Desmintiendo algunos tópicos
Cuando hablamos de los aborígenes en algunas ocasiones creamos tópicos etnocéntricos, como que aquí vivía muy poca gente y casi todos murieron en la conquista, que tenían culturas “neolíticas”, que “sólo” eran culturas de pastores; o, por contra, que eran muy altos, rubios y vivían felizmente en armónico equilibrio con una naturaleza pródiga. Esto se debe, por un lado, a la posición ideológica de cada cual. Por otro, a que la arqueología y la antropología canaria surgieron entre el romanticismo y la arqueología-antropología racista, y crearon una determinada imagen del indígena que aún hoy cuesta erradicar.
Desde luego que estaban más “atrasados” tecnológicamente que los europeos, aunque “desarrollo” y “atraso” son categorías relativas y algo euro céntricas. Es un disparate decir que era una cultura neolítica, porque los que vinieron a poblar las Islas habían superado el neolítico prácticamente al mismo tiempo que en la península Ibérica, hacía casi dos mil años. La población total puede que superase las 80000 personas, cifra relativamente alta comparada con muchas zonas de Europa en aquella época, y no desaparecieron todos, porque los estudios genéticos señalan que en la población canaria actual, junto a los aportes posteriores a la conquista, se detectan huellas genéticas de los aborígenes en torno al 50% de los linajes maternos y en un 8% de los paternos. El mito de que eran muy altos y rubios ya ha remitido, pero queda por erradicar la idea romántica de una sociedad justa, pues había desequilibrios sociales. Tampoco vivían en armonía con la naturaleza, porque transformaron algo el paisaje e incluso contribuyeron al retroceso o extinción de varias especies animales y vegetales
