La Muerte
Existen suficientes indicios como para pensar que el ciclo solar estaba asociado al ciclo de la vida y de la muerte, pues los muertos se iban con el sol del ocaso y sus ánimas se manisfestaban al amanecer en momentos significativos como los solsticios. Los ritos funerarios tienen bastante que ver con la concepción de la muerte como un estado que podría definirse como de otra “forma de vida”.
Los antepasados seguían estando presentes entre los vivos de varias maneras. Así como habían poblados para los vivos también estaban las necrópolis o poblados de los muertos, a los que se enterraban con ofrendas de alimentos y algunos objetos personales: su arma, su bastón, amuletos, peines, adornos, punzones u otros utensilios de hueso, tabonas (objetos de obsidiana u otra piedra), e incluso han aparecido animales completos depositados junto al cuerpo, como perros en Tenerife y ovejas y cabras en La Gomera. En algunos casos, el cadáver se sometía a un proceso de secado previo o embalsamado. La momificación, propiamente dicha, se reservaba a las élites. Tras esto, se les envolvía en sudarios cosidos a modo de saco. Cuantas más capas tenía, mayor posición social contaba el individuo.
Las sepulturas más frecuentes eran las cuevas, donde depositaban el cadáver -sin enterrar- sobre lajas, tablones, parihuelas, ramajos o algo que lo mantuviera separado del suelo. Tras esto, el recinto se sellaba con una pared de piedra, para aislarlo de posibles depredadores animales y de las inclemencias del tiempo. En las islas en que no habían cavidades naturales suficientes, se excavaban fosas en el terreno, como se ha observado en Fuerteventura, Lanzarote y La Gomera. En Gran Canaria, se usaron, además, cuevas artificiales y túmulos (especies de montículos artificiales con que era costumbre cubrir una sepultura) preislámicos norteafricanos. El más común era una simple construcción troncocónica de piedras bajo la que se ubicaba una cista del mismo material, que consiste en cuatro losas laterales y una quinta que hace de cubierta, y que era dónde se depositaba el cadáver.
Existen túmulos con un torreón central que alberga la cista original, rodeado por uno o más anillos de muros, con cistas secundarias y una rampa o pasillo de acceso, lo que evidencia una habitual relación de los vivos con sus ancestros. Algunas de estas necrópolis tumulares se ubican en el malpaís o en terrenos de aspecto singular, rodeados de tapias.
