Las Culturas Aborígenes.
Descartando algunos tópicos:
Al referirnos a los aborígenes a veces recurrimos a tópicos como que en Canarias vivía muy poca gente y que casi todos murieron en la conquista, que la cultura era del “neolítico” o por contra, que eran altos y rubios y vivían en una perfecta armonía con la naturaleza…Por descontado que estaban más “atrasados o desarrollados” tecnológicamente que el resto de los europeos pero calificarla de cultura neolítica es un disparate ya que los que vinieron a poblar las islas habían dejado atrás el neolítico prácticamente al mismo tiempo que en la Península Ibérica, hacía casi 2.000 años. La población total puede que sobrepasase las 80.000 personas, cifra realmente alta si se compara con ciertas zonas europeas de la época, y no desaparecieron todos con la conquista ya que estudios genéticos señalan que en la población canaria actual, junto a los aportes posteriores a la conquista, se detectan huellas genéticas de los aborígenes en un 50% de los linajes maternos y en un 8% de los paternos. El mito de que eran altos y rubios ya ha remitido pero queda por eliminar la idea romántica de sociedad justa, pues había desequilibrios sociales. Tampoco vivían en armonía con la naturaleza ya que contribuyeron al retroceso o extinción de animales y vegetales.
Un nexo cultural común que se diversifica en 7:
Los primeros habitantes de las islas tendrían en sus orígenes una cultura similar pero con el paso del tiempo y el aislamiento, cada isla desarrollaría una cultura propia, aunque siempre se vislumbre ese remoto origen común. El origen bereber está demostrado desde el S. XIV. Cuando los europeos empezaron a visitar el Archipiélago advirtieron, que pese a ciertas diferencias culturales entre las distintas islas, contaban con un sustrato cultural común, entre ellas, que hablaban variantes dialectales de la lengua de la Berbería y que algunas de las costumbres se asemejaban bastante a las de los bereberes del continente.
Actualmente, no se descarta alguna arribada de imazighen (plural de Amazigh y nombre con el que se denominan los pobladores originales del norte de África) por sus propios medios de navegación, pero se tiende a aceptar que la mayoría fueron traídos en distintos momentos de la historia, como vienen a insinuar los resultados arqueológicos que están revalidando la genética y la filología. Las tesis actuales pueden resumirse en lo siguiente: el 1er poblamiento se produjo a mediados del primer milenio antes de Cristo. Las dataciones más antiguas, obtenidas de momento, son de los siglos IV y V a.C., ya que algunas anteriores son discutibles.
El descubrimiento del archipiélago no debió ser mucho antes, cuando los marinos del Mediterráneo occidental empezaron a costear esporádicamente el litoral atlántico norteafricano. La primera arribada de población coincide con la existencia de Cartago y no se descarta que participara en ello…
Los primeros pobladores se distribuyeron por el archipiélago, tal vez de manera escalonada, iniciando después su adaptación y la posterior colonización de cada isla, y después, una vez aislados, lentamente evolucionaron empezando a formarse las distintas culturas insulares. Con posterioridad hubo otros contactos y arribadas puntuales que afectaron a una o varias islas, y no se descarta que eso sea la explicación de la radical diferencia cultural de Gran Canaria. Una de esas arribadas hubiese ocurrido entre el siglo I a.C. y el siglo I d.C., a consecuencia, tal vez, de deportaciones por parte de romanos o bereberes romanizados a Canarias de norteafricanos que se oponían a su expansión colonial, ya que fueron frecuentes los levantamientos imazighen entre los siglos I a.C. y III d.C., seguidos, a menudo por deportaciones masivas de las elites. Está demostrado el paso de embarcaciones romanas por el Archipiélago, aunque eso no significa que trajeran a los primeros seres humanos, sino en todo caso, a un contingente que se sumaría a los que ya estaban. Mucho después, en torno al siglo X d.C. un pequeño grupo de gente llegó, al menos, a La Palma. El resultado final del aislamiento fueron siete culturas distintas, pero que conservan ciertos rasgos comunes, más acentuados entre Lanzarote y Fuerteventura que entre otras. Un buen ejemplo son los grabados rupestres y la cerámica, que durante mucho tiempo se creyeron paradigma de la diversidad, pero hoy encontramos similitudes entre varias islas.
Sociedad:
Excepto en Lanzarote y El Hierro, el territorio se dividía en diversas unidades políticas: En Gran Canaria y Fuerteventura, dos; en La Gomera, cuatro. Nueve en Tenerife y doce en La Palma.
Era una sociedad clasista dominada por una “nobleza” de índole hereditaria, que en Gran Canaria y Tenerife tenía dos distinciones: Achimencey y cichiciquitzo en Tenerife, castas que controlan el poder y eximidas de realizar trabajos, excepto los de la guerra y la administración, ya que era el resto de la población quien trabajaba para ellos.
El jefe, Guanarteme en Gran Canaria, Mencey en Tenerife, repartía cada año lotes de tierra entre la “nobleza”. La mayor parte de la población pertenecía al grupo dependiente: pastores, agricultores, artesanos, etc. Ocupando el nivel más bajo del escalafón se encontraban los que realizaban trabajos relacionados con la sangre. Existían mitos que convertían en divina la decisión de ocuparse de estos trabajos. Respecto a la apariencia externa, la posición venía dada por el tipo de corte del pelo y de la barba, por el tipo y color de los ropajes, etc.
La ganadería era uno de los pilares productivos, siendo las cabras y las ovejas parte esencial de la cabaña ganadera, seguidas en último término por los cerdos.
La agricultura desempeñaba un destacado papel, especialmente en Gran Canaria, y en La Palma en su período antiguo. La mayoría de las islas se dedicaba al cultivo de cereales, como el trigo y la cebada, de legumbres como habas, lentejas, arvejas y de frutales, como la higuera, principalmente.
Algunos poblados debieron especializarse en determinados cultivos y guardaban el excedente de producción en graneros colectivos fortificados que excavaban en la roca, ocultos a la vista. Las famosas pintaderas parece que pudieron servir como sellos identificativos personales, además de para la pintura corporal.
Otro tópico a desmentir es que los aborígenes vivían de espaldas al mar. Las fuentes de la conquista reflejan que eran excelentes nadadores, dato que viene reforzado por los estudios bioantropológicos de diversos cráneos que desvelan malformaciones en el oído interno, conocidas actualmente como oído de nadador y que están estrechamente relacionadas con la exposición del canal auditivo a las aguas frías, como las que circundan el Archipiélago.
Así mismo, señalar que el marisqueo fue un aporte alimenticio muy importante. También pescaban con anzuelos desde tierra, o cerrando con piedras las salidas de los charcos y caletones para que al bajar la marea quedaran los peces atrapados y así capturarlos con cestas o tras aturdirlos derramando leche de tabaiba o de cardón. En Gran Canaria pescaban con un sistema que aun hoy es utilizado en Mauritania: tras divisar los cardúmenes de sardinas u otros peces, se tiraban a la marea en masa, cada uno con una red de junco y un palo. Batiendo el agua con los palos, con el fin de empujar y rodear el cardumen, iban juntando sus tramos de red y tiraban de ella hacia la orilla. Debido a esto es que en esta isla la presencia de restos de sardinas encontrados junto a la Cueva Pintada es abrumadora (en torno a 70%) frente a otras especies que la siguen muy de lejos como viejas, sargos, morenas, galanas, brecas, cabrillas, caballas, pejeverdes… En el resto de las islas, donde prevalecía el uso de las otras dos técnicas de pesca, la vieja era el pescado más consumido con diferencia.
Hábitat:
En Gran Canaria la población se agrupaba con criterio administrativo, el hábitat estaba más concentrado y contaba con una concepción casi urbana. Existían dos grandes núcleos poblacionales, la villa de Gáldar y la de Telde, que eran las capitales de los dos territorios políticos de la isla. Estos guanartematos estaban a su vez divididos en distintas unidades administrativas a cargo de un guayre, cuyo centro era una gran aldea de la que dependían otros pequeños poblados. Las cuevas artificiales fueron labradas en toba y otros tipos de roca blanda, con caminos y canales de drenaje, graneros y las mismas viviendas, sorprendiendo la complejidad de los trazados de los poblados. A la entrada de estas cuevas se pueden apreciar los rebajes destinados a alojar el marco de la puerta y una claraboya, después viene la cámara principal, a la que generalmente se abren otras estancias más pequeñas como silos y alacenas; en el piso suelen encontrarse huecos excavados que servían de hogar, para embutir molinos, para almacenamiento de productos, etc. Además de ranuras y hoyos de postes para mamparas. Se han encontrado cuevas de dos plantas, así como de dimensiones y formas complejas.
Las casas, a diferencia de las cabañas son construcciones sólidas y resistentes, hechas a conciencia para perdurar durante generaciones. Pueden aparecer adosadas entre sí formando una manzana de casas, o ser independientes, en cuyo caso suelen ser de forma oval exteriormente y cruciforme en su interior, aunque las hay de otros modelos. En el exterior de la entrada, que se situaba en uno de los brazos de la cruz, solían encontrarse unos bancos. Se accedía a través de una puerta con gozne y junto a ella estaba el hogar; en el centro de la casa hay un brasero delimitado por cuatro piedras o labrado en un solo bloque. Los otros tres brazos de la cruz son estancias dormitorio y almacén. El techo estaba formado por cuatro vigas sobre las que se ponían otros palos, y sobre ellos, capas de lajas, carrizo y barro.
Encontramos también, tapias rodeando los poblados, murallas de contención junto a cauces de barrancos o a la orilla del mar, muros de abancalamiento, callejas, pequeñas plazas, poyos para sentarse. También hay recintos con otras funciones, como un gran cercado cuadrangular que parece ser que lo utilizaban como corral, aunque hay quienes lo veían como un lugar de reunión; lo que se denominó “palacios de justicia” son recintos con asientos y gradas, indudablemente destinados a actos públicos; hay formaciones con cuatro “betilos” en su interior, a veces con un banco corrido y numerosos restos de animales.
