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La Música Canaria. La “canción canaria”.

Martes, Octubre 27th, 2009

En la segunda mitad del siglo XX suceden las islas una serie de profundas transformaciones que marcan un antes y un después en la concepción de la música tradicional. El cambio de hábitos culturales, la irrupción de los medios de comunicación y el desplazamiento a sectores productivos diferentes condicionaron que la música que estaba ligada a esa “forma de ser” cambiara de sentido. El surgimiento de los llamados “grupos folclóricos” y los luego denominados “grupos de música popular”, fue modificando la antigua concepción de la música y la danza, pasando de folclore a espectáculo folclórico, ya que pasó de expresarse libremente a cantarse y bailarse en un escenario y para un público espectador.

La cultura musical de los propios cultores se incrementó, de manera que las antiguas formas y estilos musicales se fueron puliendo, armonizando y estandarizando, al tiempo que se coreografiaban las danzas para su mayor vistosidad.

Son muchos los marcos sociales y festivos donde la gente se manifiesta a través de la cultura musical de manera espontánea, de la misma manera que muchos complejos rituales siguen casi inalterados.
Al igual que ocurriera en otros muchos pueblos, entre los improvisadores y transmisores de la literatura y la música tradicional surgió la figura del compositor. Impulsados por la posibilidad de que algunos cantantes isleños pudieran lanzarse a la carrera como “vocalistas”, algunos músicos comenzaron a esbozar melodías y letras que bebían de ritmos o motivos tradicionales. Pompeyo Pérez fue uno de estos compositores y Agustín Bermúdez uno de sus cantantes. Temas como “Alma Canaria” o “De ti para mi” son algunos ejemplos de canciones compuestas por ambos. Abierto el camino, algunos otros se animaron a la tarea de hacer canciones de una temática quizás algo limitada. Igual que ocurre en cualquier sociedad de carácter rural, la exaltación de las bellezas paisajísticas, el amor a la madre y el atractivo de las féminas locales fueron los motivos más recurrentes a la hora de componer canciones. Unidos a estos, otros argumentos como la socarronería del “mago” o la nostalgia del emigrante fueron cantados por solistas y grupos. La herreña María Mérida y la grancanaria Mary Sanchez han sido las portavoces feminas más conocidas y dignas representantes de esta tendencia. Grupos y/o trios que han dejado huella vienen representados por nombres como Los Huaracheros, El Trío Acaymo y, más adelante en el tiempo, Añoranza y Garoé.

Sin duda el colectivo que lleva la canción canaria a una amplia aceptación popular es Los Sabandeños, ayudados además por los medios de comunicación y las grabaciones discográficas. Es difícil marcar los límites entre lo que podemos considerar folclore y lo que damos en llamar “música popular”. Como diferencia digamos que al segundo grupo pertenecen aquellas canciones más o menos recientes de las que se conoce su autor y que están basadas en patrones rítmicos y melódicos de la música tradicional. Las primeras canciones que aparecen en este sentido hacen alusión a la belleza de algunos pueblos de las Islas.

Algunos ejemplos son San Juanito de Juan del Río Ayala y el maestro Herrera, Campanas de Vegueta de José Maria Millares, La Vieja Farola de M. Perdomo y E. Bastarda, Ay Teror y Sombras del Nublo, de Néstor Álamo, La Lucha Canaria y De Tenderete, de Elfidio Alonso.

Asimismo, el caudal de canciones se va nutriendo de autores que aportan letras de gran calidad al repertorio de los diferentes grupos. Sindo Saavedra, Manuel Haro, Juan Carlos Monteverde, Esperanza Arrabé… Nombres de “copleros” que han sacado cada vez más posibilidades a la lírica popular. Las voces que cantan estas melodías también se hacen eco de la proliferación de estos géneros, con Mari Carmen Mulet, Mariví Cabo, Candelaria González, Cali Fernandez, Beatriz Alonso, José Manuel Ramos, etc…

De una forma paralela los cantautores comienzan a utilizar la música y las métricas populares para ir introduciendo letras con mayor contenido social, y poético, hasta llegar a lo que podríamos considerar la “Nueva Canción Canaria”. Iniciado con la audaz formular del grupo Taburiente, el Fol. Y canción de autor se dan la mano en no pocos experimentos, muchos de los cuales obtuvieron excelentes resultados estéticos.

La Música Canaria. Géneros Tradicionales Canarios V.

Viernes, Agosto 7th, 2009

Cantos de Trabajo: Han ido desapareciendo en los últimos años, siendo muy raro encontrar gente que los haya cantado o escuchado cantar, debido al aceleramiento económico e industrial acaecido a nivel mundial. Algunos ejemplos de este tipo de cantos:
Cantos del Güeyero: Ligado a la labor de arar el campo, encuentra en varias islas versiones distintas, dado que las melodías para sobrellevar la dura tarea de labrar la tierra varían en función de los pueblos, ya que son varios los géneros folclóricos que sirven al fin de entonar un canto de arada (isa, malagueña, romanza, folía).
Danzas y Rituales Procesionales: De las numerosas manifestaciones de nuestra cultura, quizá sean las danzas rituales las que más remotos orígenes tienen. Con un sentido mágico religioso, en sus inicios se encaminaron principalmente a alabar y festejar al ser supremo, en una dimensión totémica que aún conservan muchas de ellas. Pero no sólo nos referimos a esos bailes con coreografías más o menos complejas que se realizan en determinadas funciones o ritos de carácter religioso o profano, sino que también estamos hablando de los actos o representaciones que, sin ser propiamente danzas, se encuentran en la frontera entre las representaciones teatrales y las danzas tradicionales, teniendo en común su aparición en determinados ritos de carácter festivo. Con soportes musicales muy diversos y funciones distintas en varias islas, estos son algunas de estas danzas rituales:

Bailes de la Rama: Algunas de estas “danzas” tienen su origen en ritos aborígenes que, transformados en su sentido original, conservan parte de su expresión. Éste es el caso de las únicas manifestaciones rituales que se conservan en Gran Canaria, conocidas por el nombre genérico de

Bailes de la Rama, que encuentran sus raíces en una costumbre prehispánica de invocación de la lluvia por parte de las Harimaguadas (especie de vírgenes vestales) que golpeaban el mar con ramas. Hoy día La Rama es un baile festivo abierto a todo aquel que quiera participar danzando al son de las bandas de música, que imprimen un ritmo trepidante a la comitiva que porta ramas de poleo, pino, laurel, etc. y que al final del recorrido son depositadas en las diferentes ermitas de los pueblos donde se celebra. Las más conocidas son las de Agaete, Moya, Guía, Los Caideros de Gáldar y la Aldea de San Nicolás.

Tajaraste del Niño: Un importante grupo de estas danzas viene representado por lo que podríamos llamar “Danzas de Pastores, de Navidad o de Iglesia” ya que todas tienen en común que se celebran en fechas de Navidad y en Templos. Dichas danzas se desarrollan en la noche del 24 de Diciembre, en la misa del gallo, así como el día 6 de Enero. Una de estas danzas es el Tajaraste del Niño de Punta del Hidalgo”. Al ritmo del tajaraste, interpretado con cuerdas, se ejecuta un desarrollo coreografico de alabanza al Niño-Dios. La mayor parte de estos “Bailes del Niño” (como tambiñén se les conoce) son siempre ejecutados por hombres.

Los Indianos de Santa Cruz de La Palma: El parentesco de la cultura tradicional palmera con el mundo afrocubano, se plasma en esta tradición de incierto origen que tiñe literalmente de blanco las calles de Santa Cruz de La Palma cada año por Carnaval.
Con polvos de talco y al ritmo de son cubano, los palmeros adaptan la tradición de “manchar” a todo aquel que se ponga a tiro. Una vez más la fecundidad se ritualiza a través de un hecho festivo. La tradición oral informa sobre el origen de esta costumbre en un cargamento de harina en mal estado traído en un barco llegado de Cuba en el siglo XIX. Sin embrago, la estrecha relación con Cuba, nos lleva a plantear un posible paralelismo con rituales de blanqueo de piel de las comunidades “ñañigas” incorporados a la cultura cubana por los descendientes africanos.

Danza de San Pedro de Güímar: De las distinta danzas de cintas de Tenerife, merece especial mención la “Danza de Güímar” por sus particulares características en cuanto a vestuario y coreografía, así como por estar datados su origen (1788) y su plena vigencia. Suele salir esta danza en las procesiones de San Pedro (patrón de la ciudad), San Antón y la Virgen del Socorro (copatrona de Güímar). Dicha danza está formada por doce niños, un hombre que porta el mástil o palo de la danza y el tamborilero que ejecuta un pausado tajaraste con tambor y flauta.

Los Carneros de Tigaday (El Hierro), Los Diabletes de Teguise (Lanzarote) y los Buches de Arrecife (Lanzarote): El componente etnohistórico ligado a rituales de fecundidad de la antigua Roma, queda patente en tres arcaicas tradiciones del “Carnaval Canario”: Los Diabletes, Los Buches y los Carneros. A mediados del mes de febrero, los “LUPERCI”, recorrían las calles desnudos, golpeando a las mujeres con una tira de piel de macho cabrío sacrificado, denominada “la Februa”, con el objeto de propiciar la fecundidad a las mujeres estériles. En El Hierro el ganado lanar, en especial el carnero, constituye un símbolo de identidad insular. En época de Carnaval, varios jóvenes provistos con pieles de carnero y manchados de carbón, recorren las calles para asustar, manchar y tocar a los vecinos, que se ahcen partícipes de un complejo ritual del que se tienen pocas noticias de cómo llegó y arraigó en esta isla. A esta tradición se la denomina Los Carneros de Tigaday. De igual forma que los carneros, Los Diabletes de Teguise heredan el conjunto ritual de libaciones encaminadas a propiciar la fecundidad. En este caso se observa una adaptación del mismo en el sentido de utilizar el estómago de un cabrito (zurrón) atado al extremo de un palo, con el que se reparten los golpes que intentan evitar los niños y mayores de La Villa, cuando llega el Carnaval. La incorporación de la fugura del diablo acentúa el caracter de inversión simbólica a través de la máscara y el ruido producido por los cencerros que acompañan la singular vestimenta. Cumple la función purificadora contra los malos espíritus y demonios que, gestados en un pasado pagano, fueron adaptados a la liturgia cristiana, aunque para la visión de los actuales ejecutores se encuentre vacío de este contenido y se haya convertido en mero divertimento carnavalero. Inicialmente Los Diabletes encontraban su marco temporal en el Corpus, una fiesta que en Canarias contaba con numerosos elementos “demoníacos” (como la Bicha o Tarasca, así como otros “diablos” que conforman cortejos rituales en diversas localidades del Archipiélago…

La mayor parte de éstos se perdieron en pro de tradiciones menos escandalosas, como las alfombras de flores, mientras otros sobreviven, como es el caso de “Los Diabletes”, al trasladarse a diferentes fechas festivas como el patrono local o e Carnaval.

La Música Canaria. Géneros Tradicionales Canarios II

Viernes, Junio 5th, 2009

Los Romances: Constituyen un ejemplo de poesía narrativa. Basados en temas novelescos, narran historias muy diversas: de amor, de valentía, de desamor, jocosos… Su origen se remonta al S. XIV, perviviendo sin interrupción hasta hoy día. Llegan a Canarias durante la conquista, a lo largo del siglo XV, adquiriendo características particulares como la existencia de estribillos, siendo especialmente usada esta variante en Fuerteventura, El Hierro, La Palma y La Gomera. Sin duda, es en esta última isla donde el romancero se ha mantenido más vivo. Bajo la forma de Baile del Tambor, se siguen interpretando una importante cantidad de romances de notoria antigüedad y gran valor literario e histórico. Como ejemplo, sirva la siguiente estrofa del conocido Romance “Lux Aeterna” o “La Pobre Adela”: <<Madre, qué linda noche, cuántas estrellas; ábreme la ventana que quiero verlas. (…)>>.

Arrorró: Es la canción de cuna de Canarias por excelencia. Existen casi tantas versiones del Arrorró como madres, aunque la mayor parte son variantes de una melodía que, según investigaciones, tiene sus orígenes en la localidad de Medinaceli, provincia de Soria. 

Isa: La Isa es un canto y baile de carácter festivo, en ritmo ternario, que se suele interpretar en romería y celebraciones patronales por su carácter colectivo y alegre. Puede considerarse como una derivación de la Jota peninsular. Sobre el origen de la palabra nadie ha ofrecido versiones suficientemente probadas como para verificar la raíz de la misma, si bien algunos autores relacionan el nombre de Isa con su vocablo astur-leonés que significa “salta”. Lo que está claro es que numerosas isas canarias conservan en sus introducciones melódicas muchos de los desarrollos propios de jotas peninsulares y muchas de las coplas y estribillos tienen su exacto referente en versiones de diversas localidades españolas. Existen multitud de variantes en todas las islas. Se cree que junto con las Folías y las Malagueñas, este género llegó a Canarias durante el siglo XVIII.

Malagueñas: Derivadas del fandango andaluz, las Malagueñas llegaron a Canarias a mediados del siglo XVIII, junto con Isas, Seguidillas y Folías, siendo un canto que abunda en alusiones al amor por al madre y donde se expresa el apego a la tierra. En Lanzarote y Fuerteventura se ha conservado un claro matiz afandangado que evidencia su origen, si bien los estilos van derivando poco a poco hacia formas más suavizadas. En Lanzarote, en los Bailes del Candil, las malagueñas se bailaban agarradas, cogiendo el hombre a la mujer con un pañuelo en la mano, en un gesto de delicadeza hacia ella. La forma estrófica más habitual para la Malagueña es la quintilla, aunque también se da el uso de la cuarteta.

Sorondongo: Relacionado con el Flaire de El Hierro, el Sorondongo es un género del que existen versiones en Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote. En los cancioneros españoles podemos encontrar infinidad de danzas infantiles muy similares a nuestros Sorondongos, repartidas por toda la geografía peninsular como es el caso del Zorongo Gitano que recogió y grabó Federico García Lorca.

La Música Canaria. Géneros Tradicionales Canarios I

Viernes, Mayo 29th, 2009

A continuación hacemos un breve repaso por algunos de los aires tradicionales más conocidos en las islas:

Tajaraste: Es uno de los pocos legados aborígenes que nos queda en Canarias. Según algunos autores, el Tajaraste era una especie de pandero grande que ya empleaban los guanches en sus danzas. Actualmente, este género musical es utilizado sobre todo para acompañar danzas procesionales y rituales de Tenerife, como los bailes de cintas o los diferentes “Balies del Niño” o para otros fines como puede ser el caso de La Matanza de Acentejo. Asimismo, en la isla de La Palma y dentro de las festividades propias de Navidad, el Tajaraste está presente en diversas formas, siempre con el mismo sentido votivo al Niño Dios.

El Sirinoque: La palabra “Sirir-nek” significa “tu danza” y según atestiguan los autores que sobre él han escrito, es otro género de origen preeuropeo. El Sirinoque es una danza de similar estructura a la conocida como El Canario, tanto en la posición de los danzantes en filas enfrentadas, como en la estructura musical. Es un tema tradicional de la isla de La Palma que consta de varias partes, destacando el desarrollo de un “canto de relaciones” en medio, en el que un hombre y una mujer intercambian estrofas picarescas en cuartetas octosílabas.

El Canto de la Meda: En el canto de la Meda, cuyo ritmo y tonada nos hacen recordar ciertas reminiscencias folclóricas bereberes, intervienen dos cantadores (generalmente dos hombres) y el coro (resto de los asistentes) que canta los responderes, cada vez que uno de los intérpretes ha finalizado alguna de las improvisadas estrofas. La interpretación de la Meda requiere voz clara, mucho oído, ya que se interpreta a ritmo exclusivo de tambor, y capacidad versificadora. Los buenos intérpretes de la Meda han gozado de notable fama en la isla de El Hierro.

Ranchos de Ánimas - Ranchos de Pascua: Herencia de antiguos ritos de culto a los muertos y de las Cofradías de Ánimas, los Ranchos de Canarias fueron traídos por los primeros monjes franciscanos que llegaron a las Islas poco después de iniciado el proceso de colonización, tras la conquista de Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria, que es donde único se conservan. En Gran Canaria y Fuerteventura perviven bajo el nombre de Ranchos de Ánimas y siguen manteniendo romances y melodías que hacen alusíón a pasajes bíblicos y a las ánimas de difuntos. En Lanzarote, sólo se encuentran en forma de Ranchos de Pascua y están dedicados a la Navidad. El complejo organológico sobre el que se desarrolla la música de los Ranchos está basado en el uso de espadas, grandes panderos con sonajeros múltiples y guitarras, laúdes y timples, éstos últimos afinados algunos tonos más bajos de su afinación normal, sobre todo para conseguir el efecto percusivo que tiene el resto de la instrumentación.

El Baile del Vivo: Se trata de un curioso juego que encontramos como una joya folclórica de la isla de El Hierro, donde se conservan géneros tan antiguos como La Meda o el Tango. El Vivo lo baila una pareja en la que la mujer va realizando diversas muecas como arreglarse el talle, pintarse la cara, hacer carantoñas… El hombre, ligeramente encorvado, tiene que ir imitando sus gestos hasta que la mujer logre despistarle para quitarle el sombrero de un manotazo. Constituye una pieza única en el repertorio tradicional canario y su simple, pero exquisita melodía ha sido objeto de numerosas versiones por parte de muchos músicos canarios, que van desde la tradicional interpretación de Valentina “la de Sabinosa” hasta recreaciones sinfónicas o de jazz. 

Santo Domingo: Bajo este genérico nombre se ejecutan versiones diferentes en todas las islas, excepto Fuerteventura. Sus orígenes se encuentran en una leyenda medieval ligada al Camino de Santiago que se hizo popular en todo el ámbito europeo, trascendiendo en algunas manifestaciones como el Santo Domingo en Canarias. Dicha leyenda hace alusión al milagro de Santo Domingo de la Calzada, aún hoy recordado por el gallo y la gallina que se encuentran en la iglesia de la locallidad riojana del mismo nombre. Sobre todo, cabe destacar el de La Gomera, interpretado con chácaras y tambor como baile de salón, el de Gran Canaria (interpretado con cuerdas), el de El Hierro, que no se canta y sirve para acompañar el cortejo ritual de la Bajada de la Virgen de los Reyes, y el de Tenerife, probablemente el más conocido, que sirve de puente entre el Tanganillo y el Tajaraste: “Santo Domingo de la Calzada, llévame a misa de madrugada” 

Danza del Trigo o Cho Juan Periñal: Fue rescatada por Nanino Díaz Cutillas en su programa “El pueblo canta” y dada a conocer por el grupo Coros y Danzas de Santa Cruz de La Palma. En esta isla se interpreta comúnmente, ya no como el inicial proceso de transformación del grano de trigo en harina, sino como un elemento de repertorio de los grupos de música y danza tradicional. Tiene un claro origen judeo-serfadí, siendo una versión casi idéntica al denominado “Biba Ordueña”, que aún se conserva en algunas comunidades sefardíes de lo que fuera el Protectorado de Marruecos. Se baila en filas enfrentadas y es una danza agrícola  que muestra todos los pasos del proceso de siembra y recogida del trigo.

 

La Música Tradicional y de Raiz

Viernes, Mayo 22nd, 2009

Los SabandeñosLa música tradicional es anónima, colectiva, funcional, contemporánea aunque con anclajes al pasado y casi siempre mestiza y plural… Nuestro enclave geográfico y las particularidades históricas que nos definen, consumaron en las islas la alquimia en la que se han ido mezclando ingredientes de varias culturas. Contamos con un patrimonio que tenemos que conservar, autentificar y volver a depositar en las futuras generaciones y aunque nuestro concepto de cultura popular ha de ampliarse, no puede pasar por alto el fenómeno de la “desterritorialización” que alude no sólo a la movilización de los grandes grupos étnicos y culturales por todo el planeta sino a una pérdida de las raíces culturales y a una disolución paulatina de la conciencia de filliación a un grupo, a una lengua, a una cultura.

La palabra floklore fue utilizada por primera vez por el inglés William John Thoms, a principios del siglo XIX. En principio el concepto utilizó dos antiguas acepciones sajonas que venían a significar “sabiduría popular” (de folk: pueblo o gente del pueblo y lore: cultura o saber). A pesar de que el término no fue aceptado al principio, en muchos países se instauró el concepto para hacer referencia a las tradiciones de una comunidad, transmitidas éstas de generación en generación y de padre a hijos. Con el paso de los años, han dio surgiendo algunas ciencias (o ramas de éstas) que han aportado herramientas suficientemente fiables y complejas, de tal manera que la cultura tradicional de un pueblo se estudia a través de diversas disciplinas como la antropología, la etnomusicología o la etnografía.

Los GofionesDefinir lo que es floclore y lo que no lo es resulta muy difícil. Las músicas y las tradiciones de un pueblo están tan vivas como lo pueden estar los habitantes de una comunidad y esto quiere decir que cambian, evolucionan, se mezclan y mueren. En primer lugar, deberemos tener en cuenta que el floclore siempre se trasmite de forma oral y de una generación a otra, nunca a través de partituras o libros. Claro que se puede escribir en partitura una aproximación de una melodía tradicional pero sólo será eso: una aproximación de algo que tiene muchas variantes y formas, así como giros interpretativos que no se pueden llevar al papel y son parte consustancial de esa melódía. Por otro lado, en cada generación, en cada pueblo e incluso en cada persona se dan aportaciones personales de estilo, que hacen que una melodía, danza o género floclórico vaya cambiando con el paso del tiempo, con pequeñas modificaciones que aporta cada intérprete. 

Teniendo en cuenta estos criterios, el folclore musical es, por tanto, anónimo y contemporáneo. Anónimo porque el autor original compuso algo que luego los habitantes de la comunidad dónde arraigó hicieron suyo y lo transformaron con el paso del tiempo, convirtiéndose ya en patrimonio de todos. Contemporáneo porque evoluciona en cada generación. Otra de las características que definen de forma general al folclore musical es su ubicación tempo-espacial concreta. Esto quiere decir que cualquier melodía generalmente tiene una funcionalidad determinada y se interpreta en una época y en un lugar concretos. Por ejemplo, el arrorró es una canciñon de cuna; se le canta a un bebé y no sirve para ser entonado en una romería. Lo Divino es un villancico y no se canta en una cabalgata de carnaval….y así podemos seguir con casi la mayor parte de las melodías y géneros.

A modo de resumen, digamos que la Música Tradicional de Canarias es mestiza y plural, como lom es nuestra cultura. Punto de encuentro entre tres continentes, somos la suma de influencias de muchos trasiegos humanos. La personalidad del canario es, por tanto, producto de la mezcla cultural. Suele decirse que los canarios somos “euro-afro-americanos” en tanto nuestra forma de ser, la arquitectura, la literatura, la música…; en general todos los patrones vitales que nos mueven provienen de esa particular disposición geográfica y de la influencia tricontinental que nos ha marcado a los largo de siglos de historia.

 La música tradicional en Canarias es reflejo de ese mestizaje y ha ido evolucionando desde los primeros habitantes de las islas hasta hoy, adaptándose a los cambios económicos, tecnológicos y culturales que han ido marcando el desarrollo de la sociedad del Archipiélago. Por último, pese a que hay un sustrato común que podríamos denominar como “cultura canaria”, existen siete realidades diferenciadas geográficamente, que han dado como resultado formas de expresión distintas y singulares, de tal forma que cada isla conserva unas peculiaridades únicas y distinguidas del resto.

La Artesanía IV…

Viernes, Marzo 13th, 2009

La Hojalatería: La hojalatería es un oficio de gran tradición y generador de elementos generalmente dedicados al uso agrícola y doméstico, como regaderas, candiles, lecheras, aros para hacer queso, recipientes para el ordeño, azufradoras, latas y palas para el gofio y numerosas miniaturas utilizadas como juguetes y en decoración. Actualmente pedan muy pocos artesanos dedicados a este oficio debido a la inmensa oferta existente en el mercado de elementos sustitutivos a la producción tradicional.

El Cuero: La utilización del cuero en la elaboración de utensilios para conservar alimentos y líquidos era conocida por los aborígenes canarios, que poseían unas técnicas propias, perdidas en el momento de la conquista.

La Alfarería: Las piezas populares de fondo cónico, realizadas con variedades de arcilla, inspiradas en las andaluzas, extremeñas y aborígenes aparecen en las siete islas, en las más variadas formas de loza, abundante en braseros, tostadores, ollas, calderos, bernegales y tallas, todos ellos relacionados con las faenas del hogar y con la recogida, traslado y filtrado del agua.

La alfarería canaria se caracteriza por su rusticidad, la no utilización del torno y el levantamiento de las piezas por el procedimiento del urdido, en el que sólo intervienen las manos del artesano, que va colocando una serie de churros superpuestos a la vez que gira la pieza sobre arena para evitar que se pegue al suelo. Como modalidades más diferenciadas sobresalen las reproducciones de cerámica aborigen dibujadas de La Palma, la pintada de Gran Canaria, la rojiza del Cercado en La Gomera y las figuras toscas de los novios del Mojón en Lanzarote. En la aportación de producción alfarera de las islas destacan El Mojón (Lanzarote), Valle de Santa Inés (Fuerteventura), Lugarejos y La Atalaya (Gran Canaria), Arguayo y La Victoria (Tenerife), El Cercado (La Gomera), Valverde (El Hierro) y Villa de Mazo (La Palma) como lugares que conservan la tipología de las piezas.

Los Textiles: Se extienden por toda Canarias las labores textiles que por su diseño, tradición, variedad y calidad son, sin duda, unas de las piezas más solicitadas de las Islas. Asombra enumerar los telares que llegaron a funcionar en los más recónditos lugares para procesar seda, lino, lana o la burda trapera, destacando los existentes en las Islas de El Hierro y La Palma, que siempre han albegado verdaderos maestros en todo el proceso que permite disponer de telas, colchas, mantas, pañuelos, talegas, mochilas, bolsas, trajes, alforjas, talegos, costales y objetos varios.

La Seda: En todo el mundo siguió su desarrollo técnico, excepto en la isla de La Palma, donde se trabajan todos y cada uno de los doce pasos de proceso, manualmetne, desde la crianza del gusano de seda al “sacado”, el devanado, emparejado, torcido, nuevo devanado, guisado o blanqueado, teñido, llenado en la redina de cañones y cañuelas, unido, sentado, enlizado, empeinado y tejido. La Palma es el único lugar de Europa donde se trabaja artesanalmente todo el procedimiento usando, además, viejos telares de tea y peines de caña. En el municipio de El Paso, pervive la crianza del gusano de seda alimentado con hojas de morera y moral.

La Lana: Destaca por tradición y número de productos la isla de El Hierro, que conserva el mayor número de telares dedicados a la confección de lana, rústicas colchas y traperas coloristas que repiten urdidos y diseños de antaño con la particularidad de un hilado manual laborioso y cuidado. El Mocanal, Guarazoca, Erese, Taibique, Isora, San Andrés, Las Casas y Sabinosa son lugares en los que podemos encontrar artísticas alforjas, mochilas, talegas, bolsos y alfombras de lana. 

La Trapera: Tradicionalmente el telar sirvió para el autoabastecimiento familiar, sobre todo en las medianías y cumbres donde el clima demanda tejidos protectores del frío, lo que propició la aparición de la popular trapera, realizada con urdimbre de lino o algodón y tapada con trapos, generalmente usados y de colores variopintos que le dan un toque rústico y decorativo a las mantas, colchas, alfombras. mochilas o forros de colchón con ella confeccionados.

Calados CanariosBordados y Calados: En contraste con la cálida trapera que aprovecha recortes y retales, están los bordados y calados, con una ganada fama de siglos más allá de las fronteras. Los bordados palmeros, herencia de colonos de Flandes y Portugal, generaron talleres donde se diseñaron y estamparon dibujos al gusto francés con un procedimiento artesanal que en la isla se denomina “cisnado”; se bordaron con primor y sirvieron a fines litúrgicos, ajuares, uso personal y decoración. Bordados y calados han sido en este siglo la base de la artesanía canaria, cuya producción se ve envuelta en una cierta incertidumbre por la competencia de las casas de bordados de Madeira y Azores y más tarde por al llegada a las islas de contingentes de producción oriental que emula el producto canario con peores materiales, lo que les permite unos precios muchos más competitivos. Las Telas y los Hilos se han convertido en el gran problema de las labores textiles, agravado desde que por razones de dos guerras mundiales cortasen las importaciones de Irlanda, Bélgica y Alemania y aunque se han buscado nuevos proveedores sigue sin encontrarse los soportes ideales para unas labores que dependen fundamentalmente del material con que se realizan. Analizando la problemática que pesa sobre este sector, puede considerarse casi milagrosa su supervivencia; quizá la explicación más razonable se encuentre en el valor añadido del perfeccionismo de los trabajos realizados en las islas, que no han podido ser superados por otros productores. Es fácil contemplar en cualquier labor textil canaria la sencillez de los diseños, la mimada ejecución y sobre todo la cuidada elección de materiales, colorido y puntos a emplear en cada caso y que se seleccionan en función de la trayectoria del dibujo, la estética o, sencillamente por la necesidad de calado o remate que la prenda pueda exigir. Para los expertos no faltan entre estos puntos: presillas, realaces, ojetes, barras, punto de lado, granos de arroz, cadenetas…y otros puntos que proceden de distintos estilos de bordados, entre los que predomina el bordado inglés.

Los puros de La Palma: Las otras artesanías que perviven en Canarias son valoradas y buscadas por su calidad y prestigio de años, como puede suceder con los puros de La Palma, que con técnicas y ritos cubanos, siguen elaborándose artesanalmente en aquella isla.

EPÍLOGO: Las manufacturas canarias atraen por su auténtica vigencia. El visitante de nuestros pueblos puede adquirir como recuerdo prendas y objetos que los insulares usamos todavía, ralizados en lino, lana, seda, colmo, zarza, torvisca, vara, mimbre, caña, barro, madera de brezo, moral, cedro, sabina o tea, metal, cuero, rafia, anea, ristra, junco, piedra y otros materiales de distinta procedencia que han ido agregando los artesanos de los nuevos sectores y por los que persisten practicando el oficio de sus padres, y abuelos en el medio rural o los talleres urbanos.

 Una pieza artesana como las que siguen produciéndose en Canarias, no es un objeto más, es una reliquia, que por suerte suele estar aún al alcance de los que tienen sensibilidad por lo auténtico, artístico y diferenciado.

A pesar de los cambios que últimamente ha experimentado la sociedad, la artesanía y el artesano canario siguen ahí para limar las aristas de la vida y para dar testimonio de que no sólo de pan vive el hombre, sino también de toda la belleza que sale de su inteligencia y de sus manos.

 

La Artesanía III (continuación…)

Viernes, Febrero 27th, 2009

¿Últiles decorativos o para uso diario?
A medida que fueron apareciendo en el mercado los útiles necesarios para el desarrollo de la vida doméstica a un precio asequible y que las economías familiares fueron permitiéndose adquirirlos, las piezas artesanas han pasado a convertirse, en gran parte, en objeto de decoración y coleccionismo. A partir de los años sesenta, debido a un mayor conocimiento del sector y a la valoración cultural y social que del mismo se hace, la artesanía canaria ha adquirido un gran protagonismo. La difusión realizada en los últimos tiempos ha contribuido, sin lugar a dudas, a que cada día sean más los que saben apreciar y amar las obras que nacen del ingenio del pueblo y de la habilidad de sus manos.
La Madera
La artesanía también se ve plasmada en la arquitectura popular de las Islas, en sus fachadas geométricas y frescos patios interiores, donde abunda la piedra, que complementada con la cal y sobre todo la madera, en especial la tea, se convierten en puertas, ventanas, balcones, celosías y artesonados rústicos o finamente trabajados y que resisten el paso de los años, para dar constancia de una laboriosidad realizada en la búsqueda de soluciones prácticas con sentido artístico, que son una constante en todas las construcciones tradicionales.
Pero no quedó ahí el papel preponderante de la madera, que reforzada en ocasiones con el metal, abasteció a los habitantes de las islas de elementos para el propio trabajo artesanal, para el uso personal o para las carretas, medidas agrarias, instrumentos musicales, aperos, muebles varios, barcos de pesca y mercantes, útiles domésticos, barricas para vino o ron, lagares, cachimbas, chácaras y tambores, herramientas, juguetes y otros muchos elementos elaborados con madera. Aparte de una pretensión utilitaria de la misma, el artesano ha tenido siempre una intención estética que ha dado lugar a las existencia de oficios complementarios de la carpintería como la “talla”, la taracea, el dorado y el barnizador a muñeca, entre otros, que han contribuido a la creación de piezas singualres. Abundan en ellas los motivos geométricos de líneas rectas y curvas en un sinfín de composiciones de inspiración mudéjar, de las que destaca el denominado “picadillo canario”, presente en cofres, joyeros, cajas de puros, arcones, portacuchillos, marcos, talleros y muebles.
La Cestería
Con técnicas importadas de otras latitudes, unidas a las heredadas de la población prehispánica, se desarrolla uno de los oficios más antiguos del mundo, la particular y variada cestería canaria, realizada en palma, castaño, membrillo, mimbre, tagasaste, moral, caña, afollado, escobón, centeno, anea o pírgano de las palmeras, que dio solución a las necesidades de envases, piezas de ajuar, serones, nasas, tambores de pesca y toda una serie de objetos que han demandado las faenas agrícolas y pesqueras.
Se denomina cestería mayor a la elaborada por hombres a base de grandes urdimbres de gruesas varas fuertes y resistentes a fin de obtener recipientes de larga durabilidad, pese a estar sometidos a las duras labores del campo; en los que por lo general se flanquean sólo las varas de urdido, ya que las de la trama se utilizan simplemente rajadas, dando a las piezas un aspecto rústico y un colorido característico de gran belleza decorativa. Entre los materiales utilizados destacan el castaño, el mimbre y el pírgano.
La cestería menor, dedicada a generar piezas domésticas y de uso personal es practicada generalmente por mujeres, que le incorporan su impronta creativa con una sensibilidad peculiar.
Cuchillos CanariosEl Cuchillo Canario
Junto a estas variantes se conservan otros oficios del metal, como la forja en usos de arquitectura, labranza, mobiliario, pesca y variedad de cuchillos de reconocida fama, elaborados con materiales diversos que han llegado a convertirse en verdaderas joyas por su uso y ejecución. El cuchillo canario es una de las piezas de artesanía más buscadas y más conservadas por el campesino de las Islas, antes de que apareciera su sofisticación en variantes de plata y alpaca cuya fama ha traspasado fronteras. Su elaboración consiste en un riguroso proceso, que se puede resumir en las siguientes fases: seleccionados los metales, se procede a su forjado en bruto utilizando la fragua y diversas herramientas hasta conseguir la forma deseada. Con distintas limas se realiza el ajuste para continuar con el afilado, terminación y pulido de la hoja. Para la elaboración del cabo se usan los mismos materiales metálicos que para la hoja añadiéndole diversas piezas de cuernos de toro, macho cabrío, carnero, marfil, nácar, pasta y otros materiales. A continuación, se procede a dar forma a los correspondientes casquillos, empleándose para ello los citados materiales metálicos; le sigue la realización de las “pastillas” cuadradas o circulares y de distinto grosor con la utilización del fuego. El encabado consiste en la introducción de las citadas piezas en la espiga de la hoja; y una vez colocadas se da forma al cabo, que será traspasado a un alambre en el mismo orden en que estaban para realizar las incrustaciones de los metales en cada una de ellas, formando dibujos que están en relación a la riqueza y complejidad que se quiera dar a la pieza. Terminadas las respectivas incrustaciones, se procede de nuevo a ensamblar el cabo en la espiga, y una vez ajustadas las piezas y repasadas sólo queda el pulido para rematar tan singular pieza.

La Artesanía II (continuación…)

Viernes, Febrero 20th, 2009

Para entender mejor la diversidad de la producción artesana de las islas en lo que se refiere a mobiliario, piezas de ajuar, aperos, arquitectura popular, utensilios de uso personal y de decoración, es necesario hacer un recorrido por la historia y la geografía de un territorio fragmentado donde conviven labores de abolengo, ingenios de la vida rural y marinera y toda una serie de primores salvados de los embates del tiempo. Gracias a la influencia de los vientos alisios, Canarias goza de un clima subtropical, lo que la hace beneficiaria de poseer las mejores condiciones para la producción de materias primas con que elaborar las numerosas variantes artesanas que perviven en todo su territorio. La región isleña, tan particular y variada en matices, es una auténtica reserva de oficios del recuerdo, lo que origina una artesanía de las más interesantes y mejor conservadas de España. Se hace difícil volver de cualquier isla, sin haberse encaprichado de alguna pieza artesana realizada de forma predominantemente manual y de elaboración basada en técnicas y conocimientos transmitidos de generación en generación, con el valor añadido de ser expresión representativa de la cultura e identidad del lugar en que fueron creados.

El Oficio de Artesano: Los artesanos canarios, notables y reconocidos en cada isla, siguen realizando piezas que fueron claves en la vida cotidiana y hoy día, aunque hayan sido sustituidas por otras, perviven porque sus formas resultan particularmente estéticas, sensibles y armoniosas en su centenaria sencillez. Cada isla posee, sin haberlo pretendido, unas variantes artesanas que, por tradición, sofisticación de técnicas de ejecución o calidad, la identifican entre el conjunto de las artesanías que componen el amplio repertorio de oficios vigentes. Los oficios artesanos resumen todos los valores básicos y bondadosos que se esperan de una pieza: materiales seleccionados y tratados con técnicas heredadas, un proceso de producción honesto y un resultado genuino.

El ingenio de un pueblo rural y costero, donde trabajo, ocio y costumbres aparecen en toda su pureza, viene reflejado en su peculiar manera de hacer frente a las necesidades cotidianas, combinando el sentido de la utilidad con el atractivo de las formas, la durabilidad de las manufacturas y la sencillez de sus procesos. Todo ello está basado en un ejercicio, nunca interrumpido, de tradición popular. En las numerosas oleadas de inmigrantes que llegaron al archipiélago vinieron maestros de obra, canteros, abañiles, pedreros, carpinteros, herreros y constructores anónimos que propagaron sus conocimientos, y sobre todo crearon una tradición que aún pervive, pródiga en funcionalidad, refinamiento y formas estéticas. Aprovecharon lo que la naturaleza les brindó para aportar nuevas reminiscencias a una artesanía que conserva los orígenes castellanos, las gracias andaluzas y la sencillez portuguesa, todo ello modificado por la impronta personal de los canarios que han sabido agudizar su ingenio para solventar las múltiples necesidades en los diferentes entornos.

 

El Habla Canaria, Un “Español Atlántico”

Viernes, Enero 16th, 2009
Bernegal Orígenes: El habla de los hombres y mujeres andaluces fue el punto de arranque y base fundamental del español hablado en Canarias (de allí proceden apellidos isleños como Cabrera, Camacho, León, Martel, Mesa, Morales, Negrín, Padilla, Palenzuela, Sánchez, Vera, etc.) , que se establecieron en las islas para que se perpetuasen en ellas sus primeros conquistadores y señores territoriales europeos como Jean de Bethencourt, el Conde de Niebla, Guillén Peraza, Guillén de las Casas, Diego García de Herrera, Pedro Hernández de Saavedra, Juan Rejón, Pedro de Vera, Alonso Fernández de Lugo, etc., desde principios del S.XV, en que se ocuparon las que se denominaron “islas del señorío” (Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro y La Gomera)  hasta finales de ese mismo siglo en que se ocuparon y conquistaron las que se denominarían “islas de realengo” (Gran Canaria, La Palma y Tenerife). Este habla procedente del reino de Sevilla presentaba unos rasgos léxicos, fonéticos y gramaticales particulares que la diferenciaban del habla usada en el centro-norte peninsular.
Gramática: El plano gramatical se caracterizaba por la conservación de determinadas formas y construcciones ya desaparecidas o en proceso de desaparición del español septentrional. Así, en la morfología nominal, predominan los sufijos -ito e -illo (frente a -ico e -ín), como pone de manifiesto la vieja toponimia de las islas, plagada de diminutivos como Las Caletillas, La Atalayita, El Cotillo, Barranquillo, La Rajita, etc.
En el ámbito verbal, el llamado pretérito indefinido (comí, canté, bebí) se usaba para expresar acciones pasadas en general, tanto remotas como inmediatas o recientes, en tanto que el pretérito perfecto (he comido, he cantado, he bebido) se empleaba exclusivamente para expresar acciones durativas o reiteradas que se prolongan hasta el presente. Para el pretérito imperfecto de subjuntivo, se prefería la forma en -ra (saliera, viniera…), en contra de la norma septentrional, que prefería la forma en -se (saliese, viniese…).
A nivel sintáctico, se mantenía la costumbre de posponer al núcleo verbal los pronombres complementarios (lo, le, se, me, nos, te, vos) (díceme, márchase, voyme…), frente a la norma septentrional, donde empezaba a apuntar el hábito de ubicarlos antes del término nuclear. En combinación con el pronombre cuantitativo más, los indefinidos existenciales negativos nadie, nunca, nada solían aparecer en segundo lugar (más nunca, más nada, más nadie), y no en primer lugar (nunca más, nada más, nadie más), como exigía la norma central.
CardónVocabulario: En el plano léxico destacaba, por encima de todo, la conservación de determiandas voces (rejertear  ‘discutir airadamente’, bezo  ‘labio’, alongar  ‘alargar’, bernegal  ’tinaja’, liviano  ‘leve’, abaldonar  ‘abandonar’, aguaitar  ‘acechar’, ajuiciar  ’incitar’, turbón  ‘aguacero violento con viento’, parar  ’poner de pie’, embazar  ‘quedarse sin aliento’, etc.) desaparecidas ya o en peligro de desaparecer en la forma moderna del idioma, y el predominio de un vocabulario campesino (barcina ‘red de mallas anchas para transportar grano o paja en el camello’, tetera ‘pezonera’, toril ‘corral para guardar el ganado’, eriazo ‘terreno erial’, gárgola ‘vaina del garbanzo’, cangalla ‘instrumento para transportar los haces a lomo’…) y de la vida doméstica (afrecho ’salvado’, geremiquear ‘lloriquear’, embelesarse ‘ adormecerse’, chícharo ‘guisante’, blanquizal ‘ terreno calizo’, blandura ‘relente, rocío’…) y de ciertas frases hechas (meter las cabras en el corral a alguien ‘ asustarlo’, estar más flaco que un cangallo ‘ estar muy flaco’…) propiamente andaluzas.
Formación: Sobre esta modalidad lingüística hispánica profundamente conservadora, van a empezar a ejercer inmediatamente una influencia más o menos intensa, según los casos, las hablas y lenguas del resto de regiones implicadas en la formación de la sociedad hispano-canaria. Como es lógico, esta influencia lingüística afectaba sobre todo al plano léxico, que es el más permeable al préstamo lingüístico, y en menor medida a los planos fónico y gramatical.
Influencia francesa: Primero, mentar la influencia que ejerció el francés hablado por el grupo de soldados y agricultores franco-normandos (apellidados Dampierre, Proudhomme, Meilland, Bethencourt, Armes, Maréchal, Verrier…, de donde proceden con toda probabilidad los actuales apellidos canarios Umpiérrez, Perdomo, Melián, Betancor, Armas, Marichal, Berriel, etc.) que se establecieron con Jean de Bethencourt. Aunque se trata de un grupo humano que se castellanizó muy pronto, es bastante probable que, antes de hacerlo, traspasaran al español isleño elementos de su vocabulario de referencia, como chardon ‘determinada planta de hojas espinosas’, marette ‘pantano’, mouvais pays ‘terreno volcánico’, feble ‘de poca consistencia, fofo’, ‘flojo’,  pageot ‘aligote’, alchanne ‘planta herbácea de cuyas raíces se extrae tinte rojo’, etc., probable origen de las voces canarias tradicionales cardón ‘especie de lechetrezna’, mareta ‘hondonada grande hecha en el terreno para recoger el agua de lluvia’, malpaís ‘terreno volcánico’, finfle ‘de poca consistencia’, fofo ‘flojo’, payete ‘pajel cuando es pequeño’ y alicán ‘planta herbácea de cuyas raíces se extrae tinte rojo’. El proceso de adaptación no tuvo que ser muy complicado ya que se trata de voces de una lengua de la misma familia que la lengua que las acogió con patrones fónicos, gramaticales y léxicos muy parecidos a los de la lengua española que trajeron a las islas los primeros peninsulares que las habitaron.
Influencia guanche: En segundo lugar, ejercieron cierta influencia las lenguas (sin duda alguna, de la familia camito-bereber, como pone de manifiesto la misma estructura gramatical de los restos guanches en el habla insular) que hablaba la población aborigen de las islas al tiempo de la llegada de los castellanos.
Antes de ser “absorbida” por la nueva masa poblacional europea, esta población sometida (de donde proceden los viejos apellidos canarios como Bencomo, Guanche, Chinea, Tacoronte, etc., y antropónimos como Doramas, Guayarmina, Dácil, Guacimara, Nauset…), en principio mucho más numerosa que aquélla, traspasó al habla de los nuevos pobladores una serie de nombres comunes referidos sobre todo a la actividad ganadera (baifo ‘cría de la cabra’, jaira ‘cabra doméstica’, beletén ‘leche que da la cabra los primeros días después de parida, calostro’, tafor ‘ídem’, tajorase ‘macho cabrío joven que todavía no puede cubrir a la cabra’, guanil  ‘animal que no tiene marca’, puipana ’se dice de la cabra de color blanco con manchas canelas, o a la inversa’, gambuesa ‘corral grande de piedra para recoger el ganado de suelta’, ambracásaca ’se dice de la res de color canelosa salpicada de lunares blancos’, etc.), a la flora (tabaiba ‘determinado arbusto euforbiáceo’, mocán ‘especie arbórea’, tajinaste ‘especie de arbusto borragináceo’, tagasaste  ‘especie de arbusto leguminoso’, etc) a la fauna (perinquén ‘especie de salamanquesa’, guirre ‘alimoche’, tamasma ‘aguzanieves’, etc) a la vida doméstica (gofio ‘harina gruesa de grano tostado’, tafeña ‘millo o trigo tostado que se come en grano’, pírgano ‘tallo de la hoja de la palmera’, tenique ‘cada una de las piedras del hogar’, gánigo ‘vasija de barro de forma semiesférica’, tofio ‘ vasija de barro con punta acanalada’, etc.) y un número mucho mayor de topónimos (Tacoronte, Tejeda, Telde, Tuineje, Tindaya, Taburiente, Tazacorte, Tamaimo, Teguise, Yaiza, Chipude, Tiagua, Icod, Taganana, Teror, Tefía, Orotava, etc.).
El hecho de pertenecer a un sitema lingüístico totalmente distinto determinó que en muchos casos se produjeran tales reajustes fónicos, léxicos y gramaticales para adaptarse a la lengua española, que resulta prácticamente imposible determinar su verdadero origen en las lenguas bereberes. Es lo que sucede con baifo, tajorase, gambuesa, tamasma, etc. En otras ocasiones, por contra, los parelelismos son más evidentes, como ocurre en los casos de los guanchismos tagoror, guirre, tajinaste, time, tenique, etc relacionados con las voces bereberes tagrut ‘patio, cercado, redil’, igider ‘alimoche’, tainast ‘especie de planta borraginácea’, timmi ‘acantilado, frente de una montaña’, inek ‘piedra del hogar’, respectivamente.