La Música Canaria. La “canción canaria”.
Martes, Octubre 27th, 2009En la segunda mitad del siglo XX suceden las islas una serie de profundas transformaciones que marcan un antes y un después en la concepción de la música tradicional. El cambio de hábitos culturales, la irrupción de los medios de comunicación y el desplazamiento a sectores productivos diferentes condicionaron que la música que estaba ligada a esa “forma de ser” cambiara de sentido. El surgimiento de los llamados “grupos folclóricos” y los luego denominados “grupos de música popular”, fue modificando la antigua concepción de la música y la danza, pasando de folclore a espectáculo folclórico, ya que pasó de expresarse libremente a cantarse y bailarse en un escenario y para un público espectador.
La cultura musical de los propios cultores se incrementó, de manera que las antiguas formas y estilos musicales se fueron puliendo, armonizando y estandarizando, al tiempo que se coreografiaban las danzas para su mayor vistosidad.
Son muchos los marcos sociales y festivos donde la gente se manifiesta a través de la cultura musical de manera espontánea, de la misma manera que muchos complejos rituales siguen casi inalterados.
Al igual que ocurriera en otros muchos pueblos, entre los improvisadores y transmisores de la literatura y la música tradicional surgió la figura del compositor. Impulsados por la posibilidad de que algunos cantantes isleños pudieran lanzarse a la carrera como “vocalistas”, algunos músicos comenzaron a esbozar melodías y letras que bebían de ritmos o motivos tradicionales. Pompeyo Pérez fue uno de estos compositores y Agustín Bermúdez uno de sus cantantes. Temas como “Alma Canaria” o “De ti para mi” son algunos ejemplos de canciones compuestas por ambos. Abierto el camino, algunos otros se animaron a la tarea de hacer canciones de una temática quizás algo limitada. Igual que ocurre en cualquier sociedad de carácter rural, la exaltación de las bellezas paisajísticas, el amor a la madre y el atractivo de las féminas locales fueron los motivos más recurrentes a la hora de componer canciones. Unidos a estos, otros argumentos como la socarronería del “mago” o la nostalgia del emigrante fueron cantados por solistas y grupos. La herreña María Mérida y la grancanaria Mary Sanchez han sido las portavoces feminas más conocidas y dignas representantes de esta tendencia. Grupos y/o trios que han dejado huella vienen representados por nombres como Los Huaracheros, El Trío Acaymo y, más adelante en el tiempo, Añoranza y Garoé.
Sin duda el colectivo que lleva la canción canaria a una amplia aceptación popular es Los Sabandeños, ayudados además por los medios de comunicación y las grabaciones discográficas. Es difícil marcar los límites entre lo que podemos considerar folclore y lo que damos en llamar “música popular”. Como diferencia digamos que al segundo grupo pertenecen aquellas canciones más o menos recientes de las que se conoce su autor y que están basadas en patrones rítmicos y melódicos de la música tradicional. Las primeras canciones que aparecen en este sentido hacen alusión a la belleza de algunos pueblos de las Islas.
Algunos ejemplos son San Juanito de Juan del Río Ayala y el maestro Herrera, Campanas de Vegueta de José Maria Millares, La Vieja Farola de M. Perdomo y E. Bastarda, Ay Teror y Sombras del Nublo, de Néstor Álamo, La Lucha Canaria y De Tenderete, de Elfidio Alonso.
Asimismo, el caudal de canciones se va nutriendo de autores que aportan letras de gran calidad al repertorio de los diferentes grupos. Sindo Saavedra, Manuel Haro, Juan Carlos Monteverde, Esperanza Arrabé… Nombres de “copleros” que han sacado cada vez más posibilidades a la lírica popular. Las voces que cantan estas melodías también se hacen eco de la proliferación de estos géneros, con Mari Carmen Mulet, Mariví Cabo, Candelaria González, Cali Fernandez, Beatriz Alonso, José Manuel Ramos, etc…
De una forma paralela los cantautores comienzan a utilizar la música y las métricas populares para ir introduciendo letras con mayor contenido social, y poético, hasta llegar a lo que podríamos considerar la “Nueva Canción Canaria”. Iniciado con la audaz formular del grupo Taburiente, el Fol. Y canción de autor se dan la mano en no pocos experimentos, muchos de los cuales obtuvieron excelentes resultados estéticos.

Isa: La Isa es un canto y baile de carácter festivo, en ritmo ternario, que se suele interpretar en romería y celebraciones patronales por su carácter colectivo y alegre. Puede considerarse como una derivación de la Jota peninsular. Sobre el origen de la palabra nadie ha ofrecido versiones suficientemente probadas como para verificar la raíz de la misma, si bien algunos autores relacionan el nombre de Isa con su vocablo astur-leonés que significa “salta”. Lo que está claro es que numerosas isas canarias conservan en sus introducciones melódicas muchos de los desarrollos propios de jotas peninsulares y muchas de las coplas y estribillos tienen su exacto referente en versiones de diversas localidades españolas. Existen multitud de variantes en todas las islas. Se cree que junto con las Folías y las Malagueñas, este género llegó a Canarias durante el siglo XVIII.
Tajaraste: Es uno de los pocos legados aborígenes que nos queda en Canarias. Según algunos autores, el Tajaraste era una especie de pandero grande que ya empleaban los guanches en sus danzas. Actualmente, este género musical es utilizado sobre todo para acompañar danzas procesionales y rituales de Tenerife, como los bailes de cintas o los diferentes “Balies del Niño” o para otros fines como puede ser el caso de La Matanza de Acentejo. Asimismo, en la isla de La Palma y dentro de las festividades propias de Navidad, el Tajaraste está presente en diversas formas, siempre con el mismo sentido votivo al Niño Dios.
Santo Domingo: Bajo este genérico nombre se ejecutan versiones diferentes en todas las islas, excepto Fuerteventura. Sus orígenes se encuentran en una leyenda medieval ligada al Camino de Santiago que se hizo popular en todo el ámbito europeo, trascendiendo en algunas manifestaciones como el Santo Domingo en Canarias. Dicha leyenda hace alusión al milagro de Santo Domingo de la Calzada, aún hoy recordado por el gallo y la gallina que se encuentran en la iglesia de la locallidad riojana del mismo nombre. Sobre todo, cabe destacar el de La Gomera, interpretado con chácaras y tambor como baile de salón, el de Gran Canaria (interpretado con cuerdas), el de El Hierro, que no se canta y sirve para acompañar el cortejo ritual de la Bajada de la Virgen de los Reyes, y el de Tenerife, probablemente el más conocido, que sirve de puente entre el Tanganillo y el Tajaraste: “Santo Domingo de la Calzada, llévame a misa de madrugada”
La música tradicional es anónima, colectiva, funcional, contemporánea aunque con anclajes al pasado y casi siempre mestiza y plural… Nuestro enclave geográfico y las particularidades históricas que nos definen, consumaron en las islas la alquimia en la que se han ido mezclando ingredientes de varias culturas. Contamos con un patrimonio que tenemos que conservar, autentificar y volver a depositar en las futuras generaciones y aunque nuestro concepto de cultura popular ha de ampliarse, no puede pasar por alto el fenómeno de la “desterritorialización” que alude no sólo a la movilización de los grandes grupos étnicos y culturales por todo el planeta sino a una pérdida de las raíces culturales y a una disolución paulatina de la conciencia de filliación a un grupo, a una lengua, a una cultura.
Definir lo que es floclore y lo que no lo es resulta muy difícil. Las músicas y las tradiciones de un pueblo están tan vivas como lo pueden estar los habitantes de una comunidad y esto quiere decir que cambian, evolucionan, se mezclan y mueren. En primer lugar, deberemos tener en cuenta que el floclore siempre se trasmite de forma oral y de una generación a otra, nunca a través de partituras o libros. Claro que se puede escribir en partitura una aproximación de una melodía tradicional pero sólo será eso: una aproximación de algo que tiene muchas variantes y formas, así como giros interpretativos que no se pueden llevar al papel y son parte consustancial de esa melódía. Por otro lado, en cada generación, en cada pueblo e incluso en cada persona se dan aportaciones personales de estilo, que hacen que una melodía, danza o género floclórico vaya cambiando con el paso del tiempo, con pequeñas modificaciones que aporta cada intérprete.
Bordados y Calados: En contraste con la cálida trapera que aprovecha recortes y retales, están los bordados y calados, con una ganada fama de siglos más allá de las fronteras. Los bordados palmeros, herencia de colonos de Flandes y Portugal, generaron talleres donde se diseñaron y estamparon dibujos al gusto francés con un procedimiento artesanal que en la isla se denomina “cisnado”; se bordaron con primor y sirvieron a fines litúrgicos, ajuares, uso personal y decoración. Bordados y calados han sido en este siglo la base de la artesanía canaria, cuya producción se ve envuelta en una cierta incertidumbre por la competencia de las casas de bordados de Madeira y Azores y más tarde por al llegada a las islas de contingentes de producción oriental que emula el producto canario con peores materiales, lo que les permite unos precios muchos más competitivos. Las Telas y los Hilos se han convertido en el gran problema de las labores textiles, agravado desde que por razones de dos guerras mundiales cortasen las importaciones de Irlanda, Bélgica y Alemania y aunque se han buscado nuevos proveedores sigue sin encontrarse los soportes ideales para unas labores que dependen fundamentalmente del material con que se realizan. Analizando la problemática que pesa sobre este sector, puede considerarse casi milagrosa su supervivencia; quizá la explicación más razonable se encuentre en el valor añadido del perfeccionismo de los trabajos realizados en las islas, que no han podido ser superados por otros productores. Es fácil contemplar en cualquier labor textil canaria la sencillez de los diseños, la mimada ejecución y sobre todo la cuidada elección de materiales, colorido y puntos a emplear en cada caso y que se seleccionan en función de la trayectoria del dibujo, la estética o, sencillamente por la necesidad de calado o remate que la prenda pueda exigir. Para los expertos no faltan entre estos puntos: presillas, realaces, ojetes, barras, punto de lado, granos de arroz, cadenetas…y otros puntos que proceden de distintos estilos de bordados, entre los que predomina el bordado inglés.
El Cuchillo Canario
El Oficio de Artesano: Los artesanos canarios, notables y reconocidos en cada isla, siguen realizando piezas que fueron claves en la vida cotidiana y hoy día, aunque hayan sido sustituidas por otras, perviven porque sus formas resultan particularmente estéticas, sensibles y armoniosas en su centenaria sencillez. Cada isla posee, sin haberlo pretendido, unas variantes artesanas que, por tradición, sofisticación de técnicas de ejecución o calidad, la identifican entre el conjunto de las artesanías que componen el amplio repertorio de oficios vigentes. Los oficios artesanos resumen todos los valores básicos y bondadosos que se esperan de una pieza: materiales seleccionados y tratados con técnicas heredadas, un proceso de producción honesto y un resultado genuino.
Orígenes: El habla de los hombres y mujeres andaluces fue el punto de arranque y base fundamental del español hablado en Canarias (de allí proceden apellidos isleños como Cabrera, Camacho, León, Martel, Mesa, Morales, Negrín, Padilla, Palenzuela, Sánchez, Vera, etc.) , que se establecieron en las islas para que se perpetuasen en ellas sus primeros conquistadores y señores territoriales europeos como Jean de Bethencourt, el Conde de Niebla, Guillén Peraza, Guillén de las Casas, Diego García de Herrera, Pedro Hernández de Saavedra, Juan Rejón, Pedro de Vera, Alonso Fernández de Lugo, etc., desde principios del S.XV, en que se ocuparon las que se denominaron “islas del señorío” (Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro y La Gomera) hasta finales de ese mismo siglo en que se ocuparon y conquistaron las que se denominarían “islas de realengo” (Gran Canaria, La Palma y Tenerife). Este habla procedente del reino de Sevilla presentaba unos rasgos léxicos, fonéticos y gramaticales particulares que la diferenciaban del habla usada en el centro-norte peninsular.
Vocabulario: En el plano léxico destacaba, por encima de todo, la conservación de determiandas voces (rejertear ‘discutir airadamente’, bezo ‘labio’, alongar ‘alargar’, bernegal ’tinaja’, liviano ‘leve’, abaldonar ‘abandonar’, aguaitar ‘acechar’, ajuiciar ’incitar’, turbón ‘aguacero violento con viento’, parar ’poner de pie’, embazar ‘quedarse sin aliento’, etc.) desaparecidas ya o en peligro de desaparecer en la forma moderna del idioma, y el predominio de un vocabulario campesino (barcina ‘red de mallas anchas para transportar grano o paja en el camello’, tetera ‘pezonera’, toril ‘corral para guardar el ganado’, eriazo ‘terreno erial’, gárgola ‘vaina del garbanzo’, cangalla ‘instrumento para transportar los haces a lomo’…) y de la vida doméstica (afrecho ’salvado’, geremiquear ‘lloriquear’, embelesarse ‘ adormecerse’, chícharo ‘guisante’, blanquizal ‘ terreno calizo’, blandura ‘relente, rocío’…) y de ciertas frases hechas (meter las cabras en el corral a alguien ‘ asustarlo’, estar más flaco que un cangallo ‘ estar muy flaco’…) propiamente andaluzas.