Creencias y Ritos
La religión impregnaba todos los aspectos de la vida. Su concepción del mundo era esencialmente religiosa. Creían en un dios supremo que estaba en lo alto, señor de la tierra y del cielo, creador de todas las cosas, de la lluvia, de la luz, y de todo lo que crecía y nacía. Algunos indicios lo asocian al sol: “Adorábamos al sol naciente” declararon unos canarios esclavos del sultán de Marruecos hacia 1350. La luna era otra divinidad que, además, regulaba su calendario. Creían también en unos espíritus maléficos que causaban temor, eran origen de enfermedades y ocasionaban males, de nombre Tibicena en Gran Canaria, Hirguan en La Gomera, Iruene en La Palma o Guayota en Tenerife. Por último, también los espíritus de los antepasados tenían una importancia notable. En Tenerife, los menceyes juraban sobre un hueso del primero de su linaje y en Lanzarote y Fuerteventura creían que los espíritus de sus antepasados andaban por los mares y se manifestaban en forma de nubecitas cuando sus parientes los llamaban en las fiestas del solsticio de verano.

Existieron grandes cultos colectivos en los que participaban varios bandos, otros que afectaban a los miembros de un linaje y cultos domésticos. Las funciones de dichos cultos eran diversas. Los más conocidos servían para solicitar lluvia. Y si los cultos domésticos eran realizados por los miembros de la propia familia, en otros de mayor alcance intervenían personajes religiosos. En Gran Canaria estaba el faykag , miembro de la familia guanartémica con funciones religiosas, sociales y econñomicas; y también intervenían en determinados ritos las harimaguadas, jóvenes vírgenes de la nobleza. Asímismo, en Tenerife también hubo varias categorías religiosas, entre las que destaca el guañameñe, hombre santo y divino. Algo similar serían las adivinas de La Gomera y El Hierro y las profetisas Tibiabin y Tamonante de Fuerteventura. Pero algunas ceremonias muy solemnes eran presididas por el propio jefe, como hacía el Mencey en el momento simbólico de iniciar la siembra.
Existió una gran variedad de ritos mágico-religiosos. Muchos lugares de culto estaban en la cima de las montañas, consideradas medianeras entre la tierra y el cielo. En Fuerteventura y Lanzarote hubo templos o casas de oración, llamados efequenes, donde hacían ofrendas de leche y manteca. En La Palma tenían amontonamientos o “pirámides” de piedras, donde se reunían para celebras sus fiestas religiosas. En Tenerife hay cuevas que la tradición denomina “iglesias de los guanches”, entre ellas la de Achbinicó o de San Blas. En Gran Canaria existieron casas de oración llamadas Almogaren, donde se encomendaban a su dios.
