La Música en Canarias - Música Clásica

La incursión musical de Canarias en la cultura europea tiene lugar inmediatamente después de la conquista, a través del baile el canario y las endechas de Canarias, de presunto origen judaico aunque reelaboradas en las islas, que fueron asumidas por los más afamados instrumentistas y teóricos musicales del momento.

La creatividad musical constituye un destacado capítulo de la cultura canaria.

La Catedral de Las Palmas de Gran Canaria fue el primer centro de producción musical de relevancia de las islas. Destacan los canarios Ambrosio López, del que se conserva un salmo polifónico, y Bartolomé Cairasco de Figueroa, cuyo talento poético era muy reconocido. En torno a estos dos artistas se desarrolla una época dorada de la actividad musical en Canarias. La producción de los siglos XVII, XVIII y XIX que se conserva en el archivo de la Catedral de Las Palmas sobrepasa las dos mil piezas, en su mayoría de gran calidad artística, minuciosamente catalogada por Lola de la Torre. Hay que destacar la presencia de obras de grandes músicos españoles de los siglos XVII al XVIII, como Morales, Guerrero, Lobo, Aguilera, López de Velasco, Patiño, Capitán, Xuárez, Rodríguez de Hita, Literes, Sebastián Durón, José de Nebra, Mir, Misón, Francés de Iribarren, Fabián García, Mencia, etc. De los compositores extranjeros destaca la obra que se conserva del gran maestro portugués del S. XVII Juan Soares Rebelo, y algunas muestras manuscritas de considerable antigüedad de obras de C. Ph. E. Bach, Haydn, G.B. San Martino, etc.

 Desde fines del S XVIII se inicia una actividad musical ciudadana apoyada por ciertos sectores de la burguesía y por los propios músicos de la iglesia de la Concepción de La Laguna y de la catedral de Las Palmas; actividad creciente que culminaría, bien entrado el siglo XIX, con la aparición en el Archipiélago de las dos Sociedades Filarmónicas más antiguas de España. Este hecho ocurriría gracias a al afluencia a Canarias de maestros de gran talla. Huyendo de la invasión napoleónica, procedente de la corte portuguesa, llega a Las Palmas el compositor madrileño José Palomino, quien dejó una profunda huella musical, tanto a nivel eclesiástico (responsorios de Navidad) como profano (minuetos y sonatas para piano). Al poco tiempo llega a Gran Canaria el siciliano Benito Lentini, quien no tardó en vincularse a la catedral, para la cual compuso numerosas obras vocales e instrumentales de gran efecto y con calidades rossinianas que eclipsaron la producción de los maestros sucesores de Palomino, Joaquín Núñez y Manuel Jurado Bustamante.

La preocupación en las islas por lograr una continuidad musical se concreta durante los años treinta y cuarenta del siglo XIX en el proyecto frustrado de formar en el exterior a jóvenes músicos de gran talento. Es el caso del tinerfeño Eugenio Domínguez Guillén, cuyo próspero porvenir quedó truncado por una muerte prematura, tras realizar estudios en Madrid y Nápoles. En Las Palmas, al morir en 1846 los dos pilares del movimiento musical ciudadano Benito Lentini y Cristóbla José Millares, se crea una suscripción pública para enviar al conservatorio de Madrid al nieto de este último, Agustín Millares Torres (1826-1896), joven de inteligencia extraordinaria. Allí estudia composición con Carnicer, además de violín, piano, arpa y canto. De regreso a Las Palmas desarrolló gran labor como compositor y director orquestal, reorganizando incluso la Sociedad Filarmónica. Pero pronto fue derivando hacia otras actividades literarias y eruditas más compatibles con su profesión de notario, destacando como novelista e historiador. La filarmónica de Las Palmas se reorganizó en 1866 con el inolvidable maestro Rodríguez y Molina, hasta que en 1878 fue contratado en Madrid un joven discípulo de Arrieta, el aragonés Bernardino Valle (1850-1928). Dejó una copiosísima producción musical, entre la que destaca su cantata sobre el descubrimiento de América, que fue Premio Nacional de Música en 1892.

No podemos pasar por alto la figura de los tinerfeños Domingo Crisanto Delgado, organista emigrado a Puerto Rico, donde su fama perdura, y Teobaldo Power (1848-1884), quien se trasladó a Barcelona para formarse como pianista y compositor, y posteriormente a París, destacando como creador de obras sinfónicas y dramáticas. Durante una de sus estancias en Tenerife compuso los Cantos Canarios, pieza angular de la música en el archipiélago en aquella épocay aún vigente en el repertorio sinfónico insular. Tanto Millares y Power como Valle cultivaron la lírica teatral. Pero mientras las óperas y zarzuelas de Millares se inspiran en temas literarios puramente románticos, el contorno geográfico y humano irá invadiendo la producción lírica de los compositores insulares, como ocurre en las obras escénicas de Valle y Santiago Tejera en Las Palmas (recordemos las zarzuelas Folías Tristes y La HIja del mestre) y, luego en Tenerife, con Reyes Bartlet, Delgado Herrera o Álvarez García. Otro compositor grancanario más sofisticado, Andrés García de la Torre, logra estrenar en Milán una ópera, Rosella, cuya partitura fue impresa allí por la casa Fantuzzi. 

También a principios de siglo destaca la familia Santos en La Palma; Elías Santos Abreu compuso valses, mazurcas y zarzuelas y creó las primeras Danzas de los Enanos.

Esta actividad se prolonga hasta los años treinta en que se ve frenada por la guerra civil española. El cambio de siglo había tenido durante largos años el aliciente de las reitereadas estancis en Gran Canaria de Camilo Saint Saens, quien participó ctivamente en la vida musical isleña: se recuerdan aún sus conocidas obras para pieno, Las campanas de Las Palmas y El vlas canariote. Fue aquélla una época fecunda, dada la simultánea proliferación de intérpretes canarios de la talla del barítono Néstor de la Torre, el violinista José Avellaneda, o de guitarristas como Víctor Doreste, Carmelo Cabral, Ignacio Rodríguez, etc.

Auditorios de Tenerife y Gran CanariaLa Segunda Mitad del Siglo XX

Tras la guerra civil hubo que partir casi de cero. Vuelven a reorganizarse las Sociedades Filarmónicas en los años cuarenta, cosa que fue menos laboriosa en Tenerife debido a la ininterrumpida labor del compositor y directos insular Santiago Sabina; mientras que en Gran Canaria, tras un comienzo prometedor debido al entusiasmo de Miguel Benítez Inglott y a la preencia fugaz del gran maestro Obradors, hay altibajos hasta la llegada en 1951 del catalán Gabriel Rodó, violonchelista, gran director y notable compositor sinfónico. Fue el último director-compositor que pasó por Gran Canaria; a partir de él, la orquesta fue a menos, para acabar desvinculándose de la Sociedad Filarmónica. Por esta época destacan también en Las Palmas compositores guitarristas canarios, cuyo principal exponente es Francisco Alcázar, que había estudiado en Barcelona con Pujol y componía piezas morunas de difíciles ritmos y originales ideas. Junto a su más insigne discípulo, Efrén Casañas, aparece independientemente Blas Sánchez, cuyo gran homenaje a Pablo Neruda ha sido coreografiado por elementos del ballet de Maurice Béjart.

Paralelamente, aparecen nuevos lenguajes musicales que han abierto una nueva era en los últimos años. Dejando a un lado las creaciones de corte ultratradicionalista, hay que reseñar que un aventajado discípulo canario de Xavier Montsalvatge, Juan Hidalgo Cordorniú estrena a partir de 1948 en Las Palmas obras de cámara que resultaban “revolucionarias” en aquel entonces. Su obra se adelanta a los descubrimientos de los jóvenes vanguardistas madrileños y catalanes.

Las últimas décadas del siglo XX están marcadas por el altísimo nivel alcanzado por las dos orquestas sinfónicas canarias: la Sinfónica de Tenerife y la Filarmónica de Gran Canaria; sin olvidar la prolífica actividad de las orquestas de cámara en La Laguna y San Sebastián de La Gomera. También por el auge y proyección exterior de grandes intérpretes como el tenor Alfredo Kraus, la soprano María Orán, los pianistas Pedro Espinosa y Guillermo González, así como por el desarrollo de los movimientos corales y los Conservatorios Superiores de Música en Tenerife y Gran Canaria, en cuyas aulas están emergiendo grandes músicos insulares.

Una Respuesta en “La Música en Canarias - Música Clásica”

  1. Doramas Dice:

    Estas islas, siempre han sonado a música celestial y la juventud viene pisando fuerte.

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