La Artesanía IV…
Viernes, Marzo 13th, 2009La Hojalatería: La hojalatería es un oficio de gran tradición y generador de elementos generalmente dedicados al uso agrícola y doméstico, como regaderas, candiles, lecheras, aros para hacer queso, recipientes para el ordeño, azufradoras, latas y palas para el gofio y numerosas miniaturas utilizadas como juguetes y en decoración. Actualmente pedan muy pocos artesanos dedicados a este oficio debido a la inmensa oferta existente en el mercado de elementos sustitutivos a la producción tradicional.
El Cuero: La utilización del cuero en la elaboración de utensilios para conservar alimentos y líquidos era conocida por los aborígenes canarios, que poseían unas técnicas propias, perdidas en el momento de la conquista.
La Alfarería: Las piezas populares de fondo cónico, realizadas con variedades de arcilla, inspiradas en las andaluzas, extremeñas y aborígenes aparecen en las siete islas, en las más variadas formas de loza, abundante en braseros, tostadores, ollas, calderos, bernegales y tallas, todos ellos relacionados con las faenas del hogar y con la recogida, traslado y filtrado del agua.
La alfarería canaria se caracteriza por su rusticidad, la no utilización del torno y el levantamiento de las piezas por el procedimiento del urdido, en el que sólo intervienen las manos del artesano, que va colocando una serie de churros superpuestos a la vez que gira la pieza sobre arena para evitar que se pegue al suelo. Como modalidades más diferenciadas sobresalen las reproducciones de cerámica aborigen dibujadas de La Palma, la pintada de Gran Canaria, la rojiza del Cercado en La Gomera y las figuras toscas de los novios del Mojón en Lanzarote. En la aportación de producción alfarera de las islas destacan El Mojón (Lanzarote), Valle de Santa Inés (Fuerteventura), Lugarejos y La Atalaya (Gran Canaria), Arguayo y La Victoria (Tenerife), El Cercado (La Gomera), Valverde (El Hierro) y Villa de Mazo (La Palma) como lugares que conservan la tipología de las piezas.
Los Textiles: Se extienden por toda Canarias las labores textiles que por su diseño, tradición, variedad y calidad son, sin duda, unas de las piezas más solicitadas de las Islas. Asombra enumerar los telares que llegaron a funcionar en los más recónditos lugares para procesar seda, lino, lana o la burda trapera, destacando los existentes en las Islas de El Hierro y La Palma, que siempre han albegado verdaderos maestros en todo el proceso que permite disponer de telas, colchas, mantas, pañuelos, talegas, mochilas, bolsas, trajes, alforjas, talegos, costales y objetos varios.
La Seda: En todo el mundo siguió su desarrollo técnico, excepto en la isla de La Palma, donde se trabajan todos y cada uno de los doce pasos de proceso, manualmetne, desde la crianza del gusano de seda al “sacado”, el devanado, emparejado, torcido, nuevo devanado, guisado o blanqueado, teñido, llenado en la redina de cañones y cañuelas, unido, sentado, enlizado, empeinado y tejido. La Palma es el único lugar de Europa donde se trabaja artesanalmente todo el procedimiento usando, además, viejos telares de tea y peines de caña. En el municipio de El Paso, pervive la crianza del gusano de seda alimentado con hojas de morera y moral.
La Lana: Destaca por tradición y número de productos la isla de El Hierro, que conserva el mayor número de telares dedicados a la confección de lana, rústicas colchas y traperas coloristas que repiten urdidos y diseños de antaño con la particularidad de un hilado manual laborioso y cuidado. El Mocanal, Guarazoca, Erese, Taibique, Isora, San Andrés, Las Casas y Sabinosa son lugares en los que podemos encontrar artísticas alforjas, mochilas, talegas, bolsos y alfombras de lana.
La Trapera: Tradicionalmente el telar sirvió para el autoabastecimiento familiar, sobre todo en las medianías y cumbres donde el clima demanda tejidos protectores del frío, lo que propició la aparición de la popular trapera, realizada con urdimbre de lino o algodón y tapada con trapos, generalmente usados y de colores variopintos que le dan un toque rústico y decorativo a las mantas, colchas, alfombras. mochilas o forros de colchón con ella confeccionados.
Bordados y Calados: En contraste con la cálida trapera que aprovecha recortes y retales, están los bordados y calados, con una ganada fama de siglos más allá de las fronteras. Los bordados palmeros, herencia de colonos de Flandes y Portugal, generaron talleres donde se diseñaron y estamparon dibujos al gusto francés con un procedimiento artesanal que en la isla se denomina “cisnado”; se bordaron con primor y sirvieron a fines litúrgicos, ajuares, uso personal y decoración. Bordados y calados han sido en este siglo la base de la artesanía canaria, cuya producción se ve envuelta en una cierta incertidumbre por la competencia de las casas de bordados de Madeira y Azores y más tarde por al llegada a las islas de contingentes de producción oriental que emula el producto canario con peores materiales, lo que les permite unos precios muchos más competitivos. Las Telas y los Hilos se han convertido en el gran problema de las labores textiles, agravado desde que por razones de dos guerras mundiales cortasen las importaciones de Irlanda, Bélgica y Alemania y aunque se han buscado nuevos proveedores sigue sin encontrarse los soportes ideales para unas labores que dependen fundamentalmente del material con que se realizan. Analizando la problemática que pesa sobre este sector, puede considerarse casi milagrosa su supervivencia; quizá la explicación más razonable se encuentre en el valor añadido del perfeccionismo de los trabajos realizados en las islas, que no han podido ser superados por otros productores. Es fácil contemplar en cualquier labor textil canaria la sencillez de los diseños, la mimada ejecución y sobre todo la cuidada elección de materiales, colorido y puntos a emplear en cada caso y que se seleccionan en función de la trayectoria del dibujo, la estética o, sencillamente por la necesidad de calado o remate que la prenda pueda exigir. Para los expertos no faltan entre estos puntos: presillas, realaces, ojetes, barras, punto de lado, granos de arroz, cadenetas…y otros puntos que proceden de distintos estilos de bordados, entre los que predomina el bordado inglés.
Los puros de La Palma: Las otras artesanías que perviven en Canarias son valoradas y buscadas por su calidad y prestigio de años, como puede suceder con los puros de La Palma, que con técnicas y ritos cubanos, siguen elaborándose artesanalmente en aquella isla.
EPÍLOGO: Las manufacturas canarias atraen por su auténtica vigencia. El visitante de nuestros pueblos puede adquirir como recuerdo prendas y objetos que los insulares usamos todavía, ralizados en lino, lana, seda, colmo, zarza, torvisca, vara, mimbre, caña, barro, madera de brezo, moral, cedro, sabina o tea, metal, cuero, rafia, anea, ristra, junco, piedra y otros materiales de distinta procedencia que han ido agregando los artesanos de los nuevos sectores y por los que persisten practicando el oficio de sus padres, y abuelos en el medio rural o los talleres urbanos.
Una pieza artesana como las que siguen produciéndose en Canarias, no es un objeto más, es una reliquia, que por suerte suele estar aún al alcance de los que tienen sensibilidad por lo auténtico, artístico y diferenciado.
A pesar de los cambios que últimamente ha experimentado la sociedad, la artesanía y el artesano canario siguen ahí para limar las aristas de la vida y para dar testimonio de que no sólo de pan vive el hombre, sino también de toda la belleza que sale de su inteligencia y de sus manos.

El Cuchillo Canario
El Oficio de Artesano: Los artesanos canarios, notables y reconocidos en cada isla, siguen realizando piezas que fueron claves en la vida cotidiana y hoy día, aunque hayan sido sustituidas por otras, perviven porque sus formas resultan particularmente estéticas, sensibles y armoniosas en su centenaria sencillez. Cada isla posee, sin haberlo pretendido, unas variantes artesanas que, por tradición, sofisticación de técnicas de ejecución o calidad, la identifican entre el conjunto de las artesanías que componen el amplio repertorio de oficios vigentes. Los oficios artesanos resumen todos los valores básicos y bondadosos que se esperan de una pieza: materiales seleccionados y tratados con técnicas heredadas, un proceso de producción honesto y un resultado genuino.
La Herencia Aborigen: Hoy se dispone de abundante información que permite una nueva aproximación a la prehistoria canaria y que nos la presenta como un sorprendente fenómeno de extraordinaria variedad cultural de cada isla. La vida cotidiana del aborigen canario ha dejado muestras de los utensilios usados en sus quehaceres diarios, siendo los gánigos o cazuelas de barro y arena los más abundantes, junto con los trabajos en piedra volcánica de molinos circulares y los trabajos realizados en palma.
El resto de los materiales se fabricaban en materiales diversos con técnicas rudimentarias, destacando los realizados en piedra, madera, arcilla, junco, palma, fibras, pieles, hueso y conchas marinas, que presentaban rasgos bien diferenciados en la forma en que se trataban, el tipo y la aplicación que de ellos se hacían, incluso entre las distintas comarcas de una misma isla.
Arte Popular: Hablar hoy de artesanía en Canarias, es hablar de arte popular, de las cosas pequeñas que hechas con amor y minuciosidad acabaron por convertirse en parte de la historia, leyenda, arte, cultura y tradiciones de una tierra singular, que lucha por conservar sus costumbres rurales y costeras donde las manufacturas artesanas aparecen con toda su pureza. Entre la herencia de los aborígenes y la aportación de todo un mosaico de pueblos, surge una variada y rica artesanía, que haciendo uso de las mismas materias primas da soluciones funcionales en cada uno de los rincones del archipiélago y que resuelve las múltiples necesidades cotidianas de una gente sencilla que reside por lo general en el ámbito rural, dónde manos hábiles y laboriosas repiten y crean con técnicas heredadas objetos que perpetúan tradiciones centenarias. 

Una de las artesanías que perviven en Canarias y es buscada y valorada por su calidad y prestigio de años atrás, es el puro de La Palma que, con técnicas y ritos cubanos, sigue elaborándose artesanalmente en los numerosos chinchales (tabaquerías) existentes en aquella isla, en los que el trabajo de producción propia da ese toque único buscado por los buenos fumadores en cada puro de rama de Breña y Caldera al que se pide queme parejo de ceniza blanca y produzca un olor característico que comunique sin proponérselo su calidad.