El Habla Canaria (continuación…)
A modo de síntesis de lo anterior señalar las principales características del español hablado en Canarias sobre el S.XV: Como ya señalamos, el origen del habla canaria se encuentra en el español que hablaban los soldados y colonos andaluces que llegaron a las islas a principios del siglo XV, para su conquista y colonización y algunas de las características más reseñables de este modo de hablar son las siguientes: A nivel fónico:
- Reducción de la diferenciación consonántica entre /s/ – /z/ a un solo fonema silbante, el seseo.
- Conservación de la /f-/ latina aspirada.
- Preservación de la /s/ final de sílabas.
A nivel gramatical:
- Uso etimológico de la oposición pronominal lo/le: lo como complemento directo y le como complemento indirecto
- Uso del pronombre personal de la segunda persona del plural para designar tanto al oyente plural como al singular de manera respetuosa.
A nivel léxico, predominio del vocabulario español patrimonial, con ciertas características andaluzas y arabescas.
Influencia Morisca:
Muy a tener en cuenta es la influencia ejercida por la abundante población morisca capturada en la vecina costa de África e introducida en las islas a lo largo de los siglos XV y XVI. Se trataba, con toda probabilidad, de gentes bereberes con un alto grado de arabización, que se vio sometida desde un primer momento a un severo proceso de cristianización y castellanización, como ponen de manifiesto las ordenanzas de la época que “indican y ordenan que los moriscos vivan en pueblos para que aprendan la ‘doctrina’, que no hablen ‘algaravío’, ni la enseñen a sus hijos, y que no entierren a nadie en el campo como si fueran infieles”. Precisamente, de este ’algaravío’ tan reprobado por la dominante población cristiana (y no de las lenguas canarias prehispánicas, como se ha pensado en ocasiones) proceden, probablemente, voces tradicionales isleñas como majalulo ‘camello joven que todavía no puede reproducirse’ (del árabe majlul ‘camello de entre uno a cuatro años’), téfana ‘rodilla de las patas traseras del camello’ (del bereber ttéfne ‘rodilla del camello’), ¡fuche! ‘grito que se da al camello para que se arrodille’ (del árabe wets! ‘grito para detener o hacer arrodillar al camello’), tasufre ‘odre, zurrón’ (del bereber tasufre ‘zurrón hecho de piel de cabra’), arife ‘aire muy caliente que produce un calor sofocante’ (del árabe irife ‘siroco’), tabique ‘suero que se desprende de la leche cuajada y que se usa como alimento de las personas’ (del árabe tabik ‘ídem’), hubara ‘avutarda’ (del árabe hubara ‘ídem’), etc. generalmente relacionadas con las actividades laborales que les tocó desempeñar con más frecuencia.
Influencia Portuguesa:
Por último, hemos de tener en cuenta la profunda y marcada influencia que ejerció la lengua hablada por los grupos poblacionales portugueses (de donde proceden los actuales apellidos canarios Caraballo, Dorta, Sosa, Yanes, Bacallado, Lima, Melo, Stinga, Castro, Pereira, Pires, Viera, Fariña, Coello, Saa, Corujo, Pestano…), procedentes del Portugal peninsular y de los archipiélagos de Madeira y Azores. La pertenencia de este país a la corona española entre 1581 y 1640 (bajo el reinado de Felipe II), el prestigio del que gozaba entonces la lengua protuguesa en todo el territorio español, las produndas semejanzas que ésta guarda con su hermana castellana y el prestigio social que disfrutaba en la sociedad isleña la laboriosa población que la hablaba, determinaron que su influencia se hiciera sentir en casi todos los ámbitos del vocabulario de la lengua hablada en las islas.
Vocabulario agrícola: En el terreno agrícola, nos legó voces como ‘trastón’ ‘muro de contención de la gavia’ (derivado de traste ‘muro de contención que ladea la atarjea’), natero ‘pequeño huerto que se hace en los cauces del barranco’ (de nateiro ‘capa de lodo y detritus que se forma en el agua de lluvia’), grelo ‘tallo que echan las papas y otras demillas’ (de grelo ‘germen, brote de las palntas’), cotio ‘se dice del higo verdoso por fuera y con la pulpa rojiza’ (de cotio ‘casta de higuera del Algarve’), frescal ‘haces de mollos’ (de frascal ‘ídem’), etc.
Vocabulario marinero: Voces como leito ‘cubierta de proa y popa de las pequeñas embarcaciones pesqueras’ (de leito ‘ídem’), tavante ‘zona de la proa del barco de pesca’ (de anteavante ‘ídem’), torno ‘agujero que tiene el barco de pesca en el fondo para desaguar’ (de torno ‘orificio por donde se saca el líquido de algo’), esposar ‘quitar con un trapo el agua que queda en el fondo del barco tras haberlo achhicado’ (de esponsar ‘ ídem’), maresía ‘aire cargado de humedad marina’ (de maresia ‘olor que desprende el mar cuando baja la marea’), sarda ‘determinada especie de tiburón’ (de sarda ‘ídem’), chucho ‘determinada especie de raya’ (de xuxo ‘ídem’), chumbo ‘peso del aparejo de pesca’ (de chumbo ‘pedazo de plomo que guarnece las redes’), rociega ‘ancla pequeña usada para sacar cosas del fondo marino y para fondear pequeñas embarcaciones’ (de rocega ‘ídem’), orasa ‘viento no muy fuerte’ (de oure a ‘ídem’), guelde ‘determinada especie de pez pequeño’ ( de guelro ‘ídem’), ajova ‘determinada especie de pez de gran tamaño’ (de anchova ‘ídem’), etc.
Vocabulario doméstico: Voces como fonil ‘embudo’ (de funil ‘ídem’), jeito ‘ligero movimiento hecho con alguan parte del cuerpo’ (de jeito ‘ídem’), atarracado ‘bajo y rechoncho’ (de atarracado ‘ídem’), escarranchar ‘abrir mucho las piernas’ (de escarranchar ‘ídem’), mojo ‘salsa para aderezar viandas’ (de molho ‘ídem’), etc.
Esta influencia fue tan intensa, que llegó a afectar incluso al terreno de las frases hechas, con expresiones como estar algo más salado que la pilla ‘estar muy salado’; darle a la taramela ‘hablar mucho’; irse de varetas ‘caer con las piernas para el aire’; beber como un fonil ‘beber mucho y con frecuencia bebidas alcohólicas’; ni tugir ni mugir ‘expresión que se usa para indicar que alguien está anormalmente callado’; etc.
En muchas ocasiones, lo que realmente hizo el portugués fue servir de acicate para que el habla canaria actualizara determinados derivados y compuestos españoles inéditos en el resto de las modalidades del idioma: lapero ‘instrumento metálico para coger lapas’, construida a partir de la forma portuguesa lapeiro ‘ídem’; babar ‘soltar babas’, construida sobre el modelo portugués babar, de igual significado, etc.
