanzarote, sólo se encuentran en forma de Ranchos de Pascua y están dedicados a la Navidad. El complejo organológico sobre el que se desarrolla la música de los Ranchos está basado en el uso de espadas, grandes panderos con sonajeros múltiples y guitarras, laúdes y timples, éstos últimos afinados algunos tonos más bajos de su afinación normal, sobre todo para conseguir el efecto percusivo que tiene el resto de la instrumentación.

El Baile del Vivo: Se trata de un curioso juego que encontramos como una joya folclórica de la isla de El Hierro, donde se conservan géneros tan antiguos como La Meda o el Tango. El Vivo lo baila una pareja en la que la mujer va realizando diversas muecas como arreglarse el talle, pintarse la cara, hacer carantoñas… El hombre, ligeramente encorvado, tiene que ir imitando sus gestos hasta que la mujer logre despistarle para quitarle el sombrero de un manotazo. Constituye una pieza única en el repertorio tradicional canario y su simple, pero exquisita melodía ha sido objeto de numerosas versiones por parte de muchos músicos canarios, que van desde la tradicional interpretación de Valentina “la de Sabinosa” hasta recreaciones sinfónicas o de jazz. 

Santo Domingo: Bajo este genérico nombre se ejecutan versiones diferentes en todas las islas, excepto Fuerteventura. Sus orígenes se encuentran en una leyenda medieval ligada al Camino de Santiago que se hizo popular en todo el ámbito europeo, trascendiendo en algunas manifestaciones como el Santo Domingo en Canarias. Dicha leyenda hace alusión al milagro de Santo Domingo de la Calzada, aún hoy recordado por el gallo y la gallina que se encuentran en la iglesia de la locallidad riojana del mismo nombre. Sobre todo, cabe destacar el de La Gomera, interpretado con chácaras y tambor como baile de salón, el de Gran Canaria (interpretado con cuerdas), el de El Hierro, que no se canta y sirve para acompañar el cortejo ritual de la Bajada de la Virgen de los Reyes, y el de Tenerife, probablemente el más conocido, que sirve de puente entre el Tanganillo y el Tajaraste: “Santo Domingo de la Calzada, llévame a misa de madrugada” 

Danza del Trigo o Cho Juan Periñal: Fue rescatada por Nanino Díaz Cutillas en su programa “El pueblo canta” y dada a conocer por el grupo Coros y Danzas de Santa Cruz de La Palma. En esta isla se interpreta comúnmente, ya no como el inicial proceso de transformación del grano de trigo en harina, sino como un elemento de repertorio de los grupos de música y danza tradicional. Tiene un claro origen judeo-serfadí, siendo una versión casi idéntica al denominado “Biba Ordueña”, que aún se conserva en algunas comunidades sefardíes de lo que fuera el Protectorado de Marruecos. Se baila en filas enfrentadas y es una danza agrícola  que muestra todos los pasos del proceso de siembra y recogida del trigo.

 

Viernes , Mayo 22, 2009

La Música Tradicional y de Raiz

Los SabandeñosLa música tradicional es anónima, colectiva, funcional, contemporánea aunque con anclajes al pasado y casi siempre mestiza y plural… Nuestro enclave geográfico y las particularidades históricas que nos definen, consumaron en las islas la alquimia en la que se han ido mezclando ingredientes de varias culturas. Contamos con un patrimonio que tenemos que conservar, autentificar y volver a depositar en las futuras generaciones y aunque nuestro concepto de cultura popular ha de ampliarse, no puede pasar por alto el fenómeno de la “desterritorialización” que alude no sólo a la movilización de los grandes grupos étnicos y culturales por todo el planeta sino a una pérdida de las raíces culturales y a una disolución paulatina de la conciencia de filliación a un grupo, a una lengua, a una cultura.

La palabra floklore fue utilizada por primera vez por el inglés William John Thoms, a principios del siglo XIX. En principio el concepto utilizó dos antiguas acepciones sajonas que venían a significar “sabiduría popular” (de folk: pueblo o gente del pueblo y lore: cultura o saber). A pesar de que el término no fue aceptado al principio, en muchos países se instauró el concepto para hacer referencia a las tradiciones de una comunidad, transmitidas éstas de generación en generación y de padre a hijos. Con el paso de los años, han dio surgiendo algunas ciencias (o ramas de éstas) que han aportado herramientas suficientemente fiables y complejas, de tal manera que la cultura tradicional de un pueblo se estudia a través de diversas disciplinas como la antropología, la etnomusicología o la etnografía.

Los GofionesDefinir lo que es floclore y lo que no lo es resulta muy difícil. Las músicas y las tradiciones de un pueblo están tan vivas como lo pueden estar los habitantes de una comunidad y esto quiere decir que cambian, evolucionan, se mezclan y mueren. En primer lugar, deberemos tener en cuenta que el floclore siempre se trasmite de forma oral y de una generación a otra, nunca a través de partituras o libros. Claro que se puede escribir en partitura una aproximación de una melodía tradicional pero sólo será eso: una aproximación de algo que tiene muchas variantes y formas, así como giros interpretativos que no se pueden llevar al papel y son parte consustancial de esa melódía. Por otro lado, en cada generación, en cada pueblo e incluso en cada persona se dan aportaciones personales de estilo, que hacen que una melodía, danza o género floclórico vaya cambiando con el paso del tiempo, con pequeñas modificaciones que aporta cada intérprete. 

Teniendo en cuenta estos criterios, el folclore musical es, por tanto, anónimo y contemporáneo. Anónimo porque el autor original compuso algo que luego los habitantes de la comunidad dónde arraigó hicieron suyo y lo transformaron con el paso del tiempo, convirtiéndose ya en patrimonio de todos. Contemporáneo porque evoluciona en cada generación. Otra de las características que definen de forma general al folclore musical es su ubicación tempo-espacial concreta. Esto quiere decir que cualquier melodía generalmente tiene una funcionalidad determinada y se interpreta en una época y en un lugar concretos. Por ejemplo, el arrorró es una canciñon de cuna; se le canta a un bebé y no sirve para ser entonado en una romería. Lo Divino es un villancico y no se canta en una cabalgata de carnaval….y así podemos seguir con casi la mayor parte de las melodías y géneros.

A modo de resumen, digamos que la Música Tradicional de Canarias es mestiza y plural, como lom es nuestra cultura. Punto de encuentro entre tres continentes, somos la suma de influencias de muchos trasiegos humanos. La personalidad del canario es, por tanto, producto de la mezcla cultural. Suele decirse que los canarios somos “euro-afro-americanos” en tanto nuestra forma de ser, la arquitectura, la literatura, la música…; en general todos los patrones vitales que nos mueven provienen de esa particular disposición geográfica y de la influencia tricontinental que nos ha marcado a los largo de siglos de historia.

 La música tradicional en Canarias es reflejo de ese mestizaje y ha ido evolucionando desde los primeros habitantes de las islas hasta hoy, adaptándose a los cambios económicos, tecnológicos y culturales que han ido marcando el desarrollo de la sociedad del Archipiélago. Por último, pese a que hay un sustrato común que podríamos denominar como “cultura canaria”, existen siete realidades diferenciadas geográficamente, que han dado como resultado formas de expresión distintas y singulares, de tal forma que cada isla conserva unas peculiaridades únicas y distinguidas del resto.

Viernes , Mayo 8, 2009

La Música en Canarias - Las Corales

Coral PolifónicaAl calor de la Iglesia nacen las corales y es a partir de la segunda mitad del siglo XIX cuando surgen manifestaciones de interés desligadas del ámbito sacro. Al término del siglo XX en Canarias hay censadas más de sesenta corales, algunas de altísimo nivel, que han intervenido en certámenes internacionales, siendo las más veteranas la Coral Polifónica de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, el Orfeón La Paz de La Laguna, la Masa Coral de Santa Cruz de La Palma, la Coral Universitaria de La Laguna, junto a otras más recientes como la Coral Polifónica de Fuerteventura, la Coral Polifónica San Ginés…

A lo largo del año se celebran festivales y encuentros corales en casi todas las islas, destacando por su veteranía el Encuentro Coral de La Laguna, que se desarrolla en el mes de diciembre y que incluye distintos recitales, para concluir en la Iglesia de La Concepción con la intervención de todos los participantes.

También el Gobierno de Canarias convoca los “Premios a la Composición y Expresión Coral”, que han alcanzado un alto prestigio internacional.   

Lunes , Mayo 4, 2009

La Música en Canarias - Las Bandas de Música

Banda de MúsicaLas bandas de música en Canarias merecen una mención aparte. En las fortificaciones militares establecidas en Canarias no faltó el imprescindible grupo de música, que mantuvo la estructura de cornetas y tambores hasta bien avanzado en siglo XIX. Poco a poco van incluyendo otros instrumentos, enriqueciendo su sonoridad. Estos grupos permitieron la formación musical de muchos canarios, que al acabar su servicio militar pudieron participar en la creación de las primeras bandas de música que se establecen en los municipios. A finales del siglo XX existen en Canarias más de sesenta bandas, en su mayoría de carácter municipal. Destacan las de Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife, La Laguna, Santa Cruz de La Palma, San Sebastián de La Gomera, Garachico….

Viernes , Abril 3, 2009

La Música en Canarias - Música Clásica

La incursión musical de Canarias en la cultura europea tiene lugar inmediatamente después de la conquista, a través del baile el canario y las endechas de Canarias, de presunto origen judaico aunque reelaboradas en las islas, que fueron asumidas por los más afamados instrumentistas y teóricos musicales del momento.

La creatividad musical constituye un destacado capítulo de la cultura canaria.

La Catedral de Las Palmas de Gran Canaria fue el primer centro de producción musical de relevancia de las islas. Destacan los canarios Ambrosio López, del que se conserva un salmo polifónico, y Bartolomé Cairasco de Figueroa, cuyo talento poético era muy reconocido. En torno a estos dos artistas se desarrolla una época dorada de la actividad musical en Canarias. La producción de los siglos XVII, XVIII y XIX que se conserva en el archivo de la Catedral de Las Palmas sobrepasa las dos mil piezas, en su mayoría de gran calidad artística, minuciosamente catalogada por Lola de la Torre. Hay que destacar la presencia de obras de grandes músicos españoles de los siglos XVII al XVIII, como Morales, Guerrero, Lobo, Aguilera, López de Velasco, Patiño, Capitán, Xuárez, Rodríguez de Hita, Literes, Sebastián Durón, José de Nebra, Mir, Misón, Francés de Iribarren, Fabián García, Mencia, etc. De los compositores extranjeros destaca la obra que se conserva del gran maestro portugués del S. XVII Juan Soares Rebelo, y algunas muestras manuscritas de considerable antigüedad de obras de C. Ph. E. Bach, Haydn, G.B. San Martino, etc.

 Desde fines del S XVIII se inicia una actividad musical ciudadana apoyada por ciertos sectores de la burguesía y por los propios músicos de la iglesia de la Concepción de La Laguna y de la catedral de Las Palmas; actividad creciente que culminaría, bien entrado el siglo XIX, con la aparición en el Archipiélago de las dos Sociedades Filarmónicas más antiguas de España. Este hecho ocurriría gracias a al afluencia a Canarias de maestros de gran talla. Huyendo de la invasión napoleónica, procedente de la corte portuguesa, llega a Las Palmas el compositor madrileño José Palomino, quien dejó una profunda huella musical, tanto a nivel eclesiástico (responsorios de Navidad) como profano (minuetos y sonatas para piano). Al poco tiempo llega a Gran Canaria el siciliano Benito Lentini, quien no tardó en vincularse a la catedral, para la cual compuso numerosas obras vocales e instrumentales de gran efecto y con calidades rossinianas que eclipsaron la producción de los maestros sucesores de Palomino, Joaquín Núñez y Manuel Jurado Bustamante.

La preocupación en las islas por lograr una continuidad musical se concreta durante los años treinta y cuarenta del siglo XIX en el proyecto frustrado de formar en el exterior a jóvenes músicos de gran talento. Es el caso del tinerfeño Eugenio Domínguez Guillén, cuyo próspero porvenir quedó truncado por una muerte prematura, tras realizar estudios en Madrid y Nápoles. En Las Palmas, al morir en 1846 los dos pilares del movimiento musical ciudadano Benito Lentini y Cristóbla José Millares, se crea una suscripción pública para enviar al conservatorio de Madrid al nieto de este último, Agustín Millares Torres (1826-1896), joven de inteligencia extraordinaria. Allí estudia composición con Carnicer, además de violín, piano, arpa y canto. De regreso a Las Palmas desarrolló gran labor como compositor y director orquestal, reorganizando incluso la Sociedad Filarmónica. Pero pronto fue derivando hacia otras actividades literarias y eruditas más compatibles con su profesión de notario, destacando como novelista e historiador. La filarmónica de Las Palmas se reorganizó en 1866 con el inolvidable maestro Rodríguez y Molina, hasta que en 1878 fue contratado en Madrid un joven discípulo de Arrieta, el aragonés Bernardino Valle (1850-1928). Dejó una copiosísima producción musical, entre la que destaca su cantata sobre el descubrimiento de América, que fue Premio Nacional de Música en 1892.

No podemos pasar por alto la figura de los tinerfeños Domingo Crisanto Delgado, organista emigrado a Puerto Rico, donde su fama perdura, y Teobaldo Power (1848-1884), quien se trasladó a Barcelona para formarse como pianista y compositor, y posteriormente a París, destacando como creador de obras sinfónicas y dramáticas. Durante una de sus estancias en Tenerife compuso los Cantos Canarios, pieza angular de la música en el archipiélago en aquella épocay aún vigente en el repertorio sinfónico insular. Tanto Millares y Power como Valle cultivaron la lírica teatral. Pero mientras las óperas y zarzuelas de Millares se inspiran en temas literarios puramente románticos, el contorno geográfico y humano irá invadiendo la producción lírica de los compositores insulares, como ocurre en las obras escénicas de Valle y Santiago Tejera en Las Palmas (recordemos las zarzuelas Folías Tristes y La HIja del mestre) y, luego en Tenerife, con Reyes Bartlet, Delgado Herrera o Álvarez García. Otro compositor grancanario más sofisticado, Andrés García de la Torre, logra estrenar en Milán una ópera, Rosella, cuya partitura fue impresa allí por la casa Fantuzzi. 

También a principios de siglo destaca la familia Santos en La Palma; Elías Santos Abreu compuso valses, mazurcas y zarzuelas y creó las primeras Danzas de los Enanos.

Esta actividad se prolonga hasta los años treinta en que se ve frenada por la guerra civil española. El cambio de siglo había tenido durante largos años el aliciente de las reitereadas estancis en Gran Canaria de Camilo Saint Saens, quien participó ctivamente en la vida musical isleña: se recuerdan aún sus conocidas obras para pieno, Las campanas de Las Palmas y El vlas canariote. Fue aquélla una época fecunda, dada la simultánea proliferación de intérpretes canarios de la talla del barítono Néstor de la Torre, el violinista José Avellaneda, o de guitarristas como Víctor Doreste, Carmelo Cabral, Ignacio Rodríguez, etc.

Auditorios de Tenerife y Gran CanariaLa Segunda Mitad del Siglo XX

Tras la guerra civil hubo que partir casi de cero. Vuelven a reorganizarse las Sociedades Filarmónicas en los años cuarenta, cosa que fue menos laboriosa en Tenerife debido a la ininterrumpida labor del compositor y directos insular Santiago Sabina; mientras que en Gran Canaria, tras un comienzo prometedor debido al entusiasmo de Miguel Benítez Inglott y a la preencia fugaz del gran maestro Obradors, hay altibajos hasta la llegada en 1951 del catalán Gabriel Rodó, violonchelista, gran director y notable compositor sinfónico. Fue el último director-compositor que pasó por Gran Canaria; a partir de él, la orquesta fue a menos, para acabar desvinculándose de la Sociedad Filarmónica. Por esta época destacan también en Las Palmas compositores guitarristas canarios, cuyo principal exponente es Francisco Alcázar, que había estudiado en Barcelona con Pujol y componía piezas morunas de difíciles ritmos y originales ideas. Junto a su más insigne discípulo, Efrén Casañas, aparece independientemente Blas Sánchez, cuyo gran homenaje a Pablo Neruda ha sido coreografiado por elementos del ballet de Maurice Béjart.

Paralelamente, aparecen nuevos lenguajes musicales que han abierto una nueva era en los últimos años. Dejando a un lado las creaciones de corte ultratradicionalista, hay que reseñar que un aventajado discípulo canario de Xavier Montsalvatge, Juan Hidalgo Cordorniú estrena a partir de 1948 en Las Palmas obras de cámara que resultaban “revolucionarias” en aquel entonces. Su obra se adelanta a los descubrimientos de los jóvenes vanguardistas madrileños y catalanes.

Las últimas décadas del siglo XX están marcadas por el altísimo nivel alcanzado por las dos orquestas sinfónicas canarias: la Sinfónica de Tenerife y la Filarmónica de Gran Canaria; sin olvidar la prolífica actividad de las orquestas de cámara en La Laguna y San Sebastián de La Gomera. También por el auge y proyección exterior de grandes intérpretes como el tenor Alfredo Kraus, la soprano María Orán, los pianistas Pedro Espinosa y Guillermo González, así como por el desarrollo de los movimientos corales y los Conservatorios Superiores de Música en Tenerife y Gran Canaria, en cuyas aulas están emergiendo grandes músicos insulares.

Viernes , Marzo 13, 2009

La Artesanía IV…

La Hojalatería: La hojalatería es un oficio de gran tradición y generador de elementos generalmente dedicados al uso agrícola y doméstico, como regaderas, candiles, lecheras, aros para hacer queso, recipientes para el ordeño, azufradoras, latas y palas para el gofio y numerosas miniaturas utilizadas como juguetes y en decoración. Actualmente pedan muy pocos artesanos dedicados a este oficio debido a la inmensa oferta existente en el mercado de elementos sustitutivos a la producción tradicional.

El Cuero: La utilización del cuero en la elaboración de utensilios para conservar alimentos y líquidos era conocida por los aborígenes canarios, que poseían unas técnicas propias, perdidas en el momento de la conquista.

La Alfarería: Las piezas populares de fondo cónico, realizadas con variedades de arcilla, inspiradas en las andaluzas, extremeñas y aborígenes aparecen en las siete islas, en las más variadas formas de loza, abundante en braseros, tostadores, ollas, calderos, bernegales y tallas, todos ellos relacionados con las faenas del hogar y con la recogida, traslado y filtrado del agua.

La alfarería canaria se caracteriza por su rusticidad, la no utilización del torno y el levantamiento de las piezas por el procedimiento del urdido, en el que sólo intervienen las manos del artesano, que va colocando una serie de churros superpuestos a la vez que gira la pieza sobre arena para evitar que se pegue al suelo. Como modalidades más diferenciadas sobresalen las reproducciones de cerámica aborigen dibujadas de La Palma, la pintada de Gran Canaria, la rojiza del Cercado en La Gomera y las figuras toscas de los novios del Mojón en Lanzarote. En la aportación de producción alfarera de las islas destacan El Mojón (Lanzarote), Valle de Santa Inés (Fuerteventura), Lugarejos y La Atalaya (Gran Canaria), Arguayo y La Victoria (Tenerife), El Cercado (La Gomera), Valverde (El Hierro) y Villa de Mazo (La Palma) como lugares que conservan la tipología de las piezas.

Los Textiles: Se extienden por toda Canarias las labores textiles que por su diseño, tradición, variedad y calidad son, sin duda, unas de las piezas más solicitadas de las Islas. Asombra enumerar los telares que llegaron a funcionar en los más recónditos lugares para procesar seda, lino, lana o la burda trapera, destacando los existentes en las Islas de El Hierro y La Palma, que siempre han albegado verdaderos maestros en todo el proceso que permite disponer de telas, colchas, mantas, pañuelos, talegas, mochilas, bolsas, trajes, alforjas, talegos, costales y objetos varios.

La Seda: En todo el mundo siguió su desarrollo técnico, excepto en la isla de La Palma, donde se trabajan todos y cada uno de los doce pasos de proceso, manualmetne, desde la crianza del gusano de seda al “sacado”, el devanado, emparejado, torcido, nuevo devanado, guisado o blanqueado, teñido, llenado en la redina de cañones y cañuelas, unido, sentado, enlizado, empeinado y tejido. La Palma es el único lugar de Europa donde se trabaja artesanalmente todo el procedimiento usando, además, viejos telares de tea y peines de caña. En el municipio de El Paso, pervive la crianza del gusano de seda alimentado con hojas de morera y moral.

La Lana: Destaca por tradición y número de productos la isla de El Hierro, que conserva el mayor número de telares dedicados a la confección de lana, rústicas colchas y traperas coloristas que repiten urdidos y diseños de antaño con la particularidad de un hilado manual laborioso y cuidado. El Mocanal, Guarazoca, Erese, Taibique, Isora, San Andrés, Las Casas y Sabinosa son lugares en los que podemos encontrar artísticas alforjas, mochilas, talegas, bolsos y alfombras de lana. 

La Trapera: Tradicionalmente el telar sirvió para el autoabastecimiento familiar, sobre todo en las medianías y cumbres donde el clima demanda tejidos protectores del frío, lo que propició la aparición de la popular trapera, realizada con urdimbre de lino o algodón y tapada con trapos, generalmente usados y de colores variopintos que le dan un toque rústico y decorativo a las mantas, colchas, alfombras. mochilas o forros de colchón con ella confeccionados.

Calados CanariosBordados y Calados: En contraste con la cálida trapera que aprovecha recortes y retales, están los bordados y calados, con una ganada fama de siglos más allá de las fronteras. Los bordados palmeros, herencia de colonos de Flandes y Portugal, generaron talleres donde se diseñaron y estamparon dibujos al gusto francés con un procedimiento artesanal que en la isla se denomina “cisnado”; se bordaron con primor y sirvieron a fines litúrgicos, ajuares, uso personal y decoración. Bordados y calados han sido en este siglo la base de la artesanía canaria, cuya producción se ve envuelta en una cierta incertidumbre por la competencia de las casas de bordados de Madeira y Azores y más tarde por al llegada a las islas de contingentes de producción oriental que emula el producto canario con peores materiales, lo que les permite unos precios muchos más competitivos. Las Telas y los Hilos se han convertido en el gran problema de las labores textiles, agravado desde que por razones de dos guerras mundiales cortasen las importaciones de Irlanda, Bélgica y Alemania y aunque se han buscado nuevos proveedores sigue sin encontrarse los soportes ideales para unas labores que dependen fundamentalmente del material con que se realizan. Analizando la problemática que pesa sobre este sector, puede considerarse casi milagrosa su supervivencia; quizá la explicación más razonable se encuentre en el valor añadido del perfeccionismo de los trabajos realizados en las islas, que no han podido ser superados por otros productores. Es fácil contemplar en cualquier labor textil canaria la sencillez de los diseños, la mimada ejecución y sobre todo la cuidada elección de materiales, colorido y puntos a emplear en cada caso y que se seleccionan en función de la trayectoria del dibujo, la estética o, sencillamente por la necesidad de calado o remate que la prenda pueda exigir. Para los expertos no faltan entre estos puntos: presillas, realaces, ojetes, barras, punto de lado, granos de arroz, cadenetas…y otros puntos que proceden de distintos estilos de bordados, entre los que predomina el bordado inglés.

Los puros de La Palma: Las otras artesanías que perviven en Canarias son valoradas y buscadas por su calidad y prestigio de años, como puede suceder con los puros de La Palma, que con técnicas y ritos cubanos, siguen elaborándose artesanalmente en aquella isla.

EPÍLOGO: Las manufacturas canarias atraen por su auténtica vigencia. El visitante de nuestros pueblos puede adquirir como recuerdo prendas y objetos que los insulares usamos todavía, ralizados en lino, lana, seda, colmo, zarza, torvisca, vara, mimbre, caña, barro, madera de brezo, moral, cedro, sabina o tea, metal, cuero, rafia, anea, ristra, junco, piedra y otros materiales de distinta procedencia que han ido agregando los artesanos de los nuevos sectores y por los que persisten practicando el oficio de sus padres, y abuelos en el medio rural o los talleres urbanos.

 Una pieza artesana como las que siguen produciéndose en Canarias, no es un objeto más, es una reliquia, que por suerte suele estar aún al alcance de los que tienen sensibilidad por lo auténtico, artístico y diferenciado.

A pesar de los cambios que últimamente ha experimentado la sociedad, la artesanía y el artesano canario siguen ahí para limar las aristas de la vida y para dar testimonio de que no sólo de pan vive el hombre, sino también de toda la belleza que sale de su inteligencia y de sus manos.

 

Viernes , Febrero 27, 2009

La Artesanía III (continuación…)

¿Últiles decorativos o para uso diario?
A medida que fueron apareciendo en el mercado los útiles necesarios para el desarrollo de la vida doméstica a un precio asequible y que las economías familiares fueron permitiéndose adquirirlos, las piezas artesanas han pasado a convertirse, en gran parte, en objeto de decoración y coleccionismo. A partir de los años sesenta, debido a un mayor conocimiento del sector y a la valoración cultural y social que del mismo se hace, la artesanía canaria ha adquirido un gran protagonismo. La difusión realizada en los últimos tiempos ha contribuido, sin lugar a dudas, a que cada día sean más los que saben apreciar y amar las obras que nacen del ingenio del pueblo y de la habilidad de sus manos.
La Madera
La artesanía también se ve plasmada en la arquitectura popular de las Islas, en sus fachadas geométricas y frescos patios interiores, donde abunda la piedra, que complementada con la cal y sobre todo la madera, en especial la tea, se convierten en puertas, ventanas, balcones, celosías y artesonados rústicos o finamente trabajados y que resisten el paso de los años, para dar constancia de una laboriosidad realizada en la búsqueda de soluciones prácticas con sentido artístico, que son una constante en todas las construcciones tradicionales.
Pero no quedó ahí el papel preponderante de la madera, que reforzada en ocasiones con el metal, abasteció a los habitantes de las islas de elementos para el propio trabajo artesanal, para el uso personal o para las carretas, medidas agrarias, instrumentos musicales, aperos, muebles varios, barcos de pesca y mercantes, útiles domésticos, barricas para vino o ron, lagares, cachimbas, chácaras y tambores, herramientas, juguetes y otros muchos elementos elaborados con madera. Aparte de una pretensión utilitaria de la misma, el artesano ha tenido siempre una intención estética que ha dado lugar a las existencia de oficios complementarios de la carpintería como la “talla”, la taracea, el dorado y el barnizador a muñeca, entre otros, que han contribuido a la creación de piezas singualres. Abundan en ellas los motivos geométricos de líneas rectas y curvas en un sinfín de composiciones de inspiración mudéjar, de las que destaca el denominado “picadillo canario”, presente en cofres, joyeros, cajas de puros, arcones, portacuchillos, marcos, talleros y muebles.
La Cestería
Con técnicas importadas de otras latitudes, unidas a las heredadas de la población prehispánica, se desarrolla uno de los oficios más antiguos del mundo, la particular y variada cestería canaria, realizada en palma, castaño, membrillo, mimbre, tagasaste, moral, caña, afollado, escobón, centeno, anea o pírgano de las palmeras, que dio solución a las necesidades de envases, piezas de ajuar, serones, nasas, tambores de pesca y toda una serie de objetos que han demandado las faenas agrícolas y pesqueras.
Se denomina cestería mayor a la elaborada por hombres a base de grandes urdimbres de gruesas varas fuertes y resistentes a fin de obtener recipientes de larga durabilidad, pese a estar sometidos a las duras labores del campo; en los que por lo general se flanquean sólo las varas de urdido, ya que las de la trama se utilizan simplemente rajadas, dando a las piezas un aspecto rústico y un colorido característico de gran belleza decorativa. Entre los materiales utilizados destacan el castaño, el mimbre y el pírgano.
La cestería menor, dedicada a generar piezas domésticas y de uso personal es practicada generalmente por mujeres, que le incorporan su impronta creativa con una sensibilidad peculiar.
Cuchillos CanariosEl Cuchillo Canario
Junto a estas variantes se conservan otros oficios del metal, como la forja en usos de arquitectura, labranza, mobiliario, pesca y variedad de cuchillos de reconocida fama, elaborados con materiales diversos que han llegado a convertirse en verdaderas joyas por su uso y ejecución. El cuchillo canario es una de las piezas de artesanía más buscadas y más conservadas por el campesino de las Islas, antes de que apareciera su sofisticación en variantes de plata y alpaca cuya fama ha traspasado fronteras. Su elaboración consiste en un riguroso proceso, que se puede resumir en las siguientes fases: seleccionados los metales, se procede a su forjado en bruto utilizando la fragua y diversas herramientas hasta conseguir la forma deseada. Con distintas limas se realiza el ajuste para continuar con el afilado, terminación y pulido de la hoja. Para la elaboración del cabo se usan los mismos materiales metálicos que para la hoja añadiéndole diversas piezas de cuernos de toro, macho cabrío, carnero, marfil, nácar, pasta y otros materiales. A continuación, se procede a dar forma a los correspondientes casquillos, empleándose para ello los citados materiales metálicos; le sigue la realización de las “pastillas” cuadradas o circulares y de distinto grosor con la utilización del fuego. El encabado consiste en la introducción de las citadas piezas en la espiga de la hoja; y una vez colocadas se da forma al cabo, que será traspasado a un alambre en el mismo orden en que estaban para realizar las incrustaciones de los metales en cada una de ellas, formando dibujos que están en relación a la riqueza y complejidad que se quiera dar a la pieza. Terminadas las respectivas incrustaciones, se procede de nuevo a ensamblar el cabo en la espiga, y una vez ajustadas las piezas y repasadas sólo queda el pulido para rematar tan singular pieza.

Viernes , Febrero 20, 2009

La Artesanía II (continuación…)

Para entender mejor la diversidad de la producción artesana de las islas en lo que se refiere a mobiliario, piezas de ajuar, aperos, arquitectura popular, utensilios de uso personal y de decoración, es necesario hacer un recorrido por la historia y la geografía de un territorio fragmentado donde conviven labores de abolengo, ingenios de la vida rural y marinera y toda una serie de primores salvados de los embates del tiempo. Gracias a la influencia de los vientos alisios, Canarias goza de un clima subtropical, lo que la hace beneficiaria de poseer las mejores condiciones para la producción de materias primas con que elaborar las numerosas variantes artesanas que perviven en todo su territorio. La región isleña, tan particular y variada en matices, es una auténtica reserva de oficios del recuerdo, lo que origina una artesanía de las más interesantes y mejor conservadas de España. Se hace difícil volver de cualquier isla, sin haberse encaprichado de alguna pieza artesana realizada de forma predominantemente manual y de elaboración basada en técnicas y conocimientos transmitidos de generación en generación, con el valor añadido de ser expresión representativa de la cultura e identidad del lugar en que fueron creados.

El Oficio de Artesano: Los artesanos canarios, notables y reconocidos en cada isla, siguen realizando piezas que fueron claves en la vida cotidiana y hoy día, aunque hayan sido sustituidas por otras, perviven porque sus formas resultan particularmente estéticas, sensibles y armoniosas en su centenaria sencillez. Cada isla posee, sin haberlo pretendido, unas variantes artesanas que, por tradición, sofisticación de técnicas de ejecución o calidad, la identifican entre el conjunto de las artesanías que componen el amplio repertorio de oficios vigentes. Los oficios artesanos resumen todos los valores básicos y bondadosos que se esperan de una pieza: materiales seleccionados y tratados con técnicas heredadas, un proceso de producción honesto y un resultado genuino.

El ingenio de un pueblo rural y costero, donde trabajo, ocio y costumbres aparecen en toda su pureza, viene reflejado en su peculiar manera de hacer frente a las necesidades cotidianas, combinando el sentido de la utilidad con el atractivo de las formas, la durabilidad de las manufacturas y la sencillez de sus procesos. Todo ello está basado en un ejercicio, nunca interrumpido, de tradición popular. En las numerosas oleadas de inmigrantes que llegaron al archipiélago vinieron maestros de obra, canteros, abañiles, pedreros, carpinteros, herreros y constructores anónimos que propagaron sus conocimientos, y sobre todo crearon una tradición que aún pervive, pródiga en funcionalidad, refinamiento y formas estéticas. Aprovecharon lo que la naturaleza les brindó para aportar nuevas reminiscencias a una artesanía que conserva los orígenes castellanos, las gracias andaluzas y la sencillez portuguesa, todo ello modificado por la impronta personal de los canarios que han sabido agudizar su ingenio para solventar las múltiples necesidades en los diferentes entornos.

 

Viernes , Febrero 13, 2009

La Artesanía

La Herencia Aborigen: Hoy se dispone de abundante información que permite una nueva aproximación a la prehistoria canaria y que nos la presenta como un sorprendente fenómeno de extraordinaria variedad cultural de cada isla. La vida cotidiana del aborigen canario ha dejado muestras de los utensilios usados en sus quehaceres diarios, siendo los gánigos o cazuelas de barro y arena los más abundantes, junto con los trabajos en piedra volcánica de molinos circulares y los trabajos realizados en palma.

 Nuestros antepasados prehistóricos vivían en cuevas y casas de piedra, elaboraban recipientes de arcilla sin haber descubierto el uso del torno de alfarero (igual que aún hoy se continúa haciendo con la loza popular o con las reproducciones de útiles aborígenes), utensilios de enorme riqueza en la variedad de formas, modelos y diseños, pero diferentes según la isla. También desconocían por completo el uso del telar.

El resto de los materiales se fabricaban en materiales diversos con técnicas rudimentarias, destacando los realizados en piedra, madera, arcilla, junco, palma, fibras, pieles, hueso y conchas marinas, que presentaban rasgos bien diferenciados en la forma en que se trataban, el tipo y la aplicación que de ellos se hacían, incluso entre las distintas comarcas de una misma isla.

En el S.XVI Canarias es incorporada en su totalidad a los usos y costumbres de Europa; pocas son las crónicas que detallan cómo era el vivir cotidiano de la época en las islas, pero cabe destacar la del viajero portugués Gaspar Frutuoso que visita las islas a mediados del siglo XVI ya que su trabajo habla continuamente de la industria popular y refiriéndose a esta sociedad dice: <<Todos son criadores de cabras y ovejas, comen gofio amasándolo en aceite, miel y leche en tostadores que hacen de barro muy lisos y muy limpios>>, dejando por primera vez constancia de una pieza concreta de la alfarería popular. Los aborígenes “se incorporaron” a las nuevas costumbres importadas: <<bordan bien, pero casi no saben hilar ni tejer (…)>>.

 Es indudable que nuestros productos artesanos han aportado rasgos diferenciadores a la arquitectura popular, a los aperos, herramientas, ajuares domésticos, mobiliarios, artes de pesca, vestimentas tradicionales y a toda una serie de elementos funcionales empleados en la vida cotidiana, con mayor profusión en el medio rural; pero la falta de ciertas materias primas le ha impedido aspirar a un desarrollo importante, hecho éste que hoy se ha convertido en signo de identidad de la artesanía popular canaria.

En las capitales de las islas mayores hubo otras muestras artesanas importantes: plateros, pedreros, carpinteros, tallistas, doradores, herreros, latoneros y vidrieros. Tirajana exporta trabajos de palma a Tenerife. Se desarrolla la alfarería popular en La Gomera.

Verneau, a finales del siglo XIX, nos habla de la industria rústica y popular de las islas Canarias, de escudillas de madera, de cernideras de paja y de hojas de palmera, de cerámica basta y de los cuchillos de Gran Canaria. La importancia de la artesanía canaria está en sus bordados y calados, y sólo en La Palma, en 1940, hay más de 20.000 mujeres que se dedican a la primera de estas labores, desarrollándose la segunda en Tenerife, Fuerteventura y Gran Canaria.

Arte Popular: Hablar hoy de artesanía en Canarias, es hablar de arte popular, de las cosas pequeñas que hechas con amor y minuciosidad acabaron por convertirse en parte de la historia, leyenda, arte, cultura y tradiciones de una tierra singular, que lucha por conservar sus costumbres rurales y costeras donde las manufacturas artesanas aparecen con toda su pureza. Entre la herencia de los aborígenes y la aportación de todo un mosaico de pueblos, surge una variada y rica artesanía, que haciendo uso de las mismas materias primas da soluciones funcionales en cada uno de los rincones del archipiélago y que resuelve las múltiples necesidades cotidianas de una gente sencilla que reside por lo general en el ámbito rural, dónde manos hábiles y laboriosas repiten y crean con técnicas heredadas objetos que perpetúan tradiciones centenarias.