Viernes , Abril 3, 2009

La Música en Canarias – Música Clásica

La incursión musical de Canarias en la cultura europea tiene lugar inmediatamente después de la conquista, a través del baile el canario y las endechas de Canarias, de presunto origen judaico aunque reelaboradas en las islas, que fueron asumidas por los más afamados instrumentistas y teóricos musicales del momento.

La creatividad musical constituye un destacado capítulo de la cultura canaria.

La Catedral de Las Palmas de Gran Canaria fue el primer centro de producción musical de relevancia de las islas. Destacan los canarios Ambrosio López, del que se conserva un salmo polifónico, y Bartolomé Cairasco de Figueroa, cuyo talento poético era muy reconocido. En torno a estos dos artistas se desarrolla una época dorada de la actividad musical en Canarias. La producción de los siglos XVII, XVIII y XIX que se conserva en el archivo de la Catedral de Las Palmas sobrepasa las dos mil piezas, en su mayoría de gran calidad artística, minuciosamente catalogada por Lola de la Torre. Hay que destacar la presencia de obras de grandes músicos españoles de los siglos XVII al XVIII, como Morales, Guerrero, Lobo, Aguilera, López de Velasco, Patiño, Capitán, Xuárez, Rodríguez de Hita, Literes, Sebastián Durón, José de Nebra, Mir, Misón, Francés de Iribarren, Fabián García, Mencia, etc. De los compositores extranjeros destaca la obra que se conserva del gran maestro portugués del S. XVII Juan Soares Rebelo, y algunas muestras manuscritas de considerable antigüedad de obras de C. Ph. E. Bach, Haydn, G.B. San Martino, etc.

 Desde fines del S XVIII se inicia una actividad musical ciudadana apoyada por ciertos sectores de la burguesía y por los propios músicos de la iglesia de la Concepción de La Laguna y de la catedral de Las Palmas; actividad creciente que culminaría, bien entrado el siglo XIX, con la aparición en el Archipiélago de las dos Sociedades Filarmónicas más antiguas de España. Este hecho ocurriría gracias a al afluencia a Canarias de maestros de gran talla. Huyendo de la invasión napoleónica, procedente de la corte portuguesa, llega a Las Palmas el compositor madrileño José Palomino, quien dejó una profunda huella musical, tanto a nivel eclesiástico (responsorios de Navidad) como profano (minuetos y sonatas para piano). Al poco tiempo llega a Gran Canaria el siciliano Benito Lentini, quien no tardó en vincularse a la catedral, para la cual compuso numerosas obras vocales e instrumentales de gran efecto y con calidades rossinianas que eclipsaron la producción de los maestros sucesores de Palomino, Joaquín Núñez y Manuel Jurado Bustamante.

La preocupación en las islas por lograr una continuidad musical se concreta durante los años treinta y cuarenta del siglo XIX en el proyecto frustrado de formar en el exterior a jóvenes músicos de gran talento. Es el caso del tinerfeño Eugenio Domínguez Guillén, cuyo próspero porvenir quedó truncado por una muerte prematura, tras realizar estudios en Madrid y Nápoles. En Las Palmas, al morir en 1846 los dos pilares del movimiento musical ciudadano Benito Lentini y Cristóbla José Millares, se crea una suscripción pública para enviar al conservatorio de Madrid al nieto de este último, Agustín Millares Torres (1826-1896), joven de inteligencia extraordinaria. Allí estudia composición con Carnicer, además de violín, piano, arpa y canto. De regreso a Las Palmas desarrolló gran labor como compositor y director orquestal, reorganizando incluso la Sociedad Filarmónica. Pero pronto fue derivando hacia otras actividades literarias y eruditas más compatibles con su profesión de notario, destacando como novelista e historiador. La filarmónica de Las Palmas se reorganizó en 1866 con el inolvidable maestro Rodríguez y Molina, hasta que en 1878 fue contratado en Madrid un joven discípulo de Arrieta, el aragonés Bernardino Valle (1850-1928). Dejó una copiosísima producción musical, entre la que destaca su cantata sobre el descubrimiento de América, que fue Premio Nacional de Música en 1892.

No podemos pasar por alto la figura de los tinerfeños Domingo Crisanto Delgado, organista emigrado a Puerto Rico, donde su fama perdura, y Teobaldo Power (1848-1884), quien se trasladó a Barcelona para formarse como pianista y compositor, y posteriormente a París, destacando como creador de obras sinfónicas y dramáticas. Durante una de sus estancias en Tenerife compuso los Cantos Canarios, pieza angular de la música en el archipiélago en aquella épocay aún vigente en el repertorio sinfónico insular. Tanto Millares y Power como Valle cultivaron la lírica teatral. Pero mientras las óperas y zarzuelas de Millares se inspiran en temas literarios puramente románticos, el contorno geográfico y humano irá invadiendo la producción lírica de los compositores insulares, como ocurre en las obras escénicas de Valle y Santiago Tejera en Las Palmas (recordemos las zarzuelas Folías Tristes y La HIja del mestre) y, luego en Tenerife, con Reyes Bartlet, Delgado Herrera o Álvarez García. Otro compositor grancanario más sofisticado, Andrés García de la Torre, logra estrenar en Milán una ópera, Rosella, cuya partitura fue impresa allí por la casa Fantuzzi. 

También a principios de siglo destaca la familia Santos en La Palma; Elías Santos Abreu compuso valses, mazurcas y zarzuelas y creó las primeras Danzas de los Enanos.

Esta actividad se prolonga hasta los años treinta en que se ve frenada por la guerra civil española. El cambio de siglo había tenido durante largos años el aliciente de las reitereadas estancis en Gran Canaria de Camilo Saint Saens, quien participó ctivamente en la vida musical isleña: se recuerdan aún sus conocidas obras para pieno, Las campanas de Las Palmas y El vlas canariote. Fue aquélla una época fecunda, dada la simultánea proliferación de intérpretes canarios de la talla del barítono Néstor de la Torre, el violinista José Avellaneda, o de guitarristas como Víctor Doreste, Carmelo Cabral, Ignacio Rodríguez, etc.

Auditorios de Tenerife y Gran CanariaLa Segunda Mitad del Siglo XX

Tras la guerra civil hubo que partir casi de cero. Vuelven a reorganizarse las Sociedades Filarmónicas en los años cuarenta, cosa que fue menos laboriosa en Tenerife debido a la ininterrumpida labor del compositor y directos insular Santiago Sabina; mientras que en Gran Canaria, tras un comienzo prometedor debido al entusiasmo de Miguel Benítez Inglott y a la preencia fugaz del gran maestro Obradors, hay altibajos hasta la llegada en 1951 del catalán Gabriel Rodó, violonchelista, gran director y notable compositor sinfónico. Fue el último director-compositor que pasó por Gran Canaria; a partir de él, la orquesta fue a menos, para acabar desvinculándose de la Sociedad Filarmónica. Por esta época destacan también en Las Palmas compositores guitarristas canarios, cuyo principal exponente es Francisco Alcázar, que había estudiado en Barcelona con Pujol y componía piezas morunas de difíciles ritmos y originales ideas. Junto a su más insigne discípulo, Efrén Casañas, aparece independientemente Blas Sánchez, cuyo gran homenaje a Pablo Neruda ha sido coreografiado por elementos del ballet de Maurice Béjart.

Paralelamente, aparecen nuevos lenguajes musicales que han abierto una nueva era en los últimos años. Dejando a un lado las creaciones de corte ultratradicionalista, hay que reseñar que un aventajado discípulo canario de Xavier Montsalvatge, Juan Hidalgo Cordorniú estrena a partir de 1948 en Las Palmas obras de cámara que resultaban “revolucionarias” en aquel entonces. Su obra se adelanta a los descubrimientos de los jóvenes vanguardistas madrileños y catalanes.

Las últimas décadas del siglo XX están marcadas por el altísimo nivel alcanzado por las dos orquestas sinfónicas canarias: la Sinfónica de Tenerife y la Filarmónica de Gran Canaria; sin olvidar la prolífica actividad de las orquestas de cámara en La Laguna y San Sebastián de La Gomera. También por el auge y proyección exterior de grandes intérpretes como el tenor Alfredo Kraus, la soprano María Orán, los pianistas Pedro Espinosa y Guillermo González, así como por el desarrollo de los movimientos corales y los Conservatorios Superiores de Música en Tenerife y Gran Canaria, en cuyas aulas están emergiendo grandes músicos insulares.

Viernes , Marzo 13, 2009

La Artesanía IV…

La Hojalatería: La hojalatería es un oficio de gran tradición y generador de elementos generalmente dedicados al uso agrícola y doméstico, como regaderas, candiles, lecheras, aros para hacer queso, recipientes para el ordeño, azufradoras, latas y palas para el gofio y numerosas miniaturas utilizadas como juguetes y en decoración. Actualmente pedan muy pocos artesanos dedicados a este oficio debido a la inmensa oferta existente en el mercado de elementos sustitutivos a la producción tradicional.

El Cuero: La utilización del cuero en la elaboración de utensilios para conservar alimentos y líquidos era conocida por los aborígenes canarios, que poseían unas técnicas propias, perdidas en el momento de la conquista.

La Alfarería: Las piezas populares de fondo cónico, realizadas con variedades de arcilla, inspiradas en las andaluzas, extremeñas y aborígenes aparecen en las siete islas, en las más variadas formas de loza, abundante en braseros, tostadores, ollas, calderos, bernegales y tallas, todos ellos relacionados con las faenas del hogar y con la recogida, traslado y filtrado del agua.

La alfarería canaria se caracteriza por su rusticidad, la no utilización del torno y el levantamiento de las piezas por el procedimiento del urdido, en el que sólo intervienen las manos del artesano, que va colocando una serie de churros superpuestos a la vez que gira la pieza sobre arena para evitar que se pegue al suelo. Como modalidades más diferenciadas sobresalen las reproducciones de cerámica aborigen dibujadas de La Palma, la pintada de Gran Canaria, la rojiza del Cercado en La Gomera y las figuras toscas de los novios del Mojón en Lanzarote. En la aportación de producción alfarera de las islas destacan El Mojón (Lanzarote), Valle de Santa Inés (Fuerteventura), Lugarejos y La Atalaya (Gran Canaria), Arguayo y La Victoria (Tenerife), El Cercado (La Gomera), Valverde (El Hierro) y Villa de Mazo (La Palma) como lugares que conservan la tipología de las piezas.

Los Textiles: Se extienden por toda Canarias las labores textiles que por su diseño, tradición, variedad y calidad son, sin duda, unas de las piezas más solicitadas de las Islas. Asombra enumerar los telares que llegaron a funcionar en los más recónditos lugares para procesar seda, lino, lana o la burda trapera, destacando los existentes en las Islas de El Hierro y La Palma, que siempre han albegado verdaderos maestros en todo el proceso que permite disponer de telas, colchas, mantas, pañuelos, talegas, mochilas, bolsas, trajes, alforjas, talegos, costales y objetos varios.

La Seda: En todo el mundo siguió su desarrollo técnico, excepto en la isla de La Palma, donde se trabajan todos y cada uno de los doce pasos de proceso, manualmetne, desde la crianza del gusano de seda al “sacado”, el devanado, emparejado, torcido, nuevo devanado, guisado o blanqueado, teñido, llenado en la redina de cañones y cañuelas, unido, sentado, enlizado, empeinado y tejido. La Palma es el único lugar de Europa donde se trabaja artesanalmente todo el procedimiento usando, además, viejos telares de tea y peines de caña. En el municipio de El Paso, pervive la crianza del gusano de seda alimentado con hojas de morera y moral.

La Lana: Destaca por tradición y número de productos la isla de El Hierro, que conserva el mayor número de telares dedicados a la confección de lana, rústicas colchas y traperas coloristas que repiten urdidos y diseños de antaño con la particularidad de un hilado manual laborioso y cuidado. El Mocanal, Guarazoca, Erese, Taibique, Isora, San Andrés, Las Casas y Sabinosa son lugares en los que podemos encontrar artísticas alforjas, mochilas, talegas, bolsos y alfombras de lana. 

La Trapera: Tradicionalmente el telar sirvió para el autoabastecimiento familiar, sobre todo en las medianías y cumbres donde el clima demanda tejidos protectores del frío, lo que propició la aparición de la popular trapera, realizada con urdimbre de lino o algodón y tapada con trapos, generalmente usados y de colores variopintos que le dan un toque rústico y decorativo a las mantas, colchas, alfombras. mochilas o forros de colchón con ella confeccionados.

Calados CanariosBordados y Calados: En contraste con la cálida trapera que aprovecha recortes y retales, están los bordados y calados, con una ganada fama de siglos más allá de las fronteras. Los bordados palmeros, herencia de colonos de Flandes y Portugal, generaron talleres donde se diseñaron y estamparon dibujos al gusto francés con un procedimiento artesanal que en la isla se denomina “cisnado”; se bordaron con primor y sirvieron a fines litúrgicos, ajuares, uso personal y decoración. Bordados y calados han sido en este siglo la base de la artesanía canaria, cuya producción se ve envuelta en una cierta incertidumbre por la competencia de las casas de bordados de Madeira y Azores y más tarde por al llegada a las islas de contingentes de producción oriental que emula el producto canario con peores materiales, lo que les permite unos precios muchos más competitivos. Las Telas y los Hilos se han convertido en el gran problema de las labores textiles, agravado desde que por razones de dos guerras mundiales cortasen las importaciones de Irlanda, Bélgica y Alemania y aunque se han buscado nuevos proveedores sigue sin encontrarse los soportes ideales para unas labores que dependen fundamentalmente del material con que se realizan. Analizando la problemática que pesa sobre este sector, puede considerarse casi milagrosa su supervivencia; quizá la explicación más razonable se encuentre en el valor añadido del perfeccionismo de los trabajos realizados en las islas, que no han podido ser superados por otros productores. Es fácil contemplar en cualquier labor textil canaria la sencillez de los diseños, la mimada ejecución y sobre todo la cuidada elección de materiales, colorido y puntos a emplear en cada caso y que se seleccionan en función de la trayectoria del dibujo, la estética o, sencillamente por la necesidad de calado o remate que la prenda pueda exigir. Para los expertos no faltan entre estos puntos: presillas, realaces, ojetes, barras, punto de lado, granos de arroz, cadenetas…y otros puntos que proceden de distintos estilos de bordados, entre los que predomina el bordado inglés.

Los puros de La Palma: Las otras artesanías que perviven en Canarias son valoradas y buscadas por su calidad y prestigio de años, como puede suceder con los puros de La Palma, que con técnicas y ritos cubanos, siguen elaborándose artesanalmente en aquella isla.

EPÍLOGO: Las manufacturas canarias atraen por su auténtica vigencia. El visitante de nuestros pueblos puede adquirir como recuerdo prendas y objetos que los insulares usamos todavía, ralizados en lino, lana, seda, colmo, zarza, torvisca, vara, mimbre, caña, barro, madera de brezo, moral, cedro, sabina o tea, metal, cuero, rafia, anea, ristra, junco, piedra y otros materiales de distinta procedencia que han ido agregando los artesanos de los nuevos sectores y por los que persisten practicando el oficio de sus padres, y abuelos en el medio rural o los talleres urbanos.

 Una pieza artesana como las que siguen produciéndose en Canarias, no es un objeto más, es una reliquia, que por suerte suele estar aún al alcance de los que tienen sensibilidad por lo auténtico, artístico y diferenciado.

A pesar de los cambios que últimamente ha experimentado la sociedad, la artesanía y el artesano canario siguen ahí para limar las aristas de la vida y para dar testimonio de que no sólo de pan vive el hombre, sino también de toda la belleza que sale de su inteligencia y de sus manos.

 

Viernes , Febrero 27, 2009

La Artesanía III (continuación…)

¿Últiles decorativos o para uso diario?
A medida que fueron apareciendo en el mercado los útiles necesarios para el desarrollo de la vida doméstica a un precio asequible y que las economías familiares fueron permitiéndose adquirirlos, las piezas artesanas han pasado a convertirse, en gran parte, en objeto de decoración y coleccionismo. A partir de los años sesenta, debido a un mayor conocimiento del sector y a la valoración cultural y social que del mismo se hace, la artesanía canaria ha adquirido un gran protagonismo. La difusión realizada en los últimos tiempos ha contribuido, sin lugar a dudas, a que cada día sean más los que saben apreciar y amar las obras que nacen del ingenio del pueblo y de la habilidad de sus manos.
La Madera
La artesanía también se ve plasmada en la arquitectura popular de las Islas, en sus fachadas geométricas y frescos patios interiores, donde abunda la piedra, que complementada con la cal y sobre todo la madera, en especial la tea, se convierten en puertas, ventanas, balcones, celosías y artesonados rústicos o finamente trabajados y que resisten el paso de los años, para dar constancia de una laboriosidad realizada en la búsqueda de soluciones prácticas con sentido artístico, que son una constante en todas las construcciones tradicionales.
Pero no quedó ahí el papel preponderante de la madera, que reforzada en ocasiones con el metal, abasteció a los habitantes de las islas de elementos para el propio trabajo artesanal, para el uso personal o para las carretas, medidas agrarias, instrumentos musicales, aperos, muebles varios, barcos de pesca y mercantes, útiles domésticos, barricas para vino o ron, lagares, cachimbas, chácaras y tambores, herramientas, juguetes y otros muchos elementos elaborados con madera. Aparte de una pretensión utilitaria de la misma, el artesano ha tenido siempre una intención estética que ha dado lugar a las existencia de oficios complementarios de la carpintería como la “talla”, la taracea, el dorado y el barnizador a muñeca, entre otros, que han contribuido a la creación de piezas singualres. Abundan en ellas los motivos geométricos de líneas rectas y curvas en un sinfín de composiciones de inspiración mudéjar, de las que destaca el denominado “picadillo canario”, presente en cofres, joyeros, cajas de puros, arcones, portacuchillos, marcos, talleros y muebles.
La Cestería
Con técnicas importadas de otras latitudes, unidas a las heredadas de la población prehispánica, se desarrolla uno de los oficios más antiguos del mundo, la particular y variada cestería canaria, realizada en palma, castaño, membrillo, mimbre, tagasaste, moral, caña, afollado, escobón, centeno, anea o pírgano de las palmeras, que dio solución a las necesidades de envases, piezas de ajuar, serones, nasas, tambores de pesca y toda una serie de objetos que han demandado las faenas agrícolas y pesqueras.
Se denomina cestería mayor a la elaborada por hombres a base de grandes urdimbres de gruesas varas fuertes y resistentes a fin de obtener recipientes de larga durabilidad, pese a estar sometidos a las duras labores del campo; en los que por lo general se flanquean sólo las varas de urdido, ya que las de la trama se utilizan simplemente rajadas, dando a las piezas un aspecto rústico y un colorido característico de gran belleza decorativa. Entre los materiales utilizados destacan el castaño, el mimbre y el pírgano.
La cestería menor, dedicada a generar piezas domésticas y de uso personal es practicada generalmente por mujeres, que le incorporan su impronta creativa con una sensibilidad peculiar.
Cuchillos CanariosEl Cuchillo Canario
Junto a estas variantes se conservan otros oficios del metal, como la forja en usos de arquitectura, labranza, mobiliario, pesca y variedad de cuchillos de reconocida fama, elaborados con materiales diversos que han llegado a convertirse en verdaderas joyas por su uso y ejecución. El cuchillo canario es una de las piezas de artesanía más buscadas y más conservadas por el campesino de las Islas, antes de que apareciera su sofisticación en variantes de plata y alpaca cuya fama ha traspasado fronteras. Su elaboración consiste en un riguroso proceso, que se puede resumir en las siguientes fases: seleccionados los metales, se procede a su forjado en bruto utilizando la fragua y diversas herramientas hasta conseguir la forma deseada. Con distintas limas se realiza el ajuste para continuar con el afilado, terminación y pulido de la hoja. Para la elaboración del cabo se usan los mismos materiales metálicos que para la hoja añadiéndole diversas piezas de cuernos de toro, macho cabrío, carnero, marfil, nácar, pasta y otros materiales. A continuación, se procede a dar forma a los correspondientes casquillos, empleándose para ello los citados materiales metálicos; le sigue la realización de las “pastillas” cuadradas o circulares y de distinto grosor con la utilización del fuego. El encabado consiste en la introducción de las citadas piezas en la espiga de la hoja; y una vez colocadas se da forma al cabo, que será traspasado a un alambre en el mismo orden en que estaban para realizar las incrustaciones de los metales en cada una de ellas, formando dibujos que están en relación a la riqueza y complejidad que se quiera dar a la pieza. Terminadas las respectivas incrustaciones, se procede de nuevo a ensamblar el cabo en la espiga, y una vez ajustadas las piezas y repasadas sólo queda el pulido para rematar tan singular pieza.

Viernes , Febrero 20, 2009

La Artesanía II (continuación…)

Para entender mejor la diversidad de la producción artesana de las islas en lo que se refiere a mobiliario, piezas de ajuar, aperos, arquitectura popular, utensilios de uso personal y de decoración, es necesario hacer un recorrido por la historia y la geografía de un territorio fragmentado donde conviven labores de abolengo, ingenios de la vida rural y marinera y toda una serie de primores salvados de los embates del tiempo. Gracias a la influencia de los vientos alisios, Canarias goza de un clima subtropical, lo que la hace beneficiaria de poseer las mejores condiciones para la producción de materias primas con que elaborar las numerosas variantes artesanas que perviven en todo su territorio. La región isleña, tan particular y variada en matices, es una auténtica reserva de oficios del recuerdo, lo que origina una artesanía de las más interesantes y mejor conservadas de España. Se hace difícil volver de cualquier isla, sin haberse encaprichado de alguna pieza artesana realizada de forma predominantemente manual y de elaboración basada en técnicas y conocimientos transmitidos de generación en generación, con el valor añadido de ser expresión representativa de la cultura e identidad del lugar en que fueron creados.

El Oficio de Artesano: Los artesanos canarios, notables y reconocidos en cada isla, siguen realizando piezas que fueron claves en la vida cotidiana y hoy día, aunque hayan sido sustituidas por otras, perviven porque sus formas resultan particularmente estéticas, sensibles y armoniosas en su centenaria sencillez. Cada isla posee, sin haberlo pretendido, unas variantes artesanas que, por tradición, sofisticación de técnicas de ejecución o calidad, la identifican entre el conjunto de las artesanías que componen el amplio repertorio de oficios vigentes. Los oficios artesanos resumen todos los valores básicos y bondadosos que se esperan de una pieza: materiales seleccionados y tratados con técnicas heredadas, un proceso de producción honesto y un resultado genuino.

El ingenio de un pueblo rural y costero, donde trabajo, ocio y costumbres aparecen en toda su pureza, viene reflejado en su peculiar manera de hacer frente a las necesidades cotidianas, combinando el sentido de la utilidad con el atractivo de las formas, la durabilidad de las manufacturas y la sencillez de sus procesos. Todo ello está basado en un ejercicio, nunca interrumpido, de tradición popular. En las numerosas oleadas de inmigrantes que llegaron al archipiélago vinieron maestros de obra, canteros, abañiles, pedreros, carpinteros, herreros y constructores anónimos que propagaron sus conocimientos, y sobre todo crearon una tradición que aún pervive, pródiga en funcionalidad, refinamiento y formas estéticas. Aprovecharon lo que la naturaleza les brindó para aportar nuevas reminiscencias a una artesanía que conserva los orígenes castellanos, las gracias andaluzas y la sencillez portuguesa, todo ello modificado por la impronta personal de los canarios que han sabido agudizar su ingenio para solventar las múltiples necesidades en los diferentes entornos.

 

Viernes , Febrero 13, 2009

La Artesanía

La Herencia Aborigen: Hoy se dispone de abundante información que permite una nueva aproximación a la prehistoria canaria y que nos la presenta como un sorprendente fenómeno de extraordinaria variedad cultural de cada isla. La vida cotidiana del aborigen canario ha dejado muestras de los utensilios usados en sus quehaceres diarios, siendo los gánigos o cazuelas de barro y arena los más abundantes, junto con los trabajos en piedra volcánica de molinos circulares y los trabajos realizados en palma.

 Nuestros antepasados prehistóricos vivían en cuevas y casas de piedra, elaboraban recipientes de arcilla sin haber descubierto el uso del torno de alfarero (igual que aún hoy se continúa haciendo con la loza popular o con las reproducciones de útiles aborígenes), utensilios de enorme riqueza en la variedad de formas, modelos y diseños, pero diferentes según la isla. También desconocían por completo el uso del telar.

El resto de los materiales se fabricaban en materiales diversos con técnicas rudimentarias, destacando los realizados en piedra, madera, arcilla, junco, palma, fibras, pieles, hueso y conchas marinas, que presentaban rasgos bien diferenciados en la forma en que se trataban, el tipo y la aplicación que de ellos se hacían, incluso entre las distintas comarcas de una misma isla.

En el S.XVI Canarias es incorporada en su totalidad a los usos y costumbres de Europa; pocas son las crónicas que detallan cómo era el vivir cotidiano de la época en las islas, pero cabe destacar la del viajero portugués Gaspar Frutuoso que visita las islas a mediados del siglo XVI ya que su trabajo habla continuamente de la industria popular y refiriéndose a esta sociedad dice: <<Todos son criadores de cabras y ovejas, comen gofio amasándolo en aceite, miel y leche en tostadores que hacen de barro muy lisos y muy limpios>>, dejando por primera vez constancia de una pieza concreta de la alfarería popular. Los aborígenes “se incorporaron” a las nuevas costumbres importadas: <<bordan bien, pero casi no saben hilar ni tejer (…)>>.

 Es indudable que nuestros productos artesanos han aportado rasgos diferenciadores a la arquitectura popular, a los aperos, herramientas, ajuares domésticos, mobiliarios, artes de pesca, vestimentas tradicionales y a toda una serie de elementos funcionales empleados en la vida cotidiana, con mayor profusión en el medio rural; pero la falta de ciertas materias primas le ha impedido aspirar a un desarrollo importante, hecho éste que hoy se ha convertido en signo de identidad de la artesanía popular canaria.

En las capitales de las islas mayores hubo otras muestras artesanas importantes: plateros, pedreros, carpinteros, tallistas, doradores, herreros, latoneros y vidrieros. Tirajana exporta trabajos de palma a Tenerife. Se desarrolla la alfarería popular en La Gomera.

Verneau, a finales del siglo XIX, nos habla de la industria rústica y popular de las islas Canarias, de escudillas de madera, de cernideras de paja y de hojas de palmera, de cerámica basta y de los cuchillos de Gran Canaria. La importancia de la artesanía canaria está en sus bordados y calados, y sólo en La Palma, en 1940, hay más de 20.000 mujeres que se dedican a la primera de estas labores, desarrollándose la segunda en Tenerife, Fuerteventura y Gran Canaria.

Arte Popular: Hablar hoy de artesanía en Canarias, es hablar de arte popular, de las cosas pequeñas que hechas con amor y minuciosidad acabaron por convertirse en parte de la historia, leyenda, arte, cultura y tradiciones de una tierra singular, que lucha por conservar sus costumbres rurales y costeras donde las manufacturas artesanas aparecen con toda su pureza. Entre la herencia de los aborígenes y la aportación de todo un mosaico de pueblos, surge una variada y rica artesanía, que haciendo uso de las mismas materias primas da soluciones funcionales en cada uno de los rincones del archipiélago y que resuelve las múltiples necesidades cotidianas de una gente sencilla que reside por lo general en el ámbito rural, dónde manos hábiles y laboriosas repiten y crean con técnicas heredadas objetos que perpetúan tradiciones centenarias.  

Viernes , Enero 30, 2009

El Lenguaje de los Aborígenes

MenceyA la hora de un tratamiento riguroso de la lengua aborigen hay que tener en cuenta que nos enfrentamos a una lengua muerta. En segundo lugar, no sabemos con seguridad si existió una sola lengua común para todo el archipiélago o si hubo varias en las distintas islas. En tercer lugar, carecemos de gramáticas coetáneas ya que los colonizadores no guardaron registro alguno sobre ella. En cuarto lugar, los linguistas canarios apenas se han dedicado al estudio de la lengua indígena, de tal forma que todavía hoy la Universidad de La Laguna y la Universidad de Gran Canaria no cuentan con cátedras de bereber. Por último, sólo disponemos de unas cuantas voces guanches que no son suficientes para resolver las dudas que plantea el conjunto de una lengua.

A pesar de todo, cada vez tenemos más pruebas que señalan que el grupo linguístico de origen del guanche es el bereber.

Del guanche apenas nos quedan algunas palabras que no suponen ni una ínfima parte del mismo y muchas de las voces han sufrido errores de transcripción a lo largo del tiempo. La mayoría son topónimos y antropónimos, ambos de escasa utilidad para desentrañar la comunicación cotidiana prehispánica.

El grupo más valioso de términos es el que ha pasado al español actual de Canarias, por ejemplo, gofio, tenique, tajaraste, teberite, etc. Pero estas palabras siguen presentando múltiples problemas. Así, gofio no es la única denominación que recogieron los cronistas para la harina gruesa de granos tostados. Abreu Galindo aporta también las voces ahoren (cebada tostada, molida y amasada), azamotan (cebada tostada, molida y amasada), y Viera y Clavijo transcribe aramatonaque (cebada moilda y amasada), todas en apariencia sinónimas de gofio. Por tanto, ¿eran una misma cosa? ¿Por qué pervivió gofio y no lo hicieron las otras voces?. Estas preguntas no pueden ser respondidas tomando como fundamento el conocimiento científico actual.

Entre otros dilemas del guanche, debemos citar que

  1. No conocemos sus sonidos y el valor fonético de los mismos.
  2. Apenas nos ha llegado algo de la forma en que se contruían las palabras.
  3. No sabemos nada de la sintaxis utilizada o la forma en que contruían las oraciones.
  4. No contamos con suficientes datos como para desvelar la semántica o el significado de los términos que nos han llegado.

Todo ello parece ser sufiente para constatar la dificultad a que nos enfrentaríamos hoy en día para hablar el guanche, ya que desconocemos lo más importante: la gramática. Toda una pérdida…

Viernes , Enero 23, 2009

El Habla Canaria (continuación…)

PerinquéA modo de síntesis de lo anterior señalar las principales características del español hablado en Canarias sobre el S.XV: Como ya señalamos, el origen del habla canaria se encuentra en el español que hablaban los soldados y colonos andaluces que llegaron a las islas a principios del siglo XV, para su conquista y colonización y algunas de las características más reseñables de este modo de hablar son las siguientes: A nivel fónico:

  • Reducción de la diferenciación consonántica entre /s/ – /z/ a un solo fonema silbante, el seseo.
  • Conservación de la /f-/ latina aspirada.
  • Preservación de la /s/ final de sílabas.

A nivel gramatical:

  • Uso etimológico de la oposición pronominal lo/le: lo como complemento directo y le  como complemento indirecto
  • Uso del pronombre personal de la segunda persona del plural para designar tanto al oyente plural como al singular de manera respetuosa.

A nivel léxico, predominio del vocabulario español patrimonial, con ciertas características andaluzas y arabescas.

Influencia Morisca:

 Muy a tener en cuenta es la influencia ejercida por la abundante población morisca capturada en la vecina costa de África e introducida en las islas a lo largo de los siglos XV y XVI. Se trataba, con toda probabilidad, de gentes bereberes con un alto grado de arabización, que se vio sometida desde un primer momento a un severo proceso de cristianización y castellanización, como ponen de manifiesto las ordenanzas de la época que “indican y ordenan que los moriscos vivan en pueblos para que aprendan la ‘doctrina’, que no hablen ‘algaravío’, ni la enseñen a sus hijos, y que no entierren a nadie en el campo como si fueran infieles”. Precisamente, de este ’algaravío’ tan reprobado por la dominante población cristiana (y no de las lenguas canarias prehispánicas, como se ha pensado en ocasiones) proceden, probablemente, voces tradicionales isleñas como majalulo ‘camello joven que todavía no puede reproducirse’ (del árabe majlul ‘camello de entre uno a cuatro años’), téfana ‘rodilla de las patas traseras del camello’ (del bereber ttéfne ‘rodilla del camello’), ¡fuche! ‘grito que se da al camello para que se arrodille’ (del árabe wets! ‘grito para detener o hacer arrodillar al camello’), tasufre ‘odre, zurrón’ (del bereber tasufre ‘zurrón hecho de piel de cabra’), arife ‘aire muy caliente que produce un calor sofocante’ (del árabe irife ‘siroco’), tabique ‘suero que se desprende de la leche cuajada y que se usa como alimento de las personas’ (del árabe tabik ‘ídem’), hubara ‘avutarda’ (del árabe hubara ‘ídem’), etc. generalmente relacionadas con las actividades laborales que les tocó desempeñar con más frecuencia. 

Influencia Portuguesa:

Por último, hemos de tener en cuenta la profunda y marcada influencia que ejerció la lengua hablada por los grupos poblacionales portugueses (de donde proceden los actuales apellidos canarios Caraballo, Dorta, Sosa, Yanes, Bacallado, Lima, Melo, Stinga, Castro, Pereira, Pires, Viera, Fariña, Coello, Saa, Corujo, Pestano…), procedentes del Portugal peninsular y de los archipiélagos de Madeira y Azores. La pertenencia de este país a la corona española entre 1581 y 1640 (bajo el reinado de Felipe II), el prestigio del que gozaba  entonces la lengua protuguesa en todo el territorio español, las produndas semejanzas que ésta guarda con su hermana castellana y el prestigio social que disfrutaba en la sociedad isleña la laboriosa población que la hablaba, determinaron que su influencia se hiciera sentir en casi todos los ámbitos del vocabulario de la lengua hablada en las islas.

Vocabulario agrícola: En el terreno agrícola, nos legó voces como ‘trastón’  ‘muro de contención de la gavia’ (derivado de traste ‘muro de contención que ladea la atarjea’), natero ‘pequeño huerto que se hace en los cauces del barranco’ (de nateiro ‘capa de lodo y detritus que se forma en el agua de lluvia’), grelo ‘tallo que echan las papas y otras demillas’ (de grelo ‘germen, brote de las palntas’), cotio ‘se dice del higo verdoso por fuera y con la pulpa rojiza’ (de cotio ‘casta de higuera del Algarve’), frescal ‘haces de mollos’ (de frascal ‘ídem’), etc.

Vocabulario marinero: Voces como leito ‘cubierta de proa y popa de las pequeñas embarcaciones pesqueras’ (de leito ‘ídem’), tavante ‘zona de la proa del barco de pesca’ (de anteavante ‘ídem’), torno ‘agujero que tiene el barco de pesca en el fondo para desaguar’ (de torno ‘orificio por donde se saca el líquido de algo’), esposar ‘quitar con un trapo el agua que queda en el fondo del barco tras haberlo achhicado’ (de esponsar ‘ ídem’), maresía ‘aire cargado de humedad marina’ (de maresia ‘olor que desprende el mar cuando baja la marea’), sarda ‘determinada especie de tiburón’ (de sarda ‘ídem’), chucho ‘determinada especie de raya’ (de xuxo ‘ídem’), chumbo ‘peso del aparejo de pesca’ (de chumbo ‘pedazo de plomo que guarnece las redes’), rociega ‘ancla pequeña usada para sacar cosas del fondo marino y para fondear pequeñas embarcaciones’ (de rocega ‘ídem’), orasa ‘viento no muy fuerte’ (de oure a ‘ídem’), guelde ‘determinada especie de pez pequeño’ ( de guelro ‘ídem’), ajova ‘determinada especie de pez de gran tamaño’ (de anchova ‘ídem’), etc.

Vocabulario doméstico: Voces como fonil ‘embudo’ (de funil ‘ídem’), jeito ‘ligero movimiento hecho con alguan parte del cuerpo’ (de jeito ‘ídem’), atarracado ‘bajo y rechoncho’ (de atarracado ‘ídem’), escarranchar ‘abrir mucho las piernas’ (de escarranchar ‘ídem’), mojo ‘salsa para aderezar viandas’ (de molho ‘ídem’), etc.

Esta influencia fue tan intensa, que llegó a afectar incluso al terreno de las frases hechas, con expresiones como estar algo más salado que la pilla ‘estar muy salado’; darle a la taramela ‘hablar mucho’; irse de varetas ‘caer con las piernas para el aire’; beber como un fonil ‘beber mucho y con frecuencia bebidas alcohólicas’; ni tugir ni mugir ‘expresión que se usa para indicar que alguien está anormalmente callado’; etc.

En muchas ocasiones, lo que realmente hizo el portugués fue servir de acicate para que el habla canaria actualizara determinados derivados y compuestos españoles inéditos en el resto de las modalidades del idioma: lapero ‘instrumento metálico para coger lapas’, construida a partir de la forma portuguesa lapeiro ‘ídem’; babar ‘soltar babas’, construida sobre el modelo portugués babar, de igual significado, etc.

Viernes , Enero 16, 2009

El Habla Canaria, Un “Español Atlántico”

Bernegal Orígenes: El habla de los hombres y mujeres andaluces fue el punto de arranque y base fundamental del español hablado en Canarias (de allí proceden apellidos isleños como Cabrera, Camacho, León, Martel, Mesa, Morales, Negrín, Padilla, Palenzuela, Sánchez, Vera, etc.) , que se establecieron en las islas para que se perpetuasen en ellas sus primeros conquistadores y señores territoriales europeos como Jean de Bethencourt, el Conde de Niebla, Guillén Peraza, Guillén de las Casas, Diego García de Herrera, Pedro Hernández de Saavedra, Juan Rejón, Pedro de Vera, Alonso Fernández de Lugo, etc., desde principios del S.XV, en que se ocuparon las que se denominaron “islas del señorío” (Lanzarote, Fuerteventura, El Hierro y La Gomera)  hasta finales de ese mismo siglo en que se ocuparon y conquistaron las que se denominarían “islas de realengo” (Gran Canaria, La Palma y Tenerife). Este habla procedente del reino de Sevilla presentaba unos rasgos léxicos, fonéticos y gramaticales particulares que la diferenciaban del habla usada en el centro-norte peninsular.
Gramática: El plano gramatical se caracterizaba por la conservación de determinadas formas y construcciones ya desaparecidas o en proceso de desaparición del español septentrional. Así, en la morfología nominal, predominan los sufijos -ito e -illo (frente a -ico e -ín), como pone de manifiesto la vieja toponimia de las islas, plagada de diminutivos como Las Caletillas, La Atalayita, El Cotillo, Barranquillo, La Rajita, etc.
En el ámbito verbal, el llamado pretérito indefinido (comí, canté, bebí) se usaba para expresar acciones pasadas en general, tanto remotas como inmediatas o recientes, en tanto que el pretérito perfecto (he comido, he cantado, he bebido) se empleaba exclusivamente para expresar acciones durativas o reiteradas que se prolongan hasta el presente. Para el pretérito imperfecto de subjuntivo, se prefería la forma en -ra (saliera, viniera…), en contra de la norma septentrional, que prefería la forma en -se (saliese, viniese…).
A nivel sintáctico, se mantenía la costumbre de posponer al núcleo verbal los pronombres complementarios (lo, le, se, me, nos, te, vos) (díceme, márchase, voyme…), frente a la norma septentrional, donde empezaba a apuntar el hábito de ubicarlos antes del término nuclear. En combinación con el pronombre cuantitativo más, los indefinidos existenciales negativos nadie, nunca, nada solían aparecer en segundo lugar (más nunca, más nada, más nadie), y no en primer lugar (nunca más, nada más, nadie más), como exigía la norma central.
CardónVocabulario: En el plano léxico destacaba, por encima de todo, la conservación de determiandas voces (rejertear  ‘discutir airadamente’, bezo  ‘labio’, alongar  ‘alargar’, bernegal  ’tinaja’, liviano  ‘leve’, abaldonar  ‘abandonar’, aguaitar  ‘acechar’, ajuiciar  ’incitar’, turbón  ‘aguacero violento con viento’, parar  ’poner de pie’, embazar  ‘quedarse sin aliento’, etc.) desaparecidas ya o en peligro de desaparecer en la forma moderna del idioma, y el predominio de un vocabulario campesino (barcina ‘red de mallas anchas para transportar grano o paja en el camello’, tetera ‘pezonera’, toril ‘corral para guardar el ganado’, eriazo ‘terreno erial’, gárgola ‘vaina del garbanzo’, cangalla ‘instrumento para transportar los haces a lomo’…) y de la vida doméstica (afrecho ‘salvado’, geremiquear ‘lloriquear’, embelesarse ‘ adormecerse’, chícharo ‘guisante’, blanquizal ‘ terreno calizo’, blandura ‘relente, rocío’…) y de ciertas frases hechas (meter las cabras en el corral a alguien ‘ asustarlo’, estar más flaco que un cangallo ‘ estar muy flaco’…) propiamente andaluzas.
Formación: Sobre esta modalidad lingüística hispánica profundamente conservadora, van a empezar a ejercer inmediatamente una influencia más o menos intensa, según los casos, las hablas y lenguas del resto de regiones implicadas en la formación de la sociedad hispano-canaria. Como es lógico, esta influencia lingüística afectaba sobre todo al plano léxico, que es el más permeable al préstamo lingüístico, y en menor medida a los planos fónico y gramatical.
Influencia francesa: Primero, mentar la influencia que ejerció el francés hablado por el grupo de soldados y agricultores franco-normandos (apellidados Dampierre, Proudhomme, Meilland, Bethencourt, Armes, Maréchal, Verrier…, de donde proceden con toda probabilidad los actuales apellidos canarios Umpiérrez, Perdomo, Melián, Betancor, Armas, Marichal, Berriel, etc.) que se establecieron con Jean de Bethencourt. Aunque se trata de un grupo humano que se castellanizó muy pronto, es bastante probable que, antes de hacerlo, traspasaran al español isleño elementos de su vocabulario de referencia, como chardon ‘determinada planta de hojas espinosas’, marette ‘pantano’, mouvais pays ‘terreno volcánico’, feble ‘de poca consistencia, fofo’, ‘flojo’,  pageot ‘aligote’, alchanne ‘planta herbácea de cuyas raíces se extrae tinte rojo’, etc., probable origen de las voces canarias tradicionales cardón ‘especie de lechetrezna’, mareta ‘hondonada grande hecha en el terreno para recoger el agua de lluvia’, malpaís ‘terreno volcánico’, finfle ‘de poca consistencia’, fofo ‘flojo’, payete ‘pajel cuando es pequeño’ y alicán ‘planta herbácea de cuyas raíces se extrae tinte rojo’. El proceso de adaptación no tuvo que ser muy complicado ya que se trata de voces de una lengua de la misma familia que la lengua que las acogió con patrones fónicos, gramaticales y léxicos muy parecidos a los de la lengua española que trajeron a las islas los primeros peninsulares que las habitaron.
Influencia guanche: En segundo lugar, ejercieron cierta influencia las lenguas (sin duda alguna, de la familia camito-bereber, como pone de manifiesto la misma estructura gramatical de los restos guanches en el habla insular) que hablaba la población aborigen de las islas al tiempo de la llegada de los castellanos.
Antes de ser “absorbida” por la nueva masa poblacional europea, esta población sometida (de donde proceden los viejos apellidos canarios como Bencomo, Guanche, Chinea, Tacoronte, etc., y antropónimos como Doramas, Guayarmina, Dácil, Guacimara, Nauset…), en principio mucho más numerosa que aquélla, traspasó al habla de los nuevos pobladores una serie de nombres comunes referidos sobre todo a la actividad ganadera (baifo ‘cría de la cabra’, jaira ‘cabra doméstica’, beletén ‘leche que da la cabra los primeros días después de parida, calostro’, tafor ‘ídem’, tajorase ‘macho cabrío joven que todavía no puede cubrir a la cabra’, guanil  ‘animal que no tiene marca’, puipana ‘se dice de la cabra de color blanco con manchas canelas, o a la inversa’, gambuesa ‘corral grande de piedra para recoger el ganado de suelta’, ambracásaca ‘se dice de la res de color canelosa salpicada de lunares blancos’, etc.), a la flora (tabaiba ‘determinado arbusto euforbiáceo’, mocán ‘especie arbórea’, tajinaste ‘especie de arbusto borragináceo’, tagasaste  ‘especie de arbusto leguminoso’, etc) a la fauna (perinquén ‘especie de salamanquesa’, guirre ‘alimoche’, tamasma ‘aguzanieves’, etc) a la vida doméstica (gofio ‘harina gruesa de grano tostado’, tafeña ‘millo o trigo tostado que se come en grano’, pírgano ‘tallo de la hoja de la palmera’, tenique ‘cada una de las piedras del hogar’, gánigo ‘vasija de barro de forma semiesférica’, tofio ‘ vasija de barro con punta acanalada’, etc.) y un número mucho mayor de topónimos (Tacoronte, Tejeda, Telde, Tuineje, Tindaya, Taburiente, Tazacorte, Tamaimo, Teguise, Yaiza, Chipude, Tiagua, Icod, Taganana, Teror, Tefía, Orotava, etc.).
El hecho de pertenecer a un sitema lingüístico totalmente distinto determinó que en muchos casos se produjeran tales reajustes fónicos, léxicos y gramaticales para adaptarse a la lengua española, que resulta prácticamente imposible determinar su verdadero origen en las lenguas bereberes. Es lo que sucede con baifo, tajorase, gambuesa, tamasma, etc. En otras ocasiones, por contra, los parelelismos son más evidentes, como ocurre en los casos de los guanchismos tagoror, guirre, tajinaste, time, tenique, etc relacionados con las voces bereberes tagrut ‘patio, cercado, redil’, igider ‘alimoche’, tainast ‘especie de planta borraginácea’, timmi ‘acantilado, frente de una montaña’, inek ‘piedra del hogar’, respectivamente.    

Viernes , Enero 9, 2009

La Muerte

Existen suficientes indicios como para pensar que el ciclo solar estaba asociado al ciclo de la vida y de la muerte, pues los muertos se iban con el sol del ocaso y sus ánimas se manisfestaban al amanecer en momentos significativos como los solsticios. Los ritos funerarios tienen bastante que ver con la concepción de la muerte como un estado que podría definirse como de otra “forma de vida”.

 Los antepasados seguían estando presentes entre los vivos de varias maneras. Así como habían poblados para los vivos también estaban las necrópolis o poblados de los muertos, a los que se enterraban con ofrendas de alimentos y algunos objetos personales: su arma, su bastón, amuletos, peines, adornos, punzones u otros utensilios de hueso, tabonas (objetos de obsidiana u otra piedra), e incluso han aparecido animales completos depositados junto al cuerpo, como perros en Tenerife y ovejas y cabras en La Gomera. En algunos casos, el cadáver se sometía a un proceso de secado previo o embalsamado. La momificación, propiamente dicha, se reservaba a las élites. Tras esto, se les envolvía en sudarios cosidos a modo de saco. Cuantas más capas tenía, mayor posición social contaba el individuo.

Las sepulturas más frecuentes eran las cuevas, donde depositaban el cadáver -sin enterrar- sobre lajas, tablones, parihuelas, ramajos o algo que lo mantuviera separado del suelo. Tras esto, el recinto se sellaba con una pared de piedra, para aislarlo de posibles depredadores animales y de las inclemencias del tiempo. En las islas en que no habían cavidades naturales suficientes, se excavaban fosas en el terreno, como se ha observado en Fuerteventura, Lanzarote y La Gomera. En Gran Canaria, se usaron, además, cuevas artificiales y túmulos (especies de montículos artificiales con que era costumbre cubrir una sepultura) preislámicos norteafricanos. El más común era una simple construcción troncocónica de piedras bajo la que se ubicaba una cista del mismo material, que consiste en cuatro losas laterales y una quinta que hace de cubierta, y que era dónde se depositaba el cadáver.

Existen túmulos con un torreón central que alberga la cista original, rodeado por uno o más anillos de muros, con cistas secundarias y una rampa o pasillo de acceso, lo que evidencia una habitual relación de los vivos con sus ancestros. Algunas de estas necrópolis tumulares se ubican en el malpaís o en terrenos de aspecto singular, rodeados de tapias. 

Viernes , Diciembre 19, 2008

Las Manifestaciones Rupestres

Dibujos PodoformosLa abundancia de grabados rupestres en Canarias es de sobra conocida. La mayoría de ellos se asocian a prácticas mágico-religiosas, aunque no sea la única explicación a considerar. Algunos trazos geométricos hallados en La Palma y otras islas, se han interpretado como instrumentos mágicos para favorecer la lluvia o la fecundidad: los signos podomorfos se interpretan como la presencia simbólica de los dioses…

Existen algunas diferencias iconográficas, técnicas, de distribución, etc. entre las distintas islas, pero podrían verse como soluciones diferentes para expresar una misma idea. Por ejemplo, la técnica de hacer incisiones es fácil de usar sobre materiales basálticos muy meteoizados y restos volcánicos, mientras que la técnica del picado es más útil en basaltos recientes. El uso de la primera técnica da como resultado surcos estrechos y rectilíneos, y la segunda técnica permite formas curvilíneas de surcos anchos, por lo que el mismo trazado puede parecer diferente según la táctica empleada.

Las inscripciones líbico-bereberes están extendidas por toda Canarias, con algunas variantes alfabéticas. A parte, en las islas orientales existe otra escritura, que en ocasiones coexiste con la anterior y que para algunos sería de origen latino cursivo-pompeyano, mientras que para otros sería pre-líbica. En cualquier caso, ambos tienen origen norteafricano.

Gomera, Tenerife, Fuerteventura y Lanzarote cuentan con técnicas y motivos afines. Predominio de la incisión, aunque también se usó el picado e incluso la abrasión de superficies. Se suelen encontrar en lomos, peñas, roques, montañas o espigones con buen dominio visual, y rara vez en cuevas. Los motivos incisos consisten, normalmente, en trazos rectilíneos que componen líneas paralelas, reticulados,  escaleriformes, etc, a menudo enmarcados; rombos, rectángulos, cuadrículas tipo ajedrez, triágulos, círculos, óvalos, cruciformes, ramiformes, pisciformes, con forma de sol, antropomorfos, etc. Mediante al técnica del picado se grabaron huellas de pies (podomorfos) o de calzado…

Cueva Pintada de Gáldar, Gran CanariasEn Gran Canaria, mediante picado, se grabaron antropomorfos masculinos, ramiformes, escritura líbico-bereber, etc. Hay triángulos púbicos tallados con diversas técnicas en el interior de cuevas artificiales. Sólo aquí existen cuevas artificiales decoradas con pintura roja, negra y blanca, formando distintas combinaciones: zócalo rojo con resto de paredes y techo negros; lo mismo pero con puntos blancos sobre el negro; antropomorfos, formas geométricas combinadas, como en la Cueva Pintada de Gáldar, interpretadas como emblemas familiares, y otras.

En La Palma se usó el picado continuo y discontinuo seguido o no de abrasión. Las áreas de mayor concentración son zonas de pastoreo estival, como Garafía, la cumbre, el ramal meridional de la Caldera y menos en el interior de Taburiente. Los petroglifos se asocian a caminos, zonas de pastoreo, algunas fuentes, etc. El tipo de roca sobre la que se hicieron los grabados son, por este orden, basaltos, traquibasaltos, fonolitas y tobas, prefiriendo los afloramientos rocosos, bloques, escarpes de los barrancos, roques y diques, etc. Los motivos grabados se agrupan en cuatro tipos: espiraliformes, circuliformes, meandriformes y lineales-reticulados, con sus respectivas variantes.

En El Hierro utilizaron el picado y los motivos se agrupan en ideogramas geométricos y escritura líbico-bereber, y que frecuentemente aparecen asociados entre sí. Entre los primeros hay círculos y óvalos, en ocasiones segmentados, reticulados, ramiformes, meandriformes, etc. Suelen encontrarse sobre la superficie de coladas de magmas con poca densidad, los famosos lajiares, pero también en escarpes y hay un caso de escritura sobre tablón de madera.

Tras la conquista, en todas las islas se grabaron nuevos motivos, como crucifijos, barcos de distintas épocas, textos en castellano, etc.

Las cazoletas y canales existen en toda Canarias. Suelen estar excavados en toba o rocas blandas. Las cazoletas tienen diversas formas y tamaños y los canalillos desaguan en ellas o las intercomunican, siguiendo siempre la inclinación natural del terreno. Cazoletas y canales forman una red con combinaciones diversas para capturar el agua de lluvia u otro líquido derramado, retenerlo y distribuirlo. Parecen emulaciones de una red de barrancos, del ciclo económico del agua, pero también pudieron haber servido para derramar leche de manera ritual, como mencionan las crónicas.