Viernes , Febrero 5, 2010
La Música Tradicional y de Raíz, Isla a Isla: Lanzarote.
Lanzarote es la primera isla en ser conquistada y colonizada. En el solar de la Gran Aldea de Acatife se asentó la primera capital de la isla, Teguise. Hasta allí llegaron las primeras órdenes religiosas de Canarias, sobre todo franciscanos. Se cree que fueron los monjes franciscanos los que trajeron las primeras costumbres musicales europeas que aún perviven en la isla. En los albores del S. XV proliferaba la idea del Purgatorio, así como la necesidad de ayudar a las ánimas encerradas en esa especie de paso intermedio entre el cielo y el infierno a salir hacia un estadío místico superior y debido a ello proliferaban cofradías de hombres que entonaban quejumbrosos cantos dedicados a los muertos, con el fin de recaudar fondos para misas de difuntos. En Canarias encontramos este tipo de cofradías de ánimas en diferentes formas y en Lanzarote, en concreto, esta tradición quedó en forma de Rancho de Pascua y sólo cantan a la Navidad. El más conocido de estos Ranchos es el de Teguise, aunque también existen aún los de San Bartolomé y Tías, por nombrar algunos pueblos en los que se continúa una tradición que, mezclando lo religioso y lo profano, representa una de las más antiguas expresiones de la música tradicional de Canarias.
Otra de las tradiciones de gran interés dentro del folclore lanzaroteño está también ligada a un ritual, aunque esta vez relacionado con la tradición marinera y la fertilidad. Los “Buches” son una tradición de la que tenemos constancia ya desde el S. XIX. Básicamente, consiste en un grupo de hombres portando buches de pescado inflados y secados al sol. Su vestimenta corresponde a una especie de parodia burlesca de la forma de vestir de los campesinos de principios de siglo y unas caretas realizadas con redes de pescar. Los Buches entonan melodías marineras con una parranda formada por guitarras, laúdes, timple y forito (acordeón), así como con diversos instrumentos de percusión como la batea y el pito de agua con forma de barco. Aparte de la parranda, un grupo de hombres portando los mencionados buches va propinado golpes al público que huye cómplice ante los inofensivos ataques.
El primer grupo en aparecer en escena fue la Rondalla Ajey, de San Bartolomé. La Ajey dio forma a las danzas y géneros que hasta ese momento se hacían de forma espontánea en los bailes celebrados en casas particulares: malagueñas, seguidillas, la Isa del Uno o en Sol, La Isa del Cinco o en Re, y el Sorondongo en una de sus versiones menos ortodoxas. Después surgieron grupos como la Rodalla de Arrecife o Los Campesinos (que aportaron una nueva estética a su vestimenta, así como su famosa “saranda”). Seguidamente aparecieron otros colectivos como Malpaís de la Corona o Guadarfía. A partir de los ochenta nacen algunos grupos que comienzan a afrontar la creación partiendo de patrones musicales tradicionales. El primero de ellos fue Acatife, cuyo primer disco “Cruz del Mar” supuso una interesante aportación a una nueva forma de hacer música partiendo de elementos tradicionales.

Mazurca: Junto a las Polkas y Berlinas, las Mazurcas constituyen lo que Siemens denomina “Aportaciones Decimonónicas”, aires campesinos venidos de Centroamñerica y que encontraron fácil arraigo en las capas populares del Archipiélago hacia el siglo XIX. Su origen podría estar en un tipo de polka-mazurca procedente de la región de Mazuria -en Polonia- y responde a un ritmo ternario cercano al vals. Existe una cierta cantidad de Mazurcas instrumentales, sobre todo en la isla de Gran Canaria. En el caso de la Mazurca de la isla de El Hierro, cabe destacar su singular letra, en la que se manifiesta una personificación de diversos animales que establecen un extraño y desconcertante diálogo entre sí.
Seguidillas: La Seguidilla es un importante género literario del que existen vestigios desde muy antiguo, incluso en las Cantigas de Alfonso X El Sabio; también aparecen testimonios en el “Rimado de Palacio” en tiempos de los Reyes Católicos, como atestigua Cervantes en su Quijote. Más tarde, formó parte esencial en los sainetes y tonadillas del siglo XVIII y posteriormente en las zarzuelas. Desde entonces se convirtió en un género que se extendió por un amplio marco geográfico. Sus principales variantes son: manchegas (originarias de La Mancha, con ritmo muy vivo), boleras (señoriales y reposadas), murcianas, sevillanas, gitanas (también llamadas payeras) y siguirillas (de carácter sentimental y movimiento lento). En Canarias son múltiples las versiones, siendo utilizadas como canto navideño (como el Baile de la Cunita en Gran Canaria) o como elemento festivo, en el resto de las Islas. Cabe destacar la variante tinerfeña de Seguidillas Manchegas, muy similares a la variante de Seguidillas de Vega de Matute, en Segovia.
Isa: La Isa es un canto y baile de carácter festivo, en ritmo ternario, que se suele interpretar en romería y celebraciones patronales por su carácter colectivo y alegre. Puede considerarse como una derivación de la Jota peninsular. Sobre el origen de la palabra nadie ha ofrecido versiones suficientemente probadas como para verificar la raíz de la misma, si bien algunos autores relacionan el nombre de Isa con su vocablo astur-leonés que significa “salta”. Lo que está claro es que numerosas isas canarias conservan en sus introducciones melódicas muchos de los desarrollos propios de jotas peninsulares y muchas de las coplas y estribillos tienen su exacto referente en versiones de diversas localidades españolas. Existen multitud de variantes en todas las islas. Se cree que junto con las Folías y las Malagueñas, este género llegó a Canarias durante el siglo XVIII.
Tajaraste: Es uno de los pocos legados aborígenes que nos queda en Canarias. Según algunos autores, el Tajaraste era una especie de pandero grande que ya empleaban los guanches en sus danzas. Actualmente, este género musical es utilizado sobre todo para acompañar danzas procesionales y rituales de Tenerife, como los bailes de cintas o los diferentes “Balies del Niño” o para otros fines como puede ser el caso de La Matanza de Acentejo. Asimismo, en la isla de La Palma y dentro de las festividades propias de Navidad, el Tajaraste está presente en diversas formas, siempre con el mismo sentido votivo al Niño Dios.
Santo Domingo: Bajo este genérico nombre se ejecutan versiones diferentes en todas las islas, excepto Fuerteventura. Sus orígenes se encuentran en una leyenda medieval ligada al Camino de Santiago que se hizo popular en todo el ámbito europeo, trascendiendo en algunas manifestaciones como el Santo Domingo en Canarias. Dicha leyenda hace alusión al milagro de Santo Domingo de la Calzada, aún hoy recordado por el gallo y la gallina que se encuentran en la iglesia de la locallidad riojana del mismo nombre. Sobre todo, cabe destacar el de La Gomera, interpretado con chácaras y tambor como baile de salón, el de Gran Canaria (interpretado con cuerdas), el de El Hierro, que no se canta y sirve para acompañar el cortejo ritual de la Bajada de la Virgen de los Reyes, y el de Tenerife, probablemente el más conocido, que sirve de puente entre el Tanganillo y el Tajaraste: “Santo Domingo de la Calzada, llévame a misa de madrugada”
La música tradicional es anónima, colectiva, funcional, contemporánea aunque con anclajes al pasado y casi siempre mestiza y plural… Nuestro enclave geográfico y las particularidades históricas que nos definen, consumaron en las islas la alquimia en la que se han ido mezclando ingredientes de varias culturas. Contamos con un patrimonio que tenemos que conservar, autentificar y volver a depositar en las futuras generaciones y aunque nuestro concepto de cultura popular ha de ampliarse, no puede pasar por alto el fenómeno de la “desterritorialización” que alude no sólo a la movilización de los grandes grupos étnicos y culturales por todo el planeta sino a una pérdida de las raíces culturales y a una disolución paulatina de la conciencia de filliación a un grupo, a una lengua, a una cultura.
Definir lo que es floclore y lo que no lo es resulta muy difícil. Las músicas y las tradiciones de un pueblo están tan vivas como lo pueden estar los habitantes de una comunidad y esto quiere decir que cambian, evolucionan, se mezclan y mueren. En primer lugar, deberemos tener en cuenta que el floclore siempre se trasmite de forma oral y de una generación a otra, nunca a través de partituras o libros. Claro que se puede escribir en partitura una aproximación de una melodía tradicional pero sólo será eso: una aproximación de algo que tiene muchas variantes y formas, así como giros interpretativos que no se pueden llevar al papel y son parte consustancial de esa melódía. Por otro lado, en cada generación, en cada pueblo e incluso en cada persona se dan aportaciones personales de estilo, que hacen que una melodía, danza o género floclórico vaya cambiando con el paso del tiempo, con pequeñas modificaciones que aporta cada intérprete.
Al calor de la Iglesia nacen las corales y es a partir de la segunda mitad del siglo XIX cuando surgen manifestaciones de interés desligadas del ámbito sacro. Al término del siglo XX en Canarias hay censadas más de sesenta corales, algunas de altísimo nivel, que han intervenido en certámenes internacionales, siendo las más veteranas la Coral Polifónica de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, el Orfeón La Paz de La Laguna, la Masa Coral de Santa Cruz de La Palma, la Coral Universitaria de La Laguna, junto a otras más recientes como la Coral Polifónica de Fuerteventura, la Coral Polifónica San Ginés…
Las bandas de música en Canarias merecen una mención aparte. En las fortificaciones militares establecidas en Canarias no faltó el imprescindible grupo de música, que mantuvo la estructura de cornetas y tambores hasta bien avanzado en siglo XIX. Poco a poco van incluyendo otros instrumentos, enriqueciendo su sonoridad. Estos grupos permitieron la formación musical de muchos canarios, que al acabar su servicio militar pudieron participar en la creación de las primeras bandas de música que se establecen en los municipios. A finales del siglo XX existen en Canarias más de sesenta bandas, en su mayoría de carácter municipal. Destacan las de Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife, La Laguna, Santa Cruz de La Palma, San Sebastián de La Gomera, Garachico….