Archivo para la Categoría ‘Sobre el habla canaria’

El Lenguaje de los Aborígenes

Viernes, Enero 30th, 2009

MenceyA la hora de un tratamiento riguroso de la lengua aborigen hay que tener en cuenta que nos enfrentamos a una lengua muerta. En segundo lugar, no sabemos con seguridad si existió una sola lengua común para todo el archipiélago o si hubo varias en las distintas islas. En tercer lugar, carecemos de gramáticas coetáneas ya que los colonizadores no guardaron registro alguno sobre ella. En cuarto lugar, los linguistas canarios apenas se han dedicado al estudio de la lengua indígena, de tal forma que todavía hoy la Universidad de La Laguna y la Universidad de Gran Canaria no cuentan con cátedras de bereber. Por último, sólo disponemos de unas cuantas voces guanches que no son suficientes para resolver las dudas que plantea el conjunto de una lengua.

A pesar de todo, cada vez tenemos más pruebas que señalan que el grupo linguístico de origen del guanche es el bereber.

Del guanche apenas nos quedan algunas palabras que no suponen ni una ínfima parte del mismo y muchas de las voces han sufrido errores de transcripción a lo largo del tiempo. La mayoría son topónimos y antropónimos, ambos de escasa utilidad para desentrañar la comunicación cotidiana prehispánica.

El grupo más valioso de términos es el que ha pasado al español actual de Canarias, por ejemplo, gofio, tenique, tajaraste, teberite, etc. Pero estas palabras siguen presentando múltiples problemas. Así, gofio no es la única denominación que recogieron los cronistas para la harina gruesa de granos tostados. Abreu Galindo aporta también las voces ahoren (cebada tostada, molida y amasada), azamotan (cebada tostada, molida y amasada), y Viera y Clavijo transcribe aramatonaque (cebada moilda y amasada), todas en apariencia sinónimas de gofio. Por tanto, ¿eran una misma cosa? ¿Por qué pervivió gofio y no lo hicieron las otras voces?. Estas preguntas no pueden ser respondidas tomando como fundamento el conocimiento científico actual.

Entre otros dilemas del guanche, debemos citar que

  1. No conocemos sus sonidos y el valor fonético de los mismos.
  2. Apenas nos ha llegado algo de la forma en que se contruían las palabras.
  3. No sabemos nada de la sintaxis utilizada o la forma en que contruían las oraciones.
  4. No contamos con suficientes datos como para desvelar la semántica o el significado de los términos que nos han llegado.

Todo ello parece ser sufiente para constatar la dificultad a que nos enfrentaríamos hoy en día para hablar el guanche, ya que desconocemos lo más importante: la gramática. Toda una pérdida…

El Habla Canaria (continuación…)

Viernes, Enero 23rd, 2009

PerinquéA modo de síntesis de lo anterior señalar las principales características del español hablado en Canarias sobre el S.XV: Como ya señalamos, el origen del habla canaria se encuentra en el español que hablaban los soldados y colonos andaluces que llegaron a las islas a principios del siglo XV, para su conquista y colonización y algunas de las características más reseñables de este modo de hablar son las siguientes: A nivel fónico:

  • Reducción de la diferenciación consonántica entre /s/ - /z/ a un solo fonema silbante, el seseo.
  • Conservación de la /f-/ latina aspirada.
  • Preservación de la /s/ final de sílabas.

A nivel gramatical:

  • Uso etimológico de la oposición pronominal lo/le: lo como complemento directo y le  como complemento indirecto
  • Uso del pronombre personal de la segunda persona del plural para designar tanto al oyente plural como al singular de manera respetuosa.

A nivel léxico, predominio del vocabulario español patrimonial, con ciertas características andaluzas y arabescas.

Influencia Morisca:

 Muy a tener en cuenta es la influencia ejercida por la abundante población morisca capturada en la vecina costa de África e introducida en las islas a lo largo de los siglos XV y XVI. Se trataba, con toda probabilidad, de gentes bereberes con un alto grado de arabización, que se vio sometida desde un primer momento a un severo proceso de cristianización y castellanización, como ponen de manifiesto las ordenanzas de la época que “indican y ordenan que los moriscos vivan en pueblos para que aprendan la ‘doctrina’, que no hablen ‘algaravío’, ni la enseñen a sus hijos, y que no entierren a nadie en el campo como si fueran infieles”. Precisamente, de este ’algaravío’ tan reprobado por la dominante población cristiana (y no de las lenguas canarias prehispánicas, como se ha pensado en ocasiones) proceden, probablemente, voces tradicionales isleñas como majalulo ‘camello joven que todavía no puede reproducirse’ (del árabe majlul ‘camello de entre uno a cuatro años’), téfana ‘rodilla de las patas traseras del camello’ (del bereber ttéfne ‘rodilla del camello’), ¡fuche! ‘grito que se da al camello para que se arrodille’ (del árabe wets! ‘grito para detener o hacer arrodillar al camello’), tasufre ‘odre, zurrón’ (del bereber tasufre ‘zurrón hecho de piel de cabra’), arife ‘aire muy caliente que produce un calor sofocante’ (del árabe irife ’siroco’), tabique ’suero que se desprende de la leche cuajada y que se usa como alimento de las personas’ (del árabe tabik ‘ídem’), hubara ‘avutarda’ (del árabe hubara ‘ídem’), etc. generalmente relacionadas con las actividades laborales que les tocó desempeñar con más frecuencia. 

Influencia Portuguesa:

Por último, hemos de tener en cuenta la profunda y marcada influencia que ejerció la lengua hablada por los grupos poblacionales portugueses (de donde proceden los actuales apellidos canarios Caraballo, Dorta, Sosa, Yanes, Bacallado, Lima, Melo, Stinga, Castro, Pereira, Pires, Viera, Fariña, Coello, Saa, Corujo, Pestano…), procedentes del Portugal peninsular y de los archipiélagos de Madeira y Azores. La pertenencia de este país a la corona española entre 1581 y 1640 (bajo el reinado de Felipe II), el prestigio del que gozaba  entonces la lengua protuguesa en todo el territorio español, las produndas semejanzas que ésta guarda con su hermana castellana y el prestigio social que disfrutaba en la sociedad isleña la laboriosa población que la hablaba, determinaron que su influencia se hiciera sentir en casi todos los ámbitos del vocabulario de la lengua hablada en las islas.

Vocabulario agrícola: En el terreno agrícola, nos legó voces como ‘trastón’  ‘muro de contención de la gavia’ (derivado de traste ‘muro de contención que ladea la atarjea’), natero ‘pequeño huerto que se hace en los cauces del barranco’ (de nateiro ‘capa de lodo y detritus que se forma en el agua de lluvia’), grelo ‘tallo que echan las papas y otras demillas’ (de grelo ‘germen, brote de las palntas’), cotio ’se dice del higo verdoso por fuera y con la pulpa rojiza’ (de cotio ‘casta de higuera del Algarve’), frescal ‘haces de mollos’ (de frascal ‘ídem’), etc.

Vocabulario marinero: Voces como leito ‘cubierta de proa y popa de las pequeñas embarcaciones pesqueras’ (de leito ‘ídem’), tavante ‘zona de la proa del barco de pesca’ (de anteavante ‘ídem’), torno ‘agujero que tiene el barco de pesca en el fondo para desaguar’ (de torno ‘orificio por donde se saca el líquido de algo’), esposar ‘quitar con un trapo el agua que queda en el fondo del barco tras haberlo achhicado’ (de esponsar ‘ ídem’), maresía ‘aire cargado de humedad marina’ (de maresia ‘olor que desprende el mar cuando baja la marea’), sarda ‘determinada especie de tiburón’ (de sarda ‘ídem’), chucho ‘determinada especie de raya’ (de xuxo ‘ídem’), chumbo ‘peso del aparejo de pesca’ (de chumbo ‘pedazo de plomo que guarnece las redes’), rociega ‘ancla pequeña usada para sacar cosas del fondo marino y para fondear pequeñas embarcaciones’ (de rocega ‘ídem’), orasa ‘viento no muy fuerte’ (de oure a ‘ídem’), guelde ‘determinada especie de pez pequeño’ ( de guelro ‘ídem’), ajova ‘determinada especie de pez de gran tamaño’ (de anchova ‘ídem’), etc.

Vocabulario doméstico: Voces como fonil ‘embudo’ (de funil ‘ídem’), jeito ‘ligero movimiento hecho con alguan parte del cuerpo’ (de jeito ‘ídem’), atarracado ‘bajo y rechoncho’ (de atarracado ‘ídem’), escarranchar ‘abrir mucho las piernas’ (de escarranchar ‘ídem’), mojo ’salsa para aderezar viandas’ (de molho ‘ídem’), etc.

Esta influencia fue tan intensa, que llegó a afectar incluso al terreno de las frases hechas, con expresiones como estar algo más salado que la pilla ‘estar muy salado’; darle a la taramela ‘hablar mucho’; irse de varetas ‘caer con las piernas para el aire’; beber como un fonil ‘beber mucho y con frecuencia bebidas alcohólicas’; ni tugir ni mugir ‘expresión que se usa para indicar que alguien está anormalmente callado’; etc.

En muchas ocasiones, lo que realmente hizo el portugués fue servir de acicate para que el habla canaria actualizara determinados derivados y compuestos españoles inéditos en el resto de las modalidades del idioma: lapero ‘instrumento metálico para coger lapas’, construida a partir de la forma portuguesa lapeiro ‘ídem’; babar ’soltar babas’, construida sobre el modelo portugués babar, de igual significado, etc.

El Habla Canaria, Un “Español Atlántico”

Viernes, Enero 16th, 2009
Bernegal Orígenes: El habla de los hombres y mujeres andaluces fue el punto de arranque y base fundamental del español hablado en Canarias (de allí proceden apellidos isleños como Cabrera, Camacho, León, Martel, Mesa, Morales, Negrín, Padilla, Palenzuela, Sánchez, Vera, etc.) , que se establecieron en las islas para que se perpetuasen en ellas sus primeros conquistadores y señores territoriales europeos como Jean de Bethencourt, el Conde de Niebla, Guillén Peraza, Guillén de las Casas, Diego García de Herrera, Pedro Hernández de Saavedra, Juan Rejón, Pedro de Vera, Alonso Fernández de Lugo, etc., desde principios del S.XV, en que se ocuparon las que se denominaron “islas del señorío” (Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro y La Gomera)  hasta finales de ese mismo siglo en que se ocuparon y conquistaron las que se denominarían “islas de realengo” (Gran Canaria, La Palma y Tenerife). Este habla procedente del reino de Sevilla presentaba unos rasgos léxicos, fonéticos y gramaticales particulares que la diferenciaban del habla usada en el centro-norte peninsular.
Gramática: El plano gramatical se caracterizaba por la conservación de determinadas formas y construcciones ya desaparecidas o en proceso de desaparición del español septentrional. Así, en la morfología nominal, predominan los sufijos -ito e -illo (frente a -ico e -ín), como pone de manifiesto la vieja toponimia de las islas, plagada de diminutivos como Las Caletillas, La Atalayita, El Cotillo, Barranquillo, La Rajita, etc.
En el ámbito verbal, el llamado pretérito indefinido (comí, canté, bebí) se usaba para expresar acciones pasadas en general, tanto remotas como inmediatas o recientes, en tanto que el pretérito perfecto (he comido, he cantado, he bebido) se empleaba exclusivamente para expresar acciones durativas o reiteradas que se prolongan hasta el presente. Para el pretérito imperfecto de subjuntivo, se prefería la forma en -ra (saliera, viniera…), en contra de la norma septentrional, que prefería la forma en -se (saliese, viniese…).
A nivel sintáctico, se mantenía la costumbre de posponer al núcleo verbal los pronombres complementarios (lo, le, se, me, nos, te, vos) (díceme, márchase, voyme…), frente a la norma septentrional, donde empezaba a apuntar el hábito de ubicarlos antes del término nuclear. En combinación con el pronombre cuantitativo más, los indefinidos existenciales negativos nadie, nunca, nada solían aparecer en segundo lugar (más nunca, más nada, más nadie), y no en primer lugar (nunca más, nada más, nadie más), como exigía la norma central.
CardónVocabulario: En el plano léxico destacaba, por encima de todo, la conservación de determiandas voces (rejertear  ‘discutir airadamente’, bezo  ‘labio’, alongar  ‘alargar’, bernegal  ’tinaja’, liviano  ‘leve’, abaldonar  ‘abandonar’, aguaitar  ‘acechar’, ajuiciar  ’incitar’, turbón  ‘aguacero violento con viento’, parar  ’poner de pie’, embazar  ‘quedarse sin aliento’, etc.) desaparecidas ya o en peligro de desaparecer en la forma moderna del idioma, y el predominio de un vocabulario campesino (barcina ‘red de mallas anchas para transportar grano o paja en el camello’, tetera ‘pezonera’, toril ‘corral para guardar el ganado’, eriazo ‘terreno erial’, gárgola ‘vaina del garbanzo’, cangalla ‘instrumento para transportar los haces a lomo’…) y de la vida doméstica (afrecho ’salvado’, geremiquear ‘lloriquear’, embelesarse ‘ adormecerse’, chícharo ‘guisante’, blanquizal ‘ terreno calizo’, blandura ‘relente, rocío’…) y de ciertas frases hechas (meter las cabras en el corral a alguien ‘ asustarlo’, estar más flaco que un cangallo ‘ estar muy flaco’…) propiamente andaluzas.
Formación: Sobre esta modalidad lingüística hispánica profundamente conservadora, van a empezar a ejercer inmediatamente una influencia más o menos intensa, según los casos, las hablas y lenguas del resto de regiones implicadas en la formación de la sociedad hispano-canaria. Como es lógico, esta influencia lingüística afectaba sobre todo al plano léxico, que es el más permeable al préstamo lingüístico, y en menor medida a los planos fónico y gramatical.
Influencia francesa: Primero, mentar la influencia que ejerció el francés hablado por el grupo de soldados y agricultores franco-normandos (apellidados Dampierre, Proudhomme, Meilland, Bethencourt, Armes, Maréchal, Verrier…, de donde proceden con toda probabilidad los actuales apellidos canarios Umpiérrez, Perdomo, Melián, Betancor, Armas, Marichal, Berriel, etc.) que se establecieron con Jean de Bethencourt. Aunque se trata de un grupo humano que se castellanizó muy pronto, es bastante probable que, antes de hacerlo, traspasaran al español isleño elementos de su vocabulario de referencia, como chardon ‘determinada planta de hojas espinosas’, marette ‘pantano’, mouvais pays ‘terreno volcánico’, feble ‘de poca consistencia, fofo’, ‘flojo’,  pageot ‘aligote’, alchanne ‘planta herbácea de cuyas raíces se extrae tinte rojo’, etc., probable origen de las voces canarias tradicionales cardón ‘especie de lechetrezna’, mareta ‘hondonada grande hecha en el terreno para recoger el agua de lluvia’, malpaís ‘terreno volcánico’, finfle ‘de poca consistencia’, fofo ‘flojo’, payete ‘pajel cuando es pequeño’ y alicán ‘planta herbácea de cuyas raíces se extrae tinte rojo’. El proceso de adaptación no tuvo que ser muy complicado ya que se trata de voces de una lengua de la misma familia que la lengua que las acogió con patrones fónicos, gramaticales y léxicos muy parecidos a los de la lengua española que trajeron a las islas los primeros peninsulares que las habitaron.
Influencia guanche: En segundo lugar, ejercieron cierta influencia las lenguas (sin duda alguna, de la familia camito-bereber, como pone de manifiesto la misma estructura gramatical de los restos guanches en el habla insular) que hablaba la población aborigen de las islas al tiempo de la llegada de los castellanos.
Antes de ser “absorbida” por la nueva masa poblacional europea, esta población sometida (de donde proceden los viejos apellidos canarios como Bencomo, Guanche, Chinea, Tacoronte, etc., y antropónimos como Doramas, Guayarmina, Dácil, Guacimara, Nauset…), en principio mucho más numerosa que aquélla, traspasó al habla de los nuevos pobladores una serie de nombres comunes referidos sobre todo a la actividad ganadera (baifo ‘cría de la cabra’, jaira ‘cabra doméstica’, beletén ‘leche que da la cabra los primeros días después de parida, calostro’, tafor ‘ídem’, tajorase ‘macho cabrío joven que todavía no puede cubrir a la cabra’, guanil  ‘animal que no tiene marca’, puipana ’se dice de la cabra de color blanco con manchas canelas, o a la inversa’, gambuesa ‘corral grande de piedra para recoger el ganado de suelta’, ambracásaca ’se dice de la res de color canelosa salpicada de lunares blancos’, etc.), a la flora (tabaiba ‘determinado arbusto euforbiáceo’, mocán ‘especie arbórea’, tajinaste ‘especie de arbusto borragináceo’, tagasaste  ‘especie de arbusto leguminoso’, etc) a la fauna (perinquén ‘especie de salamanquesa’, guirre ‘alimoche’, tamasma ‘aguzanieves’, etc) a la vida doméstica (gofio ‘harina gruesa de grano tostado’, tafeña ‘millo o trigo tostado que se come en grano’, pírgano ‘tallo de la hoja de la palmera’, tenique ‘cada una de las piedras del hogar’, gánigo ‘vasija de barro de forma semiesférica’, tofio ‘ vasija de barro con punta acanalada’, etc.) y un número mucho mayor de topónimos (Tacoronte, Tejeda, Telde, Tuineje, Tindaya, Taburiente, Tazacorte, Tamaimo, Teguise, Yaiza, Chipude, Tiagua, Icod, Taganana, Teror, Tefía, Orotava, etc.).
El hecho de pertenecer a un sitema lingüístico totalmente distinto determinó que en muchos casos se produjeran tales reajustes fónicos, léxicos y gramaticales para adaptarse a la lengua española, que resulta prácticamente imposible determinar su verdadero origen en las lenguas bereberes. Es lo que sucede con baifo, tajorase, gambuesa, tamasma, etc. En otras ocasiones, por contra, los parelelismos son más evidentes, como ocurre en los casos de los guanchismos tagoror, guirre, tajinaste, time, tenique, etc relacionados con las voces bereberes tagrut ‘patio, cercado, redil’, igider ‘alimoche’, tainast ‘especie de planta borraginácea’, timmi ‘acantilado, frente de una montaña’, inek ‘piedra del hogar’, respectivamente.